"ASÍ NACIÓ El PARQUE DE LAS AVENIDAS"
Tomás Fernández Sánchez
| Corría el
año 1958. España parecía estar dispuesta a despegar industrialmente y así no tener que
emigrar para encontrar un trabajo dignamente remunerado. Había llegado el momento de
comprar "el piso". Así fue como conocí lo que sería el Parque de las Avenidas, que por entonces era un barrizal en el que habían existido unas huertas limitadas por el popular "canalillo". Una constructora, amparada por 2 o 3 Cooperativas, asumía la construcción de un barrio moderno al que darían el rimbombante nombre de Parque de las Avenidas. Me pareció que estaba lejos y mal comunicado, ya que el medio de locomoción más cercano era el Metro de Ventas. No me incorporé a la primera fase por estos inconvenientes y, por qué no decirlo, porque los pisos me parecieron caros (250.000 ptas el de 100 metros cuadrados). Transcurridos 4 años, y ante una nueva visita, ya me pareció otra cosa. Habían levantado las casas de la calle principal (Avda de Bruselas) por donde ya se podía circular. Entonces me interesé por el proyecto. Estaban previstas grandes zonas ajardinadas pero, de momento, todo eran obras. La demanda aumentó considerablemente y con ella los precios ascendieron un 40% al finalizar la primera fase. Estaba prevista la construcción de un colegio (Los Menesianos), asunto importante para los padres que teníamos hijos pequeños. Sólo disponían de los bajos de un edificio para impartir las clases. Para hacernos una idea de su tamaño, en la actualidad estos locales están ocupados por una peluquería de señoras. Naturalmente, era imprescindible la construcción de un mercado porque los nuevos inquilinos deseábamos mantener la constumbre de comer todos los días. Hasta entonces, había que desplazarse al mercado de S. Cayetano (c/ Cartagena) caminando unos 3 km. Menos mal que los "avispados" comerciantes contrataron un servicio de autobús que unía el mercado con nuestro barrio durante toda la mañana. Los servicios religiosos se celebraban en los bajos de otro edificio que actualmente es el dispensario de la Seguridad Social, en espera de la construcción de una iglesia. Quizá la novedad más importante era la Central Térmica que suministraría calefacción y agua caliente a todo el barrio. Funcionó sólo los primeros años, ya que los problemas técnicos de explotación y la mala definición de su propiedad, dieron al traste con este interesante proyecto. Cada comunidad de vecinos tuvo que solucionar el problema individualmente y por los medios tradicionales. El cine era otro proyecto que vivíamos con ilusión los que teníamos hijos pequeños. Pensábamos que con él no tendríamos que desplazarnos al centro para presenciar este popular espectáculo. Con el auge de la televisión debieron pensar que lo mejor era no tener que salir de casa. En aquellos años la circulación en Madrid no parecía un problema. Comenzaba la era del 600 y el parque automovilístico no era numeroso. La circulación por el barrio estaba restringida a los vecinos. No había problemas de circulación o aparcamiento. Pero la industria automovilística, en el trascurrir de los años, trató de convencernos de que no solo debíamos tener coche nosotros, sino también nuestros hijos que, por entonces, ya habían crecido. Comenzaron los colapsos circulatorios ya que con la habitual falta de previsión no se habían construído garajes en las viviendas. La construcción de la M 30 y la de 4 grandes aparcamientos alivió momentáneamente el problema. Hasta los años 60 no estrenamos transporte público. Aparecieron los primeros trolebuses que fueron sustituídos después por la línea 53 de autobuses. 20 años más tarde se añadieron 2 líneas más, pero el verdadero acontecimiento llegó el 18 de marzo de 1975 con la inauguración de la estación de metro (Línea 7) en pleno corazón del barrio. Han tanscurridos 40 años y los problemas se han ido solucionando aunque con menos espacios verdes y más edificaciones. Ahora ha aparecido un nuevo más difícil de solucionar. Aquella población de padres incipientes se está convirtiendo en un censo de ancianos decrépitos que salen a tomar el sol y contar batallitas como esta, a cuántos estén dispuestos a escucharles. Y si no nos hacen caso, siempre queda el recurso de hacer un curso de Ofimática en el Sorolla para hacernos la ilusión de estar cerca de las nuevas generaciones. |