Hilda Perera "Cuentos para chicos y grandes". Editorial Miñón.

Hilda Perera es una escritora cubana que ha recibido muchos premios. Sus libros de cuentos son ideales para leer en voz alta y comentar.

Érase una vez un lorito que vivía en Chicago, en un apartamento. Lo trajeron los Smith. Tenía todos los colores del mundo: era verde, rojo, azul, amarillo y violeta. Y además sabía decir: "Buenas noches Oquendo. Buenos días, Oquendo". Oquendo era el señor que lo crió de lorito a loro.

Ya el viaje no le gustó ni pizca. Tampoco le gustó el edificio gris. Ni las alfombras grises. Ni la lluvia, ni la nieve. Y no es que fuera un loro pesado. Es que a los loros les gusta el aire, la hierba verde, el sol

Los Smith ni se daban cuenta. Estaban felices con su lorito que parecía un adorno y que además decía "Buenas noches Oquendo. Buenos días, Oquendo".

Pero el lorito estaba cada vez más triste. Un día trató de huir pero no lo consiguió. Si hubiera podido el loro les hubiera explicado:

-¡Me siento tan solo! Ustedes son unos viejitos muy simpáticos ¡Pero no son loros ni lo serán nunca!

Abría la boca, cogía aire, batía las alas. Y todo lo que lograba decir el pobre era:

-¡Buenos días Oquendo!"

Entonces, como no sabía qué hacer ni podía explicarles tomó una decisión. Todos los días él mismo se
arrancaba una pluma. Al principio, los Smith no le daban importancia. Pero cuando ya estaba un poco
pelón dijeron:

- ¡Nuestro loro está enfermo! 

Cuando estuvo más pelón, se preocuparon mucho y la señora Smith, por abrigarlo, le tejió un abriguito. Cuando estuvo completamente pelón, se fueron al zoológico a buscar consejo. Allí el señor que cuidaba los pájaros les dijo:

- Este loro está enfermo de soledad

- ¡Pero si nos pasamos el día cuidándolo!

- Queridos amigos, imaginen que a uno de nosotros lo llevan a un país de loros. Todo lleno de loros. Donde no hubiera un solo hombre. ¿Cómo nos sentiríamos? 

 

El lorito y la lorita estuvieron toda la noche hablando en loro. Y hablaron de árboles, de verde, de sol y de hierba. Y al otro día al lorito le nació una pluma roja. Y al otro, una verde. Y al otro, una azul. Y volvió a ser otra vez el pájaro espléndido de todos los colores.

Pero un día amaneció un huevo en el nido. La lorita estaba muy sentada sobre él, calentándolo. Y parece que los dos -el loro y la lora- se pusieron de acuerdo. su hijito loro no nacería en una jaula. No sin sol. ¡Sin ni siquiera poder recordarlo!  

    Al otro día los Smith se alarmaron. El loro le quitaba a la lora una pluma verde. Y la lorita al loro 
     una pluma azul. Y al día siguiente él a ella, una pluma roja... Pero esta vez no llegaron a
     quedarse  pelones. Porque nada más ver el señor Smith lo que pasaba, habló con la señora
      Smith. Y los  dos también se pusieron de acuerdo. Y le escribieron a Oquendo que allá iban
      los loros. Que  nunca más volviera a venderlos. ¡Que les buscara el árbol más alto, más libre, más verde!

Y allá está el loro, la señora lora y el hijito loro, en Puerto Rico, vivos y contentos, en el árbol más alto, más soleado y más verde.

 

Al día siguiente escribieron a Oquendo diciéndole que les mandara por correo aéreo una lorita. La lorita más linda, más verde, más azul, roja y amarilla que pudiera encontrar.

Al mes, estaba el lorito pelado con su abriguito cuando sonó la puerta. Llegó el mensajero. Trajo la cajita. La señora Smith la abrió sonriendo. Puso a la lorita en la jaula. El loro no quería creer lo que veía. Pensó que era un sueño. Pero la lorita ahuecó las plumas y dijo:

- ¡Buenos días, Oquendo!    

 

EL LORO PELÓN

 

 

 

 

¡Buenas noches Oquendo! ¡Buenos días Oquendo!

 

 

Si supiera qué triste estoy...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ejercicios de comprensión de la lectura