LA CASA DE LOS MIL CADÁVERES

 

 

 

 

     Érase una vez, una casa muy vieja donde en ella habitaba una familia muy numerosa.

 

     Esa familia casi nunca salía a dar un paseo o irse con sus hijos a dar una vuelta.

 

 

 

 

     A la gente le parecía raro que nunca salieran, incluso, ni para comprar comida.

 

 

 

 

       Dicen que en la casa, hace muchísimos años, habitaban canívales.

       Una mujer dijo que vio a uno de ellos con un cuchillo en la mano y apuñalando a los que vivían dentro de la casa. Ella llamó inmediatamente a la policía. La policía vino y vio un montón de cadáveres.

       La familia que habita ahora en ella dice que nunca les ha pasado nada, aunque la casa está en muy malas condiciones.

       Un día, la gente de aquella ciudad, oyó voces de S.O.S. y llamaron inmediatamente a la policía.

       Al día siguiente vieron que no pasó nada y lo que había pasado era que el niño se había caído de la cama porque sufrió un accidente de una pesadilla de miedo.

       Ya era Halloween y los vecinos  y la gente se preparaba sus disfraces para la noche, aunque a la casa de los mil cadáveres nadie se podía acercar  ni siguiera para pedir caramelos.

     Un grupo de niños se acercó a la casa y dijeron:

- A ver quién es el valiente que entra antes en la casa. ¡Ja, ja, ja!, ¡Ja, ja, ja!.

- Venga, yo mismo.

- Empieza.

- Vale ya voy

       Fran entró sigilosamente en la casa. Cuando ya estaba dentro se puso muy nervioso. Tenía que estar por lo menos una hora y media. Solo veía muebles viejos y sucios de polvo, libros y ropas ya pasadas de moda, pero no veía a los que vivían allí. 

       Bueno, ya me acuerdo, se tuvieron que ir.

     Fran se fue a inspeccionar la casa y oyó una puerta. Él se escondió en una de las habitaciones. Vio que estaba un poco quemada pero él lo único que quería era refugiarse para que no le vieran.

- Bueno, llevaremos a esta muerta a nuestros dientes, ja, ja, ja, ja.

     Fran se quedó sorprendido al oír eso.

- Vamos a subirla a la habitación quemada. Allí empezaremos a llenar otra habitación de cadáveres.

     Fran se fue corriendo a otra habitación y le vino un olor asqueroso y al darse la vuelta vio todo repleto de cadáveres con las cabezas, los dedos y manos cosidas.

       Fran dijo: "Como si se hubieran comido la carne y dejaran la piel fuera sin comer". Fran se asustó cuando vio que una cosa se abalanzaba sobre él.

     - "aaaaaahhh"

       Fran observó que era una bolsa blanca con manchas de sangre. Se quedó impresionado porque se oía algo dentro, pero él no se atrevió a abrir la bolsa. Vió como una cabeza estaba diciendo: "¡Socorro!"

     Fran rápidamente la abrió y salió de ella un señor que le dijo:

- Muchísimas gracias. Y tú, ¿Qué haces aquí?.-

- Pues es que.....-

- Bueno, déjalo. ¿Y a ti cómo te cogieron?- preguntó el señor.

- Bueno, es que....  vamos a salir de aquí lo antes posible.-

     Los chicos oyeron a alguien acercarse y salieron corriendo. Se fueron a otra habitación y oyeron una sierra y alguien diciendo: "¡Socorro!". Ellos se asustaron y de repente se abrió la puerta y vieron a un canival con sangre por todo el cuerpo y con una descuartizadora. Había descuartizado a uno la mano, y tenía un hacha llena de sangre con una bolsa blanca con manchas de sangre.

       El se les acercó y dijo: "¿Qué queréis comer? Ja, ja, ja". El les dio la bolsa y dijo : "Abridla y comed"

       Ellos habrieron la bolsa y vieron un señor descuartizado.

       El canival dijo: "Sois los siguientes, ja, ja, ja, ja". Cogió el hacha y les mató.