Hablar de D. Ángel en estos últimos
17 años es hablar de Buendía. Cuando fallece
D. Celestino y él se hace cargo de la gestión
y administración de la Residencia, contaba con 81 años.
Allí estaba él, preparando codo con codo, el
campamento de 1989 con Richi como él le llamaba, fue
un curso muy duro para los dos, tuvieron que gestar las bases
de lo que es hoy el campamento, eran nuevos en una empresa
como esa.
Era impresionante ver como con su mente lúcida controlaba
todo, contaba con la serenidad como su gran virtud, aunque
estuviese preocupado por algo, transmitía tranquilidad,
nunca dejaba nada por terminar, se marcaba una meta y poco
a poco, con tesón y sin pausa no paraba hasta lograrlo,
(Piscina de Buendía, remodelación de los pabellones,
campo de fútbol…), si en algo no estaba de acuerdo,
él se las ingeniaba para darle la vuelta y llevarlo
a su terreno.
Como se manejaba en el pueblo haciendo las compras, sobre
todo los primeros años, que no teníamos la contrata
de comedor y servicio.
Se trataba de una persona muy jovial, siempre rodeado de jóvenes;
a pesar de su edad, sabía desenvolverse muy bien, adaptándose
a las nuevas generaciones y a los nuevos métodos. Siempre
tenía buenas palabras para cada uno de nosotros, nos
cuidaba como un padre, alentándonos en todo momento.
Su gran preocupación era, que los niños estuviesen
bien, que no les faltase de nada, si apreciaba en algún
niño: síntomas de tristeza, o de preocupación,
él les animaba y enseguida nos llamaba para darnos
a conocer el problema del niño, y no se quedaba tranquilo
hasta verlo solucionado.
A la vez se trataba de una persona muy sencilla y cariñosa,
de trato exquisito, extremadamente culto (enfrascado en sus
libros de lectura, de toda índole) y respetuosa, de
gran convicción religiosa; a lo largo del día,
siempre sacaba un momento para ir a rezar a la capilla.
Siempre sabía estar en su lugar, con un gran autocontrol
de la situación, no le gustaba perderse ningún
acontecimiento del campamento, siempre estaba allí
apoyándonos con su presencia, atento y pendiente de
todo lo que ocurría a su alrededor.
Cuanto echaremos en falta esas sobremesas con que nos deleitaba,
con sus apreciaciones y sus discusiones con el padre José
Luis, con ese lenguaje muchas veces sutil e irónico,
que nadie como él sabía utilizar a la perfección.
Que recuerdos imborrables pasan por mi memoria, que seguro
están en la memoria de todos los que hemos compartido
momentos inolvidables con él, nadie en esta vida es
imprescindible, pero lo que si tengo claro y estoy seguro
de ello, es que con esa personalidad y con esa calidad humana
irrepetible, solo puede haber uno: D. Ángel.
Y para terminar gracias D. Ángel,
por todo lo que nos has dado y enseñado a todos, los
que hemos tenido la suerte de pasar y compartir estos veranos
contigo en Buendía.
Descansa tranquilo, porque tu siembra a lo largo de tu vida
ha sido muy fructífera.
Jesús Arce
