AYUDAR A MEJORAR LA AUTOESTIMA DE NUESTROS HIJOS
Todos queremos lo mejor para nuestros hijos. Aunque nuestras intenciones sean honestas, a menudo nuestros métodos no resultan eficaces.
Ayudar a los hijos a construir sentimientos de autoestima puede exigir que usted cambie el estilo de comunicación y su comportamiento. En lugar de enfocar los errores de su hijo, señale todo aquello que hace bien y que a usted le produce satisfacción y agrado.
Fijaos en el siguiente cuadro, en él se observan las diferencias entre nuestros ideales (cómo queremos que sea nuestro hijo) y lo que realmente conseguimos:
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Nuestros ideales |
Lo que realmente hacemos. |
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Mi hijo debe ser responsable e independiente.
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Le obligamos a hacer lo que realmente tiene que hacer o hacemos el trabajo del niño.
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Mi hijo debe ser respetuoso y cortés |
Hablamos a sus espaldas, lo criticamos, desconfiamos, sermoneamos y locastigamos.
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Mi hijo debe ser feliz |
Lo felicitamos por los éxitos pero nos fijamos en los errores diciéndole que lo puede hacer mejor.
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Mi hijo debe preocuparse por los demás. |
Demostramos poca preocupación por él cuando lo reprimimos o lo avergonzamos.
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Mi hijo debe quererme. |
Demandamos afecto pero lo rechazamos cuando estamos muy ocupados.
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Mi hijo debe sentirse adecuado, valiente y feliz consigo mismo.
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Hacemos demasiado por él, lo que implica que lo consideramos incapaz; lo criticamos; impedimos que haga cosas difíciles.
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Actitudes que se tienen con respecto a los hijos:
1. Expectativas negativas.
Las expectativas se comunican a través de las palabras y de los gestos. Los hijos sienten las expectativas que los padres tienen sobre ellos. Así, cuando creemos que nuestros hijos no van a tener éxito en una tarea o en unos estudios se lo comunicamos. Entonces el niño comienza a dudar de sus habilidades y se comporta de la manera que esperamos: fracasa.
2. Objetivos demasiado altos.
A menudo establecemos objetivos que es imposible que nuestros hijos alcancen: esperamos que sus dormitorios estén ordenados, que cumplan en todas las parcelas del estudio, que triunfen en algún deporte...., y aunque hagan verdadero esfuerzos para conseguirlo siempre le diremos que la próxima vez debe salirle mejor. Es decir, esperamos que hagan cosas por encima de sus edades y capacidades.
3. La competencia entre hermanos.
Muchas veces incitamos la competencia entre nuestros hijos. Elogiamos al que tiene éxito mientras ignoramos o censuramos al que no lo tiene. En ocasiones no nos damos cuenta de ello, basta un simple gesto o expresión.
4. Demasiada ambición.
Los padres con demasiada ambición quieren ser los mejores padres del mundo. Para lograr esto insisten en que sus hijos sean excelentes. Esta actitud puede influir para que los hijos traten de no hacer nada a menos que sepan que van a tener éxito y evitarán aquellas tareas en las que vean un posible fracaso.
5. Comportamiento inconsistente.
Muchos padres creen que pueden tener derechos y privilegios que a su vez niegan a sus hijos. La madre ordena que recoja su habitación pero ella ha dejado los papeles de su trabajo regados por su estudio. El padre se queja de que trabaja mucho durante el día y que no está dispuesto a colaborar en tareas de la casa, pero exige que los hijos colaboren después de venir del instituto (que también vienen cansados).
Los padres que quieren y deseen superar estas actitudes poco estimulantes deben tener la suficiente voluntad para obligarse a seguir las siguientes actitudes.
1. Aceptar a sus hijos como son, no como pudieran llegar a ser. Si queremos que nuestros hijos se aprecien a sí mismos como personas valiosas debemos aceptarles sinceramente tal y como ellos son, con todas sus imperfecciones. Muchos padres creen que la manera de ayudarlos es fijándose en sus errores. En realidad esto produce el efecto contrario: los hijos se desaniman. ¿Le gustaría a usted que continuamente estuviesen recordando sus faltas?. ¿se sentiría apreciado?.
2. Sea positivo. Enfoque lo bueno del hijo o de la situación
3. Tenga fe en sus hijos para que ellos la tengan en sí mismos. Pocos serán los niños con confianza en sí mismos si los padres no confían en ellos. Debemos aprender a no darle importancia a los errores de nuestros hijos y a comunicarles nuestra confianza en ellos.
4. Hágales saber lo que ellos valen. Reconozca el progreso y el esfuerzo por pequeño que sea, no solamente lo logrado.
5. Respételo. Esto sentará las bases del respeto que ellos deben tenerse a sí mismo.
6. Elogie las cosas bien hechas y estimule el progreso y el esfuerzo. Esto implica cooperación.
7. Las expectativas son las fuerzas más poderosas en las relaciones humanas. Podemos influir en el comportamiento de una persona cambiando nuestras expectativas acerca de ella.
8. La falta de fe en los hijos precipita sus fracasos.
9. Exigencias demasiado altas invitan al fracaso y al desaliento.
10. Evite la estimulación sutil de la competencia entre hermanos.
11. Evite palabras y acciones que desanimen a su hijo.
12. Evite calificativos hirientes, irónicos, sarcásticos cuando estimule. No de con una mano y quite con la otra.
13. Lo importante es la estimulación en el uso de las palabras que le produzcan al niño sentimientos de ser adecuado.
"Me gusta como manejaste la situación".
" Yo sé que tu puedes".
"Parece que trabajastes muy duro en eso".
"Estás progresando".
Sea generoso con él.