CENTRO COMARCAL DE EDUCACIÓN DE ADULTOS
“ENRIQUE TIERNO GALVÁN”
Certamen literario “Juan Ramón Jiménez: la luz en la
palabra”
Profesores responsables:
·
Luz del Olmo Veros
·
Luis Cuesta Gordillo
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Obra |
Alumno |
Grupo |
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Mi perra Manuelita (estampa) |
Ana Díaz Fominaya |
Tramo III EBPA 6º mañana |
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El último camino (poema) |
José Javier López Martínez |
Tramo III EBPA 6º tarde |
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Y ahora yo te pierdo (estampa) |
Dánae Delgado Jiménez |
Tramo III EBPA 6º mañana |
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Adiós (poema) |
Laura Aguado Lorao |
Tramo III EBPA 6º tarde |
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Aquella mañana, al decirle… (poema) |
José Antonio Álvarez Torrico |
Tramo III EBPA 6º tarde |
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Yo te regalo (poema) |
Natalia Plaza Casado |
Tramo III EBPA 6º tarde |
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El pequeño cachorro (estampa) |
Rubén Casero Atienza |
Tramo III EBPA 6º tarde |
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Tal como eras (estampa) |
Andrés Robles González |
Tramo III EBPA 6º tarde |
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Siempre que oigo llover (poema) |
Francisco Javier Alonso Gigorro |
Tramo III EBPA 6º tarde |
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La flor (estampa) |
Rubén Córdoba Rodríguez |
Tramo III EBPA 6º tarde |
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Nostalgia (poema) |
Luis Cañas Lazo |
Tramo III EBPA 6º tarde |
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El dijo que yo le gustaba… (poema) |
Lidia Hernández Rollón |
Tramo III EBPA 6º mañana |
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Acabado el amor, ¿qué hay? (poema) |
Luis Fernando García Zamora |
Tramo III EBPA 6º mañana |
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Este extraño lugar (poema) |
Francisco Javier García-Escribano Camacho |
Tramo III EBPA 6º mañana |
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Cuando la vi (poema) |
Roberto Díaz Pavón |
Tramo III EBPA 6º tarde |
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El viaje sin retorno (poema) |
Georgina Ramírez Gómez |
Tramo III EBPA 6º tarde |
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Pero llegaste tú… (poema) |
Lydia Gómez García |
Tramo III EBPA 6º mañana |
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La poeta a caballo (poema) |
Manuela Matesanz Soria
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Tramo I EBPA 2º |
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Canción de invierno (poema) |
Ascensión Sánchez Belinchón |
Tramo I EBPA 1º |
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Una paloma blanca (poema) |
Ascensión Sánchez Belinchón |
Tramo I EBPA 1º |
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Canción
triste de invierno (estampa) |
Sonia Valenzuela |
Tramo III EBPA 5º |
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¿Violeta? (poema) |
Sonia Valenzuela |
Tramo III EBPA 5º |
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El paseo (estampa) |
Maria Teresa Ruiz Sánchez |
Tramo III EBPA 5º |
|
¿Dónde cantan los pájaros? (estampa) |
Maria Teresa Ruiz Sánchez |
Tramo III EBPA 5º |
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Andalucía (estampa) |
Antonia Bustos Rivera |
Tramo I EBPA 2º |
|
Esta alegría no es sincera (poema) |
Manuela Matesanz
Soria |
Tramo I EBPA 2º |
|
También me iré yo (poema) |
José Antonio Márquez Díaz |
Tramo I EBPA 2º |
|
Algún día tendré que partir (estampa) |
María Teresa Ruiz Sánchez |
Tramo I EBPA 2º |
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Álamo blanco (poema) |
Manuela Matesanz
Soria |
Tramo I EBPA 2º |
|
Antes de que me vaya (poema) |
Antonia Bustos Rivera |
Tramo I EBPA 2º |
|
Cuando leo este poema (estampa) |
Manuela Camuñas Camuñas |
Tramo I EBPA 2º |
Mi perra Manuelita
¡Ay, Manuelita! ¡Pobre chiquitina mía! Estás echada en tu
cojín hecho por mí. Me miras con esa carita tan pequeña y bonita, esos ojos
tristes y apagados. Tus orejas son aterciopeladas; tu cuerpo, voluminoso.
¿Recuerdas, Manuelita, aquel fatídico día cuando te
atropelló un coche? No supimos quién lo conducía, no paró, ni siquiera para ver
cómo estabas.
¡Cuánto te quiero, Manuelita, a pesar de estar cojita! Ya
no puedes correr detrás de los gatos, ni puedes jugar con la pelota. Te
operaron, pero no quedaste bien. Llevas una patita a rastras.
Me dicen que te sacrifique ¡Qué horror! Sólo pensarlo me
da escalofríos. Hay que darte de comer con la mano. Lames mis dedos con ternura
y cariño. Agradeces mis cuidados, y yo jamás te abandonaré.
El
último camino
Y yo me iré, y seré
otro, sin hogar, sin árbol
Verde, sin pozo
blanco,
Sin cielo azul y
plácido…
Y se quedarán los
pájaros cantando.
J.R.J.
Y
me marcharé lejos, donde la carne no llega.
Ojos
como luceros se apagarán para siempre.
Perderé
el camino agitado de sangre,
perderé
el camino agitado de sangre.
Aire
que se va, aire de vida,
dime tú
hacia dónde me dirijo,
todo
oscuro, y rodeado de silencio,
perdido
en un mundo nuevo,
inquieto
ante lo que no comprendo.
Dejaré
todo por lo que vivo
bajo
aquella parcela pequeña y sombría,
y mi
ser reposará en la tierra,
y mi
ser reposará en la tierra,
que me
acogerá con serenidad absoluta.
Y ahora
yo te pierdo
Esta puede
ser la canción que nunca te supe componer. Quizá el recuerdo de tu ausencia me
abrió la herida y te escribo ahora. Son palabras tuyas que mi corazón añora. El vacío que dejaste, nada puede llenarlo.
Intentarlo será inútil, ya no hay nada como tú.
Te echo de menos, no puedo evitarlo. Esto ya no
es lo mismo, es absurdo negarlo. Te he querido, y te quiero tanto que, a pesar
de tu ida, mis sentimientos no han cambiado.
Pero ahora soy sólo una, y antes éramos dos
bandos. ¿Por qué te fuiste sin llamarme? ¿Por qué te fuiste sin avisarme? Yo no
quería perderte tan pronto, ni siquiera quería perderte, pero un día dejaste de
existir, y ahora solamente lloro.
Esta tristeza puede que no la escuches, pero
seguro que sabías que temía este momento. Puede que supieras cómo me sentía
ayer, y ahora no puedo demostrarte cuánto te quiero. Sólo puedo decirte que te
echo mucho de menos.
Mamá, esto no es lo que era antes. Necesito tus
abrazos, tus caricias, necesito tus besos. Ahora que mi mayor temor se ha
cumplido, ya no sé a qué tenerle miedo. Tú eras lo más preciado para mí, y
ahora yo te pierdo.
Adiós
Tengo el corazón muy triste
de tanto pensar en ti.
Quisiera estar a tu lado
para poder ser feliz
y decirte lo que siento,
que no lo puedo explicar,
esta pena que me mata,
que no te puedo besar.
Cuando pienso en tu cariño,
que está tan lejos de mí,
pienso si en la distancia te acordarás
de esas noches,
de esos besos...
A la luz de esas estrellas
dijiste que me querías.
Son recuerdos los que guardo,
recuerdos que nunca se olvidan,
como ese adiós y esa triste despedida.
Aquella mañana, al decirle…
Aquella mañana, al
decirle…
J.R.J.
Un
rayito de luz me despertó al medio día.
Las
hojas que caían de los árboles
me
decían que ibas a ser mía.
Tú
haces que se vaya mi melancolía,
cuando
acaba septiembre
y las hojas me
envuelven.
Rosas
blancas anuncian el alba,
pájaros
revolotean mi calma
avisándome de que cerca de mí
está tu
alma.
Yo te regalo
Yo te regalo:
Una
sonrisa escrita para que la guardes
y el dibujo de un sueño en tu cuaderno.
Una palabra perfumada
y un día de sol con tu nombre.
El abrazo infinito de todos los árboles
y un
canto ligero para que duermas
La mirada más bonita,
el
color de una nube
y un beso en tu alma,
para que me recuerdes siempre.
El pequeño cachorro
Blanco y negro como un dálmata, pequeño y tímido era el
cachorrito. Dulce y alegre se sentía al pasear cuando iba por el monte, aunque
con miedo, cuando veía alguien más fuerte y más feroz delante de él.
Su ama un día lo regañó por escarbar en un tiesto, y ese
día aquel pobre cachorrito dejó de ser feliz. Estaba triste, angustiado,
apenado, con perlas de plata en los ojos; sus orejas ya no estaban en posición
de alerta y su diminuto rabo estaba entre sus pequeñas patitas. Decidió
tumbarse para ver si esa pena que sentía se le pasaba, pero el tiempo pasó y no
era feliz; estaba más y más apenado. Así que decidió irse.
Una tarde el cachorrito fue al campo y allí encontró un
gorrión verde, listo, atrevido y le preguntó qué andaba haciendo solo por allí.
El cachorrito respondió débilmente y le contó lo ocurrido.
A partir de esa tarde, volvió a ser feliz. El cachorrito
se fue con el verde gorrión y nunca regresó.
Tal como eras
A mi padre.
Tal como estabas
J.R.J.
Y al amanecer el jardín se vistió de luto. Antes, de
madrugada, el manto de la muerte te cubrió entero. Qué corta se hizo la
despedida. Qué frases de aliento recibía.
Para paliar el dolor de tu partida, yo te contaba que a punto
estaba el nacimiento de una criatura. Será especial, así como tú, sonriendo, me decías que yo era.
Yo cuidaré de Madre, velaré por ella hasta que Él decida cuándo se la lleva. En
mi recuerdo estás tal como estabas.
Siempre que oigo llover
Yo dije que me gustaba…
J.R.J
Siempre que oigo llover
me asomo por la ventana
y el negro de su pelo
se me refleja cada mañana.
El día era grisáceo,
mucho viento silbaba,
y le dije que la amaba.
La flor
Hoy ha muerto una flor. Hoy se murió una flor. Una flor de
dulce perfume y pétalos aromáticos, como esas que se entregan a las novias y
nacen sin hacer ruido en cualquier lugar.
Me duele que muriera. Detesto
de verdad esos instantes tan llenos de dolor, agonizantes, que vienen a parar
en la muerte.
Marchita se quedó aquella flor
en un mullido ramo inocente que fuera su ataúd. Cerró su historia y, a pesar de
que en su vida fue tan bella, su gracia se transformó tan de repente que apenas
la guardo en mi memoria.
Nostalgia
Un millón de flores
posaría en tu lecho,
Juan Ramón Jiménez,
por el hecho de impregnar
en papel tal belleza.
Magia escribiste en papel,
el amor renacía en tus palabras.
Bellos versos sobre papel
en prosa transformabas.
Cuando desapareciste,
el cielo se nubló triste.
Sin ti no será igual
leer lo que escribiste.
Adiós te digo, amigo,
con dolor postro estas palabras,
que en mi corazón
siempre llevaré conmigo.
Él dijo que yo le gustaba…
Él
dijo que yo le gustaba…
Yo
dije que me gustaba.
Él
me estuvo mirando y escuchando,
que en
primavera el amor
llegó
desde el corazón.
Nos
miramos frente a frente.
Él
me besó con sus labios
tan carnosos y hermosos.
De
mí surgió una gran pasión,
que nos
enlazó a los dos.
Acabado el amor, ¿qué hay?
El sol se puso tras la última
llamada. Mi corazón, roto por mil sitios, noche tras noche, a su recuerdo
llama, y el sudor frío recorre mi cuerpo. El olvido se hace fuerte día a día.
Y para que ella no viera
la tristeza de
mi alma
intentando ahogar su
voces,
también reía y
cantaba. (1)
Mas no
podía negarla. Nostalgia, nostalgia de los buenos momentos, nostalgia de las
risas y lágrimas, nostalgia de ti…, nostalgia de estar sin ti. Destroza mis
entrañas, como tierra de dolor y muerte. Batalla en mi corazón y mi pensamiento.
Hoy me brotan las palabras, tras el
torrente de amargas lágrimas y locos pensamientos de volver a ti. No sé si
podré seguir con esta vida, no sé si podré seguir con este roto corazón.
Nueva flor nace, sosteniendo mi frágil ánimo y mi
complejo pensamiento.
Volveré a amar, a caminar por esta
tortuosa senda de la vida, sin mirar atrás. Es sendero por el que no se vuelve
a pasar, etapa pasada, vista al presente, cielo abierto, mar por explorar. Tras
la guerra viene la paz. Y tras cada atardecer, habrá un nuevo amanecer.
Nace nueva flor capaz de reparar mi débil corazón.
(1) De “Por el jardín florido…” de Juan Ramón
Jiménez
.
Este
extraño lugar
Los
días son eternos en este extraño lugar.
Las
horas descansan si buscas la inmortalidad.
No
reconozco las tierras de este arenal.
El
color rojizo de la arena me hace temblar.
Una
figura se acerca, la escucho caminar.
Me
susurra y me pregunta, -¿Quieres ser inmortal?
Le
contesto asustado, -¿Cuánto me costará?
Él
responde sonriendo, - Tu alma me has de entregar.
Por
fin, reconozco este extraño lugar.
El
diablo me ha tentado para ser inmortal.
Aceptaré
su propuesta para toda la eternidad.
Mas tiempo
tendré para poder engañar
al que
camina en penumbra por toda la eternidad.
Cuando la vi…
Cuando
la vi, ya no quería ver a nadie más.
Pues
sus ojos verdes me embrujaron sin piedad.
Ya
no necesitaba de nadie.
Pues con mirarla tenía suficiente.
Pero
sabía que esa noche no iba a durar para siempre.
Llegó
la hora. ¡Se ha marchado!
Ahora
sí sé que estoy enamorado.
Pues
no pienso rendirme.
No
te voy a dejar escapar.
Eres
lo más bonito de mi vida.
Y
lo siento de verdad.
El viaje sin retorno
A Natalia.
Ya ha llegado su cunita.
Su cunita llega ya,
blanca
y con tapita,
blanca
como el azahar.
No me dejes, ángel mío,
no te
vayas a marchar,
no
cierres tus ojitos azules,
azules
como el mar.
Piensa en mí, mi niña.
Ya te dejo. Vete ya,
que el
desgarro de mi alma
algún día
sanará.
Que repiquen las campanas,
que
sube al cielo un angelito;
pero
que repiquen bajito,
pues
sube dormidito.
Y ella se irá, y será otra. (1)
(1) De “El viaje definitivo” de Juan Ramón Jiménez
Por celos
Al saber la verdad de tu perjurio,
loco de
celos, entré en tu cuarto...
Dormías inocente como un ángel,
con tu
hermoso pelo rubio y rizado,
enlazada
las manos sobre el pecho
y
entreabiertos los labios…
Me aproximé a tu lado y, de repente,
cogí tu
cuello entre mis manos
y despertaste,
y me miraste a los ojos…
y quedé
deslumbrado.
¡Igual
que un ciego que de pronto viese
brillar
la luz de los rayos del sol!!!!
Y en lugar de estrangularte,
con mis
besos
volví a
cerrar tus preciosos párpados.
Pero llegaste tú…
Me
quedé perdida.
Los
versos se apagaron,
y ese mar de olas no era vida.
¡Amor
sin inspiración!
Sobre
el suelo tendida,
desgarrado mi corazón,
de esperanzas perdida.
Pero
llegaste tú...
Un nuevo motivo para sonreír.
Una nueva ilusión para triunfar.
Cómo
poderte decir
lo que está en mi pensamiento,
si no se puede mostrar
lo que estoy viviendo.
Pero
llegaste tú...
Tienes
magia en tus expresiones
cuando me haces entender
lo que sientes por mí.
Eres
mágico porque me haces
subir a las estrellas
cada vez que nos vemos.
No proyecto el futuro, vivo el presente.
Me acompañas a todo sitio al que voy.
Pero
llegaste tú...
¿Por qué este miedo es también deseo?
Quién iba a imaginar todo lo que me enseñas.
Y solo por ti sé que...
¡No hay nada bajo el sol que no tenga solución!
La poeta a caballo
¡Qué
tranquilidad violeta
por el
camino del río!
Ella
ha montado a caballo
por
un sendero perdido.
La
poeta está triste,
porque
el caballo se ha ido.
¿Dónde
lo ha de encontrar?
Al
otro lado del río.
Ella
montó en su caballo
tranquila
por su camino.
Y
el corazón de Violeta
se le
pierde junto al río.
Está
la orilla dorada,
y el
último pensamiento,
junto a
la brisa del río,
es para
su caballo perdido.
¡Qué
tranquilidad violeta
a la
orillita del río!
Canción de invierno
Cuando
al atardecer
salgo de
paseo,
cantan
los pájaros,
pero no
los veo.
Sé
que están ahí,
en las
ramas del olivo.
Miro
su movimiento
y
pienso en su pensamiento.
Una paloma blanca
Paseando
por
¿a qué no sabes lo que vi?
Una
paloma blanca
que
volaba hacia mí.
Yo
le pregunté:
¿por qué vuelas por aquí?
Porque
tengo a mis crías.
¡No
se vayan a morir!
Canción triste de invierno
Al leer este poema de Juan Ramón Jiménez, nuevamente me
confirma que este poeta tiene una gran pena interior, porque sus poemas indican
una tristeza que nos deja entrever en
todos sus escritos.
¿Dónde cantan los pájaros que cantan?
Su alma clama por encontrar una alegría.
No tiene pájaros en jaula, pero sí tiene su propio
corazón enjaulado, no quiere o no puede dar paso a su alegría.
Quisiera tener esas alas para poder volar a ese valle que
está lejos…
¿Qué está lejos para él? ¿La alegría de vivir que sienten
los pájaros al cantar?¿La felicidad tan deseada y tan
difícil de encontrar?
Pero, si ya la tenía y no lo supone, ¿por qué sus
maravillosos poemas cantados a la naturaleza y su gran imaginación no le hacían
más libre que a sus propios pájaros que cantaban?
Soy una enamorada de la naturaleza como él. Cuando más
triste estoy, es cuando mejor siento la maravilla que me rodea, porque una
suave brisa me acaricia la cara y penetra en mi corazón, como un hormigueo por
ver una flor o una nube pasar.
Mi imaginación se vuelve
loca,
y quisiera volar.
Y no encuentro palabras
que puedan plasmar
en este cuaderno
que quiero empezar.
Y como los pájaros de mi
poeta,
quisiera volar.
¿Violeta?
¿A
qué Violeta habla el poeta?
¿Será
acaso a un amor imaginario?
¿O
será esa humilde y preciosa flor que crece en solitario?
Por
la orilla del sendero
el
poeta va con su caballo.
Es
tan honda su tristeza,
que
busca en el verde del paisaje
la
respuesta a sus quejas
y en el
aroma de juncos y madreselvas,
acompañado siempre
por el
nombre de Violeta,
una
oración para llegar a ella.
Se
calman las penas de amores,
que
quizás son las peores.
Llenan
los ojos de toda la belleza
que
existe en la naturaleza.
¿Quién
no ha visto un amanecer o un atardecer?
¿Quién
no ha estado sobre la hierba
o sobre
la arena mirando el cielo
las
nubes correr, y con ellas hilar
un
encuentro especial
y oír una música celestial?
Eso
es lo que hace nuestro poeta
Mientras
murmura: “Violeta”.
¡Ay,
tranquilidad!
Preciosa
y esquiva palabra.
¡Quién
te pudiera encontrar de verdad!
Pero
perdónenme, señores,
por
todos estos errores.
No
era un amor,
ni
siquiera una flor
a quién
hablaba el poeta.
Era
a su yegua Violeta.
El paseo
Doy un paseo por el campo. Se oye la brisa del río y el
correr del agua. Siento la paz, y el corazón se me pierde. El último atardecer
hace que sueñe por este sendero, mientras oigo la música que me brinda la
naturaleza en esta primavera.
¿Dónde cantan los pájaros?
Es tan grande mi imaginación, que me parece que en
una tarde de invierno están cantando los pájaros. Miro y no están. Las ramas de
los árboles aún no tienen hojas nuevas. No he visto a los pájaros, ni tan
siquiera en las jaulas. Y, sin embargo, me imagino que cantan. Todo a mi
alrededor son casas y los árboles quedan lejanos. Yo no sé dónde cantan esos
pájaros, pero estoy segura de que cantan.
Andalucía
Andalucía, mi tierra, mi pueblo, Andalucía. Sus sierras,
sus cortijos, olivares y arroyos de agua fresca, como la nieve blanca. El verde
de aceitunas, y entre las hojas, el canto de los pájaros revoloteando entre
cartujas y árboles frutales.
Andalucía, ¡cuánto te quiero!
Esta alegría no es sincera
Hoy
han abierto mis rosas
en el
balcón de mi casa.
Unas
hortensias que tengo,
que son
para admirarlas.
Tengo
las manos ardientes.
Planto
todas mis plantas.
A
mí me dicen: pues, Lola,
¿qué haces con esas plantas?
Tengo
flores por el patio
en la
sombra de mi parra,
y me
pongo por la tarde
con la
camisa y la falda.
Me
encuentro muy a gusto
paseando
por mi casa.
Las
hojas a veces lloran,
porque
me salen del alma.
Acordándome
de algo
que me
tiene trastornada,
a veces
me encuentro triste,
porque
no tengo palabras.
La
tarde ya va cayendo,
es la
hora de mis plantas,
del
olor de mis camelias,
lilas
blancas y moradas.
Mis
manos las acarician,
estas
manos que están pálidas,
y estos
besos y caricias
en la
sombra de mi falda.
Los
pajaritos cantan
a orilla
de la terraza.
Las
flores están colgando,
colgando
de mi ventana.
Habrá
besos y caricias
sobre mis carnes tan blancas.
Habrá
frescura, si llueve
con la
luna en la ventana.
Me
acariciarán las flores
hasta
llegar a mi cama.
Deja
que ponga mis labios
sobre
tus labios, amada.
También me iré yo
Soy
de Huelva
con
Juan Ramón.
Paymogo
mi pueblo se llama,
Santa
Cruz es su Romería,
Con
jinetes y jinetas
vestidas
de flamencas y gitanas.
Cuando
me vaya,
me iré
triste,
porque
aquí quedará
mi
familia y mi pueblo.
Pero
como Juan Ramón
también
me iré yo.
Algún día tendré que partir
Algún día tendré que partir de esta vida a la otra y
dejaré todo lo que tuve a mi alrededor: mi casa, con
su buen huerto verde, a mis hijos, a mi familia, a mis amigos, que como yo
algún día partirán.
Cuando me vaya, dejaré de ver el cielo azul de
primavera y verano, no oiré tocar las
campanas de la iglesia que hay cerca de mi casa, ni veré ya más las cigüeñas
que hacen su nido en el campanario.
Mi espíritu contemplará con nostalgia, allí donde esté,
todo esto que un día dejaré y que servirá para los jóvenes venideros, que me
recordarán con cariño.
Álamo blanco
Arriba está el pájaro
con
orgullo cantando.
El
agua está abajo
donde
mira el pájaro.
Los
ojillos graciosos
se le
van nublando.
Entre
dos melodías
está
cantando.
Las
ramas se mecen,
se
están quebrando
El
pájaro arriba,
el agua
abajo.
La
columna del alma
se está
quejando.
La
raíz y la flor
están
temblando.
El
pájaro arriba,
el agua
abajo.
Antes de que me vaya
Antes
de que me vaya
quiero
disfrutar.
Ver
por las tardes
el
cielo azul al pasear.
Oír
los pájaros cantar.
Ver
a mis nietos sonreír.
Mientras
pueda,
quiero
sentir y vivir.
Así,
cuando me tenga que ir,
será
más fácil para mí.
Cuando leo este poema
Cuando leo este poema de Juan Ramón Jiménez, recuerdo a
mis seres queridos que ya no están, como también recuerdo la casa del pueblo y
el pozo con el agua tan clarita, que a mi madre le gustaba tanto.
Pero aquí donde ahora vivo tengo recuerdos muy grandes
para no olvidar. Hace poco ha muerto mi marido, y esto jamás lo olvidaré y, vaya
donde vaya, siempre lo llevaré en mi pensamiento.