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l Narrador sale de escena, mientras la luz va cobrando lentamente intensidad hasta descubrirnos el árbol y varios carteles en los que se ven algunos mensajes redactados de forma manual. “No a la construcción de la fábrica”. “No queremos humos en el pueblo”. “Defendamos el árbol más bonito del pueblo”. Hacen irrupción en escena dos Operarios. Miden el tronco del árbol, toman muestras y acotan su perímetro con unas cintas de plástico en las que se lee “Prohibido el paso”. Tras retirar los carteles de protesta, colocan uno mucho más grande en el que, con caracteres de imprenta, se indica “Mañana se inician las labores de limpieza del terreno”. Tras cumplir su cometido, ambos Operarios desaparecen.
A los pocos instantes entran en escena Julia y su amiga Andrea, las cuales representarán aproximadamente unos trece años de edad. Julia contempla incrédula el cartel en el que eufemísticamente se anuncia la tala del árbol.

Julia.-
¡No puede ser! ¡Llaman limpieza a cortar nuestro bosque!
Andrea.- Hace tiempo que lo sabíamos. La semana pasada enviaron los permisos que autorizan a talar los árboles del bosque.
Julia.- Pero no todos estamos de acuerdo. También tienen que escuchar a los que no quieren que se mate a nuestro árbol. (Señalando indignada hacia el tronco) ¿Alguien le ha escuchado a él?
Andrea.- Nadie puede escuchar a un árbol.
Julia.- Yo puedo hacerlo. Se queja cuando hace mucho viento y susurra feliz al llegar la primavera. Se encoge cuando la nieve cae sobre él y estira sus ramas siempre que le acaricia el sol. Tiene vida Andrea, tiene vida como tú y como yo. Ya casi no nos queda tiempo.
Andrea.- (Asustada) No estarás pensando…
Julia.- Te lo conté y te pareció una buena idea.
Andrea.- Pero creí que estabas bromeando.
Julia.- No bromeaba. Andrea. Desde que mi abuela me dijo que no habían hecho caso a nuestras protestas, empecé a prepararlo todo. Prometiste que me ayudarías, ahora no puedes volverte atrás.
Andrea.- Si se enterase mi padre, me colgaría de otro árbol.
Julia.- Lo haremos al anochecer y cuando esté arriba, lo único que tienes que hacer es traerme todo lo que yo vaya necesitando. (Al percibir las dudas de Andrea) Eres mi amiga ¿no? Vamos. Lo tengo todo preparado en el cobertizo.
Julia y Andrea salen de escena. La luz comienza a experimentar los cambios que permitan la transición del día hacia el anochecer.
Las
dos chicas regresan cargadas de bártulos (cuerdas, poleas, un almohadón, libros,
telas blancas, utensilios domésticos, entre los que se encuentran una cesta con
alimentos y algunos cacharros de cocina). Lo primer que hace Julia es lanzar una
de las cuerdas por encima de la rama más baja. Inmediatamente le ata al tronco y
trepa por ella ágilmente portando un largo cabo enrollado a su espalda. Cuando
se encuentra arriba, pide a su amiga que libere la maroma. Con gran
habilidad
coloca una polea y desliza una de las puntas del cabo hasta que llega a la
altura de Andrea, entonces hace señas a su amiga para que empiece a atar todos
los objetos que han transportado hasta allí.
Mediante cuerdas tensas,
las telas de una especie de primitiva tienda de campaña se situarán en la
plataforma natural configurada por el cruce de las ramas más gruesas que formas
el centro del árbol. En pocos instantes queda armado un cobertizo de blancas
paredes.
Andrea.- Es increíble. ¿Cómo te has podido inventar una cosa así?
Julia.- Vi la foto en un libro de boys scouts. También venían las instrucciones de cómo se podían hacer tiendas en los árboles. No te quedes ahí parada, tienes que ir subiéndome todo lo que falta. Es posible que me quede una buena temporada aquí arriba.
Andrea.- Mira que si ahora te conviertes en lo que la gente pensaba y termina siendo verdad que eres…
Julia.- (Cortándola divertida. Ríe)… Una ardilla.
Andrea.- Entonces ya nunca más podré hablar contigo.
Julia.- (Irónica) Aunque me convierta en una ardilla, seguiré siendo tu amiga.
Luis Matilla: El árbol de Julia. (Inédito)
