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el momento en que arrancó el autocar y nos pusimos
camino de Granada sabíamos que iban a ser tres días
intensos y que, sin duda, se nos quedaban cortos.
No teníamos un minuto que perder con tantas cosas como
había por hacer.
Entre la Catedral y la Capilla Real, y habiendo sido recibidos
la noche anterior por la Alhambra iluminada, comimos de tapas
en algún bar granadino y nos hicimos las típicas
fotos para después acordarnos de todo.
En Córdoba, ya con menos fuerzas y sufriendo el agotamiento
propio de dos días apenas sin dormir, pudimos ver Medina
Azahara, el patio de los naranjos y la Mezquita, lo que nos
permitió hacer nuevas fotos de esas que luego todos
tenemos las mismas.
En ambos días, de repente después de cenar,
todo el cansancio parecía desaparecer y nos sumábamos
a la fiesta que traía la noche andaluza, alargándola
casi hasta el amanecer, y creando tantos buenos momentos que
haría falta más de un fin de semana para revivirlos
todos.
Entre tanto, los traslados en autocar pasaban rápidos
para una mayoría que intentaba solventar la falta de
sueño y dormía esquivando a duras penas carcajadas
y canciones de aquellos pocos que aun tenían fuerzas
para mantener los ojos abiertos.
De regreso a Madrid con las maletas llenas de recuerdos, éramos
un poco más cultos, estábamos un poco más
felices y teníamos un poco más de sueño.
En definitiva, muchas gracias a Don Pedro, muchas gracias
a todos; fue inolvidable
Laura García Cabañas (2º Bachillerato C)
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