|
Definir qué es la felicidad es difícil pero esto
no impide “rastrear” los caminos por los que viajan los jóvenes
buscando este estado de ánimo.
Asegura que la mayoría de los jóvenes se sienten
felices y que en muchas ocasiones son los padres quienes de verdad
tienen miedo a su futuro porque los
jóvenes se han acostumbrado a vivir en la provisionalidad.
¿Los jóvenes se plantean si son felices?
Ellos fundamentalmente
quien pasárselo bien. La palabra como tal no se la plantean. Los
adultos somos quienes nos preguntamos en ellos.
Después de investigar
en algunos estudios, he llegado a la conclusión de que la mayoría
de los jóvenes se dicen felices; están contentos con la vida. Aunque
rastreando un poco en sus respuestas me he dado cuenta de que en
realidad son menos felices de lo que dicen que son.
¿No son de todo sinceros en sus respuestas
Son sinceros, pero he
percibido que los jóvenes se sienten muy atraídos a la familia, a la
escuela, al grupo de amigos …Lo cual no es malo, pero no pueden
hacer todo lo que quisieran hacer. Hay zonas de sombras, de dudas,
de miedos.
¿En qué hechos o en qué valores buscan la
felicidad?
Es muy claro que está
en sintonía con las relaciones que mantienen con la familia y con el
grupo de amigos. En el mundo juvenil todo gira en torno a la familia
y los amigos.
En las encuestas que
hacemos “cuentan” su vida cotidiana, en la que se encuentran buen,
sin graves conflictos. Casi nunca dirán que su felicidad depende del
dinero, del trabajo, de la pareja, de las buenas notas…
Analizando un montón de
indicadores en encuestas como las de la Fundación Santa maría o del
INJUVE (Instituto de la Juventud), que en España son prácticamente
las únicas que ofrecen una visión global de los jóvenes, veo si se
aburren en su tiempo libre, si están contentos con su vida, si creen
que tienen libertad para organizarla … y analizando sistemas de
valores y determinados aspectos, que van desde la edad hasta las
opciones políticas o religiosas no se corresponde necesariamente con
la respuesta que los jóvenes buscan cuando dicen que buscan la
felicidad.
¿En el rastreo que ha hecho por lo que
consideran la felicidad prima más el ser o el tener?
Manifiestamente el ser,
pese a que en muchas ocasiones se vean egoístas, consumidores,
despreocupados, incluso hedonistas.
La Imagen que los
jóvenes tienen de sí mismos es bastante preocupante: la autoestima
ha caído en picado en los últimos tiempos
¿Cómo se relaciona esto con la idea de que
los jóvenes se definan fundamentalmente felices?
Efectivamente podemos
pensar que hay una incoherencia. Pienso que la baja autoestima viene
porque lo que ellos buscan como felicidad al final no es lo que en
realidad les da la felicidad, como decía antes.
Entienden que la
felicidad es divertirse con los amigos, noches de juerga, llegar
tarde a casa, hacer lo que se les pone en la punta de las narices,
no tener ningún tipo de compromiso…
Cuando lo que compruebo
es que es más feliz el joven que se divierte, pero que no trata de
emborracharse todas las semanas, que sabe que al día siguiente tiene
que trabajar, que sabe conciliar el pasarlo bien con el trabajo, con
el esfuerzo, con el estudio. Este es un hallazgo fundamental.
El joven que tiene una
visión altruista de la vida –preocupado por el otro, por lo que pasa
en su barrio, por su entorno, por plantearse el tema religioso,
aunque dé una respuesta agnóstica-, también es más feliz.
Lo mismo ocurre con los
que se plantean si se aburren, si están contentos o no con su vida
.. Al final de este ranking salen los más felices.
¿Quiénes aparecen como los menos felices?
Diría que
fundamentalmente el joven socialmente “autista”. Es aquel que está
cerrado en sí y es el que más se aburre, porque no tiene
comunicación con el otro, ni tiene comunicación con la vida fuera
del yo.
En este pensar
solamente en él es de donde viene una profunda insatisfacción y una
baja autoestima, sabiendo que tiene un gran vacío vital.
Es el grito silencioso
del joven. Nos encontramos con un joven que quiere buscar la
felicidad en eso que vulgarmente se entiende como el no control, el
despelote absoluto, pero mientras que reconoce que es menos feliz
que el joven que se divierte con un cierto control.
Generalmente, además
suele haber una situación de conflictitividad familiar o con los
amigos, episodios de violencia, abandono de estudios … Este tipo de
jóvenes es el más infeliz de todos, aunque afortunadamente no supera
el 9%.
¿Sigue siendo válido el lema “es maravilloso
ser joven”?
Hay mucha gente que
quisiera ser joven en lo físico , pero no le gustaría tener que
enfrentarse a las dificultades de la sociedad actual, a la
competitividad pura y dura, a una situación de enorme incertidumbre
laboral.
Este mundo, cada vez
más normativo, más duro, más anónimo, donde no cuenta la persona
como tal, hace que en el fondo el joven perciba que le van a medir
por la rentabilidad económica que le puedan sacar.
Los chavales están
menos preocupados que sus padres. No tienen miedo a hipotecarse con
un trabajo incierto. El joven vive así, vive en lo provisional.
Saben que hot todo es de un día para otro. De alguna manera han
llegado a internalizar esa inseguridad, ese vivir el día a día, esa
cotidianeidad.
Lo que es claro es que
va a ser más difícil tener una cierta seguridad en el futuro y
cada vez será más importante la propia persona y menos importante
la familia de origen, los recursos económicos, los títulos que pueda
tener y otra serie de aspectos que antes daban una cierta seguridad.
Hoy lo que va a
importar es una cabeza “amueblada”, para lo cual será fundamental lo
que dijo Jacques Delors: que los jóvenes hayan aprendido a aprender.
En definitiva que tengan un proyecto de vida.
Usted habla de la incapacidad educadora de la
unidad parental ¿No es esto algo grave?
El acento hay que
ponerlo en el hecho de que la pareja, y cada uno de sus miembros,
está tomando un protagonismo por encima de un proyecto común de
familia, en donde la educación de los hijos sea el elemento central.
Lipovetski dice “que la
familia en la sociedad moderna es una prótesis individualista”. Si
estoy con una persona porque me sirve para mi equilibrio
psicológico, sexual, afectivo, vital y a partir de ese momento el
hijo se convierte en un estorbo., porque utilizo al otro como una
prótesis para mi psicología, mi sexualidad, mi afectividad, mi vida.
El problema de la
familia está en que en muchas de ellas la educación de los hijos
no parece como un elemento fundamental.
¿Sigue el grave problema entre la juventud y
la Iglesia?
La verdad es que el
último estudio de la Fundación Santa María, en 2005, nos supuso un
jarro de agua fría a todos los que participábamos en él. Los datos
son terribles, pero sigo sosteniendo que la demanda religiosa, en su
sentido más profundo está presente, en los jóvenes.
Dos terceras partes de
ellos se plantean las cuestiones existenciales del hombre, del bien,
del mal, del más allá … También es cierto que la presencia religiosa
no es la misma que hace unos años, porque vivimos en una sociedad
excesivamente secular.
Por otra parte, no deja
de ser sintomático que la literatura de los histérico, de lo
pararreligioso, esté por todas partes. Esto tiene una significación
sociológica que no podemos dejar de lado. Lo que ocurre es que los
jóvenes no van a misa, no están en la iglesia.
La figura del Dios de
los cristianos no les llega por ninguna parte, porque hay muy poca
gente que consigue llegar a los jóvenes desde la pregunta religiosa.
Ha desaparecido la visibilidad de la figura de Jesús.
¿Cuál es el reto con el que se enfrenta la
Iglesia respecto a los jóvenes?
El reto fundamental
está en aprender a vivir en el paradigma de una sociedad laica.
Tenemos que centrarnos
en lo esencial, que es la afirmación de la divinidad de Jesús, un
Dios que se hizo hombre para por amor llegar a morir por los más
débiles.
Textos
tomados del artículo elaborado por J. Ignacio Igartua, titulado ”Elzo
Javier” |