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Revista del Colegio Santa María del Pilar

Villanueva de los Infantes. Una ciudad que te cautivará.

Calles que te invitan a la observación sosegada de sus pórticos blasonados. La sintonía de sus encaladas fachadas, contrasta con la piedra, el hierro de balcones y ventanas en armonía con la madera de sus puertas.
Hombres buenos y santos como Santo Tomás de Villanueva y Fray Tomás de la Virgen, han aportado el sentir religioso a este pueblo.
No es de extrañar que D. Miguel de Cervantes quedara “cautivo” en tan noble ciudad; que se gestasen las aventuras de D. Alonso Quijano y retratara el alma y paisaje de La Mancha.
Villanueva de los Infantes invita a inventar, a crear a transformarse y ser únicos, atemporales y al mismo tiempo universales.
Los ejemplos más representativos: Cervantes, Quevedo, Santo Tomás de Villanueva.
Para ir a Villanueva de los Infantes: Carretera de Andalucía A-4. Desvío en Valdepeñas, seguir las indicaciones a Infantes.
Para empezar el recorrido por Villanueva de los Infantes nos situaremos en la Plaza Mayor. Rectangular y rodeada de edificios de inspiración renacentista tardío. El Ayuntamiento fue reedificado en 1826 tras haber quedado el anterior destruido en la Guerra de la Independencia.
El Hospital de Santiago, que ya existía en el 1500, es de estilo barroco y junto a él, la Capilla del Remedio, hoy convertida en centro de la tercera edad. La parroquia de San Andrés y la Casa Rectoral anexa y todo ello con estilos diversos. Su interior, gótico, alberga un hermoso retablo de Santo Tomás de Villanueva y un interesante púlpito plateresco de finales del XVI. El retablo fue añadido en el siglo XVIII. En la cripta de la iglesia reposan los restos de D. Francisco de Quevedo y Villegas, que vino a vivir, ya enfermo, sus últimos días a Villanueva de los Infantes.
La Casa de Contratación o vieja alhóndiga es del siglo XVI y podemos verla convertida en Casa de Cultura y Archivo municipal. Conserva su viejo patio con columnas de un metro de diámetro.
La Plaza del Doctor Alberdi alberga la Casa del Arco o del Indiano, mandada construir por Juan Ortega Montañés, al parecer, Virrey de Nueva España en el siglo XVII. Una de las mejores fachadas del pueblo.
Cerca podemos ver el Colegio Menor o Casa de Estudios, en donde dio clase Quevedo.
La Plaza de San Juan es el lugar al que van a parar las principales calles de la villa y en donde el Convento de Santo Domingo lo domina todo. Fue construido en 1526 con planta de cruz latina y 3 capillas laterales. De este viejo convento queda un patio cuadrado de ladrillo y dos alturas en donde se celebran las «Rondas Poéticas» de los miembros de la Orden Literaria de D. Francisco de Quevedo, ataviados con trajes del siglo XVII.
La calle Cervantes acoge a buena parte de los edificios más bellos de la ciudad; la Casa-Palacio de los Rebuelta, de finales del XVI y muy bien conservada. Cerca hallaremos el Convento de las Dominicas de la Encarnación fundado en 1598 en estilo barroco y con piedra y ladrillo. Su interior es de nave única.
Siguiendo nuestro paseo por la Calle Cervantes veremos el Palacio de los Melgarejo, del XVI y frente a él, la Casa-Cuartel de los Caballeros de Santiago. Al otro lado de la calle veremos la Casa de D. Diego de Miranda, más conocida como la del Caballero del Verde Gabán, de mediados del XVI, que según la obra de Cervantes, dio cobijo en el pueblo a D. Quijote. La Casa del Marqués de Camacho completa la esquina restante.
Cástor Sánchez-Profesor de Educación Primaria

 

Revista del Colegio Santa María del Pilar (FEMDL)
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