CONCURSO DE REDACCIÓN

           Un año más, nuestro Colegio ha participado en el Concurso de Redacción que organiza Coca-Cola  para alumnos y alumnas de 2º de E.S.O. de toda España. La fase provincial tuvo lugar el 24 de marzo en el Colegio Menesiano, y  allí se reunieron unos 400 jóvenes para escribir sobre el curioso tema  “¿Qué veo cuando me miro en el espejo?”.  Éstas son las redacciones de nuestras representantes.

Ester Palomo Ortiz

 Las palabras son la inspiración del alma de las personas. Los porqués se resuelven con mimos, caricias, abrazos. No creía poder entender esta vida, pero me equivoqué, la vida empieza lenta y alegremente: tus padres, tu familia, todos te apoyan. Te sientes orgulloso de ser quien eres y encuentras poco a poco la razón de tu existencia.

    ¿Por qué no nos valoramos? Queremos ser más de lo que somos, dar más de lo que damos y no entendemos que debemos valorar la más insignificante parte de nuestro interior.

    ¿Qué hacemos en esta vida? Viajamos sin rumbo fijo buscando un por qué a las respuestas de las preguntas que toda la vida nos hemos planteado.

    ¿Conocemos el amor? Realmente sí, queremos compartir nuestras vidas con personas que nos quieran, que nos valoren…

    Cuando me miro en el espejo veo una persona que lucha por seguir adelante y por tener un futuro mejor. Se puede luchar por lo que uno quiere, sólo hace falta un poquito de confianza en sí mismo y respeto; respeto por las personas y todo lo que está a nuestro alrededor.

    Los padres; los padres están siempre para apoyarte, corregirte, mimarte y tantas cosas como valores tiene nuestra vida. Existe un cariño único, un cariño grandioso que sólo existe entre un padre y una hija, el amor, la comprensión… Son actitudes que hacen que puedas tener una vida mejor y puedas querer y amar a tu padre, y que él haga lo mismo.

    Cuando me miro en el espejo veo una persona realista con recursos y posibilidades para querer a las personas que le rodean. Para querer debes ser querida y no esconder tu amor por nada del mundo.

    Esta carta no está escrita para el vacío, sino para un montón de personas que deben aceptarse y no humillarse, quererse y no odiarse, deben saber perdonar y no tener rencor.

    Tu madre, la persona más importante de tu vida, ella te dio la vida, la voz y la razón, tu amor por ella es infinito, tanto o más que estrellas existen en el firmamento, aunque tengas tus más o tus menos, tus pequeños roces.

    Cada día es una oportunidad nueva para poder seguir adelante y poder brillar y sentir a las personas.

    Mírate en el espejo, disfruta siendo cómo eres, más alto, más bajo, rubio, moreno, con ojos azules, verdes, más grueso, más delgado…

    Al levantarte repite esta frase, y lo más importante, no la olvides: “Hoy es un regalo, otra oportunidad para querer, para dar y recibir”.

    ¿Qué veo cuando me miro en el espejo? Yo veo una persona sencilla, capaz de querer, perdonar y olvidar.

    ¿Qué ves tú?

 Alba Marti Pérez

     Sólo me hacía falta una sonrisa, una mirada, o un guiño de complicidad. Tengo dieciséis años y acabo de ser ingresado por segunda vez en el hospital, tengo anorexia, o eso dicen los médicos, pero yo me veo gordo: 1´75 de estatura y 35 pesados kilos acumulados por todo mi cuerpo.

    Mi vida no es sencilla, mi madre tiene problemas con asuntos sociales y mi padre con la bebida, mi hermano tiene diecinueve años, y trabaja día y noche para sacarme adelante. Tengo miedo, miedo de que me separen de mi familia y de mis amigos, miedo de no salir nunca de este hospital de pueblo, o lo que es peor, de que me lleven a Barcelona. Han dicho a mi hermano que o mejoro o me llevarán allí, dicen que debo estar con gente en mi misma situación. Yo no quiero que lo hagan, no quiero que me saquen de aquí, esto es mi mundo, mi vida: MI LIBERTAD.

    Ayer llamé a Natalia, y le conté la buena noticia: gracias a ella comencé a comer, hablamos varias veces al día y ella me hace olvidar todo lo que estoy pasando aquí dentro. Dice que pronto volverá aquí, a verme.

    Han pasado tres semanas y los médicos dicen que si sigo así, muy pronto volveré a casa. ¡Ya peso 39 kilos! Natalia vino a verme hace cinco días, y me trajo un detalle que me dio fuerzas para seguir adelante. Era una foto de la fiesta de Año Nuevo, todos metidos en la fuente, sonriendo, y yo me he dado cuenta de que eso es lo que quiero, quiero llevar y conducir mi vida, ser libre, y no depender de lo que la sociedad considere “perfecto” para manejarla. Debo mirar al horizonte, luchar y ver la parte positiva de cualquier cosa que aparezca en mi vida.

 Natalia del Ama Cuervo

            Todo empezó a mis ocho añitos. Ese día era un día nublado y no se presentaba muy alegre. Llegué a clase y como cada día me sentaba en mi mesa y por detrás oía cómo me tiraban indirectas que yo perfectamente entendía. Al principio no le daba importancia, pues yo pasaba del tema, pero según iba pasando el tiempo me dolía y me daba cuenta de que era mi querida amiga la que estaba detrás de todo esto, mi querida amiga, a la que siempre le había dedicado un “te quiero” y a la que nunca pensé olvidar…

    Todos los días llegaba a mi casa y me ponía frente al espejo, me veía tan horrible como ella me decía. Volvía a clase y era siempre igual, todo el mundo me decía que acabara ya con esto, que no me lo merecía, pero… ¿por qué no me daba cuenta de la realidad? Quizá tuviera miedo de perder a esa “amiga” que yo siempre quise.

    Llegaban los fines de semana y era el mejor momento de toda la semana, no tener que pasar con ella todos los amargos momentos que me hacía pasar, pero yo me vendaba los ojos a esta realidad.

Así fueron pasando los años y todo seguía igual… Yo con mi venda en los ojos y mis verdaderos amigos, aunque entonces no me daba cuenta, diciéndome que pasara de ella.

    Por fin llegó el día en que exploté y algo me hizo darme cuenta de todo esto, bueno, algo no, más bien mucha gente, ahí estaban mis profesores, intentando que no lo pasara mal, y mis amigos, y entre ellos, Natalia, alguien a quien nunca voy a olvidar y alguien que cambió mi vida para siempre. Desde entonces, cada día llego a mi casa y me miro en el espejo, ya no me veo horrible, ahora me veo como siempre debía haberme visto, me veo a mí, una chica normal que no le importa su físico y así soy, y a quien no le guste, que mire hacia otro lado.

 Beatriz Redondo Costero

             Todo comenzó una mañana fría, era invierno, yo estaba en la cama, y el sueño se apoderaba de mí. Pero rápidamente me levanté, porque una duda se acercaba a mi cabeza: ¿Qué veo cuando me miro en el espejo? Cada vez que me hacía esa pregunta el corazón se me agitaba, las piernas me temblaban y mi mente no respondía.

    Lo primero que hice para salir de dudas fue mirarme en el espejo, y una imagen extraña entró por mis ojos; no era yo, mi cuerpo estaba en un mundo extraño, que no lo reconocía, y actuaba con naturalidad, como si nada. Pronto empecé a recordar todo lo que viví en mi infancia, lo bien que me lo pasé y las cosas malas por las que había pasado. Al mirarme en el espejo, me sumergía en un mundo que me hacía pensar y recapacitar, todo era mejor, más interesante. Mis sentidos, tranquilos observaban un mundo lleno de naturaleza, donde el agua se movía con amor, y el atardecer me deslumbraba mientras que el sol se escondía, las hojas eran suaves al tacto, los pájaros cantaban con dulzura mientras las flores desprendían diversos olores con mucha pasión. Ese mundo era el paraíso, un mundo que me separaba de la realidad y que me acogía para olvidar, un mundo lleno de energía, que me alegraba todos los días, al mirarme yo en el espejo.