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El próximo 15 de junio
será beatificado un nuevo religioso de la
Congregación Sagrados corazones: el P.
Eustaquio van Lieshout (1890-1943)
La orientación de la
Iglesia es que la beatificación se realice
en la patria de origen del nuevo beato o
allí donde ha realizado su apostolado; por
eso la celebración tendrá lugar en Brasil (Belo
Horizonte, Minas Geâis) ya que el P.
Eustaquio trabajó en tierras brasileñas.
Hoy me limito a dejar
constancia del eco que tuvo su muerte en la
prensa brasileña: “El fallecimiento del P.
Eustaquio , el apóstol del bien”;
“desaparece una de las mayores figuras del
clero brasileño”; una vida luminosa que fue
ejemplo de humildad y pureza”; El pueblo
está llorando frente al féretro de su gran
amigo y consejero”…
El Cardenal de
Belo Horizonte
Serafín Fernandes
escribe: Hombre de oración, cristiano
auténtico y sacerdote celosísimo en su
ministerio, el P. Eustaquio vivía en
plenitud el clima de la fe, de la esperanza
y de la caridad. Reconocía con extrema
humildad que Dios le había otorgado dones
especiales, no para propia vanagloria o
autocomplacencia sino para el servicio del
Pueblo de Dios, muchas veces abandonado a sí
mismo y errante como ovejas sin pastor.
Así escribe un
historiador de la Congregación: El P.
Eustaquio fue “un hombre religioso afectado
en lo hondo de su corazón por la miseria del
pueblo”.
Estos dos testimonios
nos hacen pensar en la actitud de Jesús que,
al ver al gentío, sintió compasión de ellos,
pues eran como ovejas sin pastor, y se puso
a enseñarles muchas cosas (Mc 6, 34)
El apellido
Lieshout
nos habla de su origen holandés. Nació el
13 Noviembre
1890 en una pequeña aldea,
Aarle-Rixtel,
de
Holanda.
Ordenado sacerdote, hizo una gran labor con
los inmigrantes belgas valones expulsados de
su tierra por los alemanes, y fue
condecorado como caballero de la Corona
Belga.
Destinado a
Brasil,
en 1925 desembarca con varios compañeros en
Río de Janeiro.
Se les ofrece, en una zona minera del
interior, la parroquia de
Romaira,
entonces llamada
Agua Suja
(Agua Sucia), pues los
buscadores de oro enturbiaban las aguas del
río.
Difícil adaptación a un país de cultura,
lengua y costumbres tan distintas. Además,
los misioneros encontraron mucho
distanciamiento de las gentes hacia la
parroquia y mucha pobreza.
Desde el inicio el P.
Eustaquio supo por donde entrar en el
corazón del pueblo: los enfermos. Era lo
suyo. Su
carisma.
Y empezó las visitas a domicilio aliviando a
los enfermos con el consuelo de su palabra y
de sus cuidados: les procuraba medicinas e,
incluso, hacía las curas de heridas
purulentas.
Así escribía a su hermana:
Me he dedicado totalmente al
pueblo y nada me parece demasiado pesado.
En él veo a mis hermanos, a
mis queridos padres y todo lo que me es
querido.
Pero por encima de todo es
Jesús quien brilla en todos y en todo.
La gran entrega y
servicio, que él prestaba con la mayor
naturalidad, empezaron a granjearle fama de
santidad y capacidad milagrosa. Todos,
pobres y ricos, veían en él un sacerdote
siempre disponible para
“ganar almas y aliviar
dolores y sufrimientos”.
A los diez
años de su llegada a Romaria, los superiores
le encomendaron otra tarea; pero el pueblo
no estaba dispuesto a dejarle irse y se armó
un verdadero motín. El traslado se suspendió
de momento; pero el P. Eustaquio decidió
partir …
P. Osvaldo |