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Cuaresma 2008:
Desde el 06 de Febrero hasta el 16 de Marzo
Qué es la Cuaresma
La Cuaresma es el tiempo litúrgico
de conversión, que marca la Iglesia para prepararnos a la gran
fiesta de la Pascua. Es tiempo para arrepentirnos de nuestros
pecados y de cambiar algo de nosotros para ser mejores y poder
vivir más cerca de Cristo.
La Cuaresma dura 40 días; comienza
el Miércoles de Ceniza y termina el Domingo de Ramos, día que se
inicia la Semana Santa. A lo largo de este tiempo, sobre todo en
la liturgia del domingo, hacemos un esfuerzo por recuperar el
ritmo y estilo de verdaderos creyentes que debemos vivir como
hijos de Dios.
El color litúrgico de este tiempo
es el morado que significa luto y penitencia. Es un tiempo de
reflexión, de penitencia, de conversión espiritual; tiempo de
preparación al misterio pascual.
En la Cuaresma, Cristo nos invita
a cambiar de vida. La Iglesia nos invita a vivir la Cuaresma
como un camino hacia Jesucristo, escuchando la Palabra de Dios,
orando, compartiendo con el prójimo y haciendo obras buenas. Nos
invita a vivir una serie de actitudes cristianas que nos ayudan
a parecernos más a Jesucristo, ya que por acción de nuestro
pecado, nos alejamos más de Dios.
Por ello, la Cuaresma es el tiempo
del perdón y de la reconciliación fraterna. Cada día, durante
toda la vida, hemos de arrojar de nuestros corazones el odio, el
rencor, la envidia, los celos que se oponen a nuestro amor a
Dios y a los hermanos. En Cuaresma, aprendemos a conocer y
apreciar la Cruz de Jesús. Con esto aprendemos también a tomar
nuestra cruz con alegría para alcanzar la gloria de la
resurrección.
40 días
La duración de la Cuaresma está
basada en el símbolo del número cuarenta en la Biblia. En ésta,
se habla de los cuarenta días del diluvio, de los cuarenta años
de la marcha del pueblo judío por el desierto, de los cuarenta
días de Moisés y de Elías en la montaña, de los cuarenta días
que pasó Jesús en el desierto antes de comenzar su vida pública,
de los 400 años que duró la estancia de los judíos en Egipto.
En la Biblia, el número cuatro
simboliza el universo material, seguido de ceros significa el
tiempo de nuestra vida en la tierra, seguido de pruebas y
dificultades.
La práctica de la Cuaresma data
desde el siglo IV, cuando se da la tendencia a constituirla en
tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia, con
la práctica del ayuno y de la abstinencia. Conservada con
bastante vigor, al menos en un principio, en las iglesias de
oriente, la práctica penitencial de la Cuaresma ha sido cada vez
más aligerada en occidente, pero debe observarse un espíritu
penitencial y de conversión.
Práctica
La práctica de la Cuaresma data
del
siglo IV, cuando se da
la tendencia a constituirla en tiempo de penitencia y de
renovación para toda la Iglesia, con la práctica del
ayuno y de la
abstinencia.
Conservada con bastante vigor, al menos en un principio, en las
iglesias de oriente, la práctica
penitencial de la
Cuaresma ha sido cada vez más aligerada en occidente, pero debe
observarse un espíritu penitencial y de conversión.
Según San León, la Cuaresma es “un
retiro colectivo de cuarenta días, durante los cuales la
Iglesia, proponiendo a sus fieles el ejemplo de Cristo en su
retiro al desierto, se prepara para la celebración de las
solemnidades pascuales con la purificación del corazón y una
práctica perfecta de la vida cristiana” (Esta definición es
deducida del análisis del sermón 42).
Se trataba, por tanto, de un
tiempo, introducido por la imitación de Cristo y de Moisés, en
el que la comunidad cristiana se esforzaba en realizar una
profunda renovación interior. El Catecismo de la Iglesia
Católica retoma esta idea y la expresa de la siguiente manera:
“La Iglesia se une todos los años, durante los cuarenta días de
la Gran Cuaresma, al Misterio de Jesús en el desierto” (n. 540).
Significado simbólico de
la Ceniza
La ceniza, del latín "cinis", es
producto de la combustión de algo por el fuego. Muy fácilmente
adquirió un sentido simbólico de muerte, caducidad, y en sentido
trasladado, de humildad y penitencia. En Jonás 3,6 sirve, por
ejemplo, para describir la conversión de los habitantes de
Nínive. Muchas veces se une al "polvo" de la tierra: "en verdad
soy polvo y ceniza", dice Abraham en Gén. 18,27. El Miércoles de
Ceniza, el anterior al primer domingo de Cuaresma (muchos lo
entenderán mejor diciendo que es le que sigue al carnaval),
realizamos el gesto simbólico de la imposición de ceniza en la
frente (fruto de la cremación de las palmas del año pasado). Se
hace como respuesta a la Palabra de Dios que nos invita a la
conversión, como inicio y puerta del ayuno cuaresmal y de la
marcha de preparación a la Pascua. La Cuaresma empieza con
ceniza y termina con el fuego, el agua y la luz de la Vigilia
Pascual. Algo debe quemarse y destruirse en nosotros -el hombre
viejo- para dar lugar a la novedad de la vida pascual de
Cristo.Mientras el ministro impone la ceniza dice estas dos
expresiones, alternativamente: "Arrepiéntete y cree en el
Evangelio" (Cf Mc1,15) y "Acuérdate de que eres polvo y al polvo
has de volver" (Cf Gén 3,19): un signo y unas palabras que
expresan muy bien nuestra caducidad, nuestra conversión y
aceptación del Evangelio, o sea, la novedad de vida que Cristo
cada año quiere comunicarnos en la Pascua. |
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Mucho se ha comentado
sobre las nuevas realidades sociales que vivimos gracias al
pluralismo cultural y religioso de nuestro entorno. Y no menos del
papel que la escuela cristiana tiene como plataforma de
evangelización. Por insistir en un aspecto clave de esta nueva
situación digamos que es el momento de pasar de los “procesos de
evangelización” de la escuela, a la “escuela evangelizadora”; de la
“realización de acciones evangelizadoras” en el colegio, a
“evangelizar educando” (o educar evangelizando). En definitiva de
creer y crear una “escuela en pastoral”, esto es, una escuela en sí
misma buena noticia para los destinatarios. Para nuevas realidades,
nuevos esquemas. Sin descartar los que sabemos que funcionan, no
podemos quedarnos anclados en los antiguos. Ahora se habla en
pastoral de la necesidad del acompañamiento. Los pilares de este
proceso son la espiritualidad (la dimensión del encuentro con Dios),
la interioridad (encontrar la identidad), la personalización
(proceso para llegar a la síntesis personal de la fe en la vida) y
el discernimiento (separar, distinguir, mirar, comprender y depurar,
para elegir lo que más conviene).
La tarea pastoral se
orienta hacia la realización de la persona, a descubrir nuestra
vida como Historia de Salvación. Y nuestra tarea se convierte en
transmitir en nuestro caminar juntos, la sabiduría que viene de la
experiencia del Espíritu. Los adolescentes no necesitan un líder, un
jefe, o un terapeuta, sino alguien que les acompañe, alguien que
haya recorrido ese mismo camino y que haya experimentado el paso de
Dios en su propia historia. Nosotros como acompañantes debemos
participar en la tarea de cambio del otro sin pretender modelarlo a
nuestra imagen, y debe ser capaz de experimentar y comunicar
sentimientos desde la madurez de las propias necesidades
experimentales bien organizadas. Debe ser un maestro, esto es, no
quien más sabe, sino quien ayuda a ser más. Pero no estamos solos en
esta tarea. Nosotros los educadores debemos sentirnos acompañados
por el Espíritu (a quien intuimos en nuestra existencia diaria), por
otro adulto, que a su vez le acompaña; por el chico o chica a quien
acompaña; y por la comunidad cristiana que le envía (la comunidad
educativa). Juntos siendo guía y referencia para nuestros jóvenes, y
como modelo el “camino de Emaús”. Sea o no creyente el acompañado,
se trata de ser un guía al servicio de Dios y de la persona a la que
se sirve, buscando la oportunidad de establecer una relación de
confianza, que permita ir más allá.
(Acompañar sin
molestar. El acompañamiento pastoral a los adolescentes en la
escuela. Imágenes de fe, nº 415, septiembre 2207) |