Imagina que vas en un coche a 80 km/h y ves
pasar una moto que te adelanta a 90 km/h. Respecto a ti, la
moto se mueve a 10 km/h. Imagina, que a continuación
la moto adelanta a un camión que circula en el mismo
sentido a 60 km/h. La velocidad de la moto respecto al camión
es de 30 km/h. Hasta aquí todo sigue las normas a las
que estamos acostumbrados. Sin embargo, cambiemos la moto
por un rayo de luz. La velocidad del rayo respecto a ti, respecto
al camión y respecto a un observador que estuviera
en el arcén de la carretera sería la misma,
300.000 km por segundo.
¿Cómo es posible? Te preguntas. La igualdad
de la velocidad de la luz respecto a cualquier sistema que
se mueva a velocidad constante es una ley general de la naturaleza
y la única manera de asegurar su cumplimiento es cambiar
nuestras concepciones habituales sobre el espacio y el tiempo.
Estos dejan de ser absolutos para depender del observador.
Eso significa que el paso del tiempo será diferente
para ti, para los ocupantes del camión y para el observador
en el arcén. Aunque el efecto cuando las velocidades
son bajas es inapreciable, hay otras situaciones en que se
ha comprobado la veracidad de estas afirmaciones.
Se cumplen ahora cien años desde la publicación
en 1905 de tres artículos que cambiaron la visión
que los físicos tenían sobre la realidad: uno
sobre el movimiento Browniano (movimiento de partículas
en el seno de un líquido), otro sobre la naturaleza
corpuscular de la luz ( concepción de la luz como un
chorro de partículas ) y el tercero sobre una nueva
teoría, la Relatividad Especial.. Los tres firmados
por el mismo autor, Albert Einstein.
Aunque los tres fueron importantes, el tercero supuso un gigantesco
salto conceptual en la visión del espacio y del tiempo.
Hasta entonces, la mecánica de Newton y Galileo se
había mantenido como una de las partes de la física
mejor asentadas. Sin embargo, Einstein se dio cuenta de que
las leyes de la física no podían depender del
sistema de referencia en el que trabajáramos. Contrariamente
a lo que mucha gente piensa, la Relatividad no dice que todo
es relativo, sino más bien al contrario, defiende el
carácter absoluto de las leyes de la física,
aunque el precio a pagar sea prescindir de un espacio y un
tiempo independientes del observador. La Relatividad Especial
se aplica sólo a sistemas que se mueven a velocidad
constante y sus predicciones sólo se alejan de las
clásicas si nos movemos a velocidades cercanas a la
de la luz.
Unos años más tarde Einstein publica la teoría
de la Relatividad General que generalizaba la Relatividad
Especial a otros sistemas de referencia y permitía
tratar la Gravitación. Entre las predicciones de ésta
última, algunas tan sorprendentes como el hecho de
que los rayos de luz deben curvarse al pasar cerca de un campo
gravitatorio intenso, ya han sido comprobadas.
Mucha gente mira la física con prejuicios. Piensa que
es difícil y alejada de la realidad. Y tal vez lo sea
en ocasiones, pero no por ello debemos despreciarla, como
tampoco despreciamos el Quijote sólo porque a veces
nos resulte dura su lectura. Sólo una mente privilegiada
como la de Einstein podía elaborar una teoría
tan revolucionaria y tan bella como la teoría de la
Relatividad, pero todos tenemos la capacidad de hacernos preguntas
e intentar responderlas en la medida de nuestras posibilidades..
Nombrar 2005 como Año Internacional de la Física
es una invitación a recuperar esa capacidad y a tratar
de entender el mundo que nos rodea. Y en esa tarea la Física
es una magnífica herramienta.
Alfredo Forcada-Profesor de Física