Miro al horizonte lejano, una fría tarde de invierno
el tiempo que veloz pasa, se va llevando mi aliento
está contando las horas, se está acabando mi crédito
hoy tan lejos de mi casa, de mi tierra, de mis sueños.
En un rincón de mis bolsillos, como un billete perdido
un viejo papel me encuentro, arrugado, ya amarillo
unas letras apenas ya legibles, las leo, me sonrío
“Estos días azules y este sol de la infancia”
Miro al cielo, cae la tarde, es invierno y siento frio
las manos en los bolsillos del viejo y raido abrigo
camino de vuelta a casa en un país que no es el mío
solo me quedan los sueños, solo los sueños son míos.
También están mis recuerdos, que se han venido conmigo
buenos y malos momentos, años que ya se han vivido
infancia de días azules, bajo el sol de Andalucía
aromas de primavera, perfume de jazmines y azahar.
Invierno, gélido viento de los campos de Castilla
rio Duero, olor a leña quemada, amor sin limite, Leonor
doblar de campanas, profunda tristeza, inmenso dolor
se ha quedado en esas tierras parte de mi corazón.
Y de nuevo miro al cielo, un cielo que no es el mío
hoy tan lejos de mi tierra, tan lejos hoy de los míos
cuantos sueños ya marchitos, tanto amor que no he vivido
cuando has sufrido de amores, se hace tan largo el olvido.
Ya oscurece, aparto de mi cabeza estos recuerdos sombríos
mi tiempo se está acabando, mis manos en los bolsillos
queriendo encontrar en ellos, las leyes del peregrino
seguir buscando la huella, andar haciendo camino.