UN PASEO POR LA HISTORIA

“COMPAÑÍA COLONIAL”

 

 

 

nombre me sugiere y así contribuir, con este pequeño homenaje, dar a conocer algunas particularidades de una gran industria que fue importantísima en Pinto en la segunda mitad del siglo XlX y en la primera mitad del siglo XX.
    Tenía una extensión de aproximadamente 30.000 m² ubicados dentro de un perímetro a lo largo de las calles: Torrejón, Vía Férrea; c/ del Cristo, Plaza Jaime Méric, c/ Argentina y Plaza Raso de Rodela.
Dicha Fábrica de Chocolates fue fundada en el año 1.854, con el primitivo nombre de “Compañía Colonial” por D. Jaime Meric, sucediéndole su hijo Edmundo y posteriormente los miembros de la misma familia hermanos Alberto y Ernesto Meric Mateo.
    Llegado el año 1.940 y habiendo fallecido D. Alberto, su hermano Ernesto, procedió a vender a un Grupo la fábrica de Pinto y anexos, y a otra entidad las oficinas Centrales instaladas en Madrid C/ Mayor, 18.
En este momento, el grupo que compró la Fábrica de Pinto se constituyó en Sociedad Anónima, con el nombre de “La Colonial” registrándose éste como marca comercial y rótulo del establecimiento.

 

 

 

 

 

 

 

 

   

Fue tal la rápida expansión comercial de los productos fabricados que la Dirección optó por alquilar en Madrid un local para almacén, en C/ Libertad nº 34, esquina a C/ Gravina y C/ Válgame Dios, con planta a nivel de calle y sótano, para facilitar la distribución de los chocolates al gremio de alimentación.
   Paralelamente se procedió a adquirir maquinaria en el extranjero para aumentar la producción y la calidad de los tipos finos y especiales que se fabricaban. Proceso meritorio, dada la dificultad del momento establecida por la dictadura para el paso de productos extranjeros a través de nuestras fronteras.
   Mediante un crédito documentario irrevocable exigido por la casa exportadora, se inició su salida de Dinamarca destino a España, pero los bombardeos en las zonas de transporte, motivados por la II Guerra Mundial, obligaron a detenerse en Dresde (Alemania), donde quedaron almacenados en un sótano toda la expedición de maquinaria, hasta que finalizada la guerra se consiguió, tras laboriosas gestiones, por vía diplomática su reexpedición a Pinto.
    Más tarde se contrataron los servicios de un técnico chocolatero suizo y del director-propietario de la Fábrica de Chocolates “San Antolín” de Palencia.
    Continuó esta imparable actividad industrial y comercial con la adquisición, por compra, de otras fábricas: “La España” (Chocolates, Bombones y Caramelos), de Madrid, “El Áncora”, de Aranjuez (Pastas y Sopas) en plena producción, siendo ésta última trasladada a Pinto, así como su técnico y maestro Sr. Alegría, de grato recuerdo; siguió Ibérica de Productos Alimenticios, pero de menor importancia.
   Una vez adquirida la fábrica “La España”, sita en C/ Santa Engracia, nº 102, se centralizaron aquí las oficinas generales, hasta la compra de un piso en C/ Lista, nº 8, hoy Ortega y Gasset. Es a partir de 1.958 cuando no puedo facilitar más datos por haber iniciado otra actividad muy distinta hasta mi jubilación.

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Paco Jericó
Las personas que están preparando la “canastilla” para traer al mundo literario una nueva Revista a la que han “bautizado” con el nombre de “LA COLONIAL”, me piden que aporte lo   que   este

    Acto seguido se procedió a la reconstrucción de los edificios y a la reparación de maquinaria, siendo dirigida la obra civil por el prestigioso arquitecto Sr. Laredo, -de Madrid- y la industrial corrió a cargo de un famoso ingeniero, hasta la puesta en marcha del ciclo completo de fabricación, que se inició en los primeros meses de 1.941, pues habida cuenta del pésimo estado en que quedaron todas las instalaciones al término de la guerra civil española y a la escasez y carestía de los materiales de construcción, las obras se alargaron más de lo previsto. Ya en la calle, la marca se extendió rápidamente por toda España y de manera sostenida durante muchos años, destacando su liderazgo en el mercado de algunas provincias. Fue, por ello, necesario nombrar representantes locales y comarcales, así como delegaciones en capitales y pueblos importantes, disponiendo de viajantes en varias zonas.

   La producción llegó al máximo con jornadas extras y aumento continuado de plantilla, rebasando con creces los 500 empleados fijos, todos ellos y ellas, debidamente uniformados.Llegaron algunos casos de familias que tenían hasta tres miembros trabajando en “La Colonial”. El porcentaje de mujeres trabajadoras era de un 35%. Sólo en la mesa de empaquetado manual eran unas 15 a 20 seleccionadas por su destreza y extraordinaria habilidad, teniendo en cuenta que en aquellos años se envolvían hasta con tres cubiertas: dos interiores (parafina y aluminio) y la exterior litografiada y además se adherían a cada una un timbre móvil (impuesto hacienda), previa mojadura de la goma en la esponjilla húmeda que cada trabajadora tenía a su alcance.

 

SALIDA DE LA FÁBRICA
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