II Certamen Literario de CEPAS: Premio Narrativa
 
II Certamen Literario de CEPAS
Premio Poesía
Premio Narrativa

“Y ENCONTRÉ NUEVA FAMILIA”


No recuerdo bien la fecha en que me incorporé de nuevo a la enseñanza como alumno, pues el maestro que debía impartir los conocimientos de la asignatura en la que yo estaba matriculado no pudo hacerlo en la fecha oficial por motivos de salud, y supongo, que tratándose como era de una enseñanza de Taller, no pudieron poner a otra persona que le sustituyera, pues dado lo exiguo del profesorado de nuestro CEPA, esa sustitución podría ir en detrimento de otras enseñanzas prioritarias del Centro.

Por fin llegó el día para mí ansiado, de recibir enseñanza de una materia de la que yo no tenía mucha idea, la informática, y de la que estaba muy interesado en aprender. Era la asignatura pendiente, la que al ser desconocida en mi adolescencia y juventud no pude acceder a ella y que cuando se puso al alcance del simplemente alumno, yo no estaba en condiciones de aprendizajes por falta de tiempo que tenia que emplear en otros menesteres.

¿Miedos? ¿Nervios? No. Curiosidad, sí. Era lo que experimentaba durante el trayecto a mi nuevo quehacer. En el camino de mi incorporación al mismo, me vino a la memoria la primera arribada a un centro de enseñanza.

Debía de tener entonces alrededor de cuatro años, cuando por primera vez tuve acceso como alumno al colegio al que en otras ocasiones y con motivo de ir a recoger a mi hermana, ya conocía. Aquella mañana era distinta: iba por primera vez a enfrentarme con algo ignoto para mí hasta entonces. Me incorporaba por vez primera a la escuela.

Me dejó mi madre en la fila para entrar a clase y como si fuera ahora mismo, recuerdo a ésta, formada en una escalera con niños delante y detrás de mí y percibiendo un olor a aceite frito que debía de salir de las cocinas del convento al que estaba adosado el colegio regentado por Religiosas de la Caridad. Bajando por esas escaleras y a través de una especie de cuarto o pasillo –escaso de luz- salimos a un jardín penetrando en una habitación amplia, luminosa, con ventanas al citado jardín y con unos pupitres adecuados a nuestra estatura. Se hizo cargo de nosotros una señorita de edad indefinida que dijo llamarse Camisón, apelativo con el que deberíamos dirigirnos a ella cada vez que necesitáramos su atención.

Pasó ese curso, sin pena ni gloria, y del cual lo único que recuerdo fue un diploma que al final del mismo me dieron. Al año siguiente pasé a otro colegio. Tres años de absentismo escolar por causas bélicas, suplido mediante esporádicas clases particulares, Bachiller, Enseñanza Superior. Trabajo, jubilación y “hobbies”. Uno de ellos era el de escribir y para satisfacerle comencé a ejercerlo. Algún cuentecito que otro. Diario de los hechos de cada jornada y, al final, unas memorias amplias, de una parte de mi niñez, lo que ya me suponía una labor más ardua.

Comencé a realizarlas escribiendo a mano para posteriormente pasarlas a máquina, para hacerlas más legibles ya que no siendo yo un pendolista, el único remedio era la máquina. Con ella continué, hasta que los errores cometidos me supusieron páginas con tachaduras, no presentables, o desechables con la servidumbre de tenerlas que realizar de nuevo. Sopesada esta circunstancia llegué a la conclusión de que la única solución era el del ordenador, y con tal idea me puse a investigar la forma en que a mi edad pudiera obtener los conocimientos suficientes para hacer frente a este reto. Y lo encontré en los talleres de un Centro de Adultos. Era volver de nuevo a la escuela. Y volví de nuevo a la escuela, como un miembro más de la familia que se forma en estos centros, donde se contrastan opiniones, se adquieren conocimientos, se intercambian recuerdos con los coetáneos y se rejuvenece por el contacto con las nuevas generaciones. En mi caso y pienso que en otros casos como en el mío, los conocimientos y el contacto con compañeros y profesores nos vinculan a estos CEPAS de tal forma que cuando has terminado con las enseñanzas y los conocimientos de la disciplina por la que acudiste a él, te agregas a otra, no sólo para obtener conocimientos nuevos, sino para seguir disfrutando de la familia que en el otoño o invierno de tu vida, has logrado encontrar.

Ángel Alemán Casado
Alumno del Taller Literario
Centro de Educación de Adultos Hortaleza

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