¿ Era tan buena Caperucita Roja ?.

Siempre nos han contado que Caperucita Roja era una niña muy buena y obediente y que el lobo era un malo malísimo que, además de feo como una espinilla, tenía la obsesión de comerse a todas las abuelitas que se le pusieran por delante.

Ha llegado el momento de deshacer esta confusión y vosotros/as seréis los primeros en conocer la causa real por la que esta historia ha llegado deformada hasta nosotros.

Como supongo que todos sabéis los cuentos clásicos nacen en una época en la que no había televisión, ni cine, ni Internet, ni hamburguesas, ni ... . Seguro que alguno de vosotros/as pensará que sería una época muy aburrida en la que la gente no se divertiría pero estáis muy equivocados. Cuando la gente terminaba de trabajar se reunían alrededor de la lumbre y contaban historias para pasar el rato. Los niños escuchaban a sus padres y abuelos estas historias y luego, al hacerse mayores, se las repetían a sus hijos y nietos. Durante mucho tiempo el cuento de Caperucita Roja era como os lo contaré un poco más adelante, pero hubo una vez que, por accidente, el cuento cambió su forma. Resulta que Doña Sinforosa Rostroseco estaba contando el cuento a sus nietos y, de repente, una mosca se le metió en la boca. Se atraganto. Sus nietos intentaron hacerla reaccionar dándole golpes, bailando una sevillana y contándole chiste malos, pero no había manera. De pronto Doña Sinforosa estornudó con tal fuerza que pensaron que había sido un huracán y por fin la mosca salió, bastante maltrecha por cierto. El caso es que Doña Sinforosa, con los nervios, había olvidado el cuento de Caperucita y tenía delante de ella las caritas de sus cinco nietos que esperaban, con toda la ilusión del mundo, que les contara aquel cuento por lo que la abuelita decidió ir inventándoselo sobre la marcha. Aquella noche nació la segunda versión de Caperucita que, curiosamente, es la que ha llegado hasta nosotros, pero en realidad, hasta aquella fatídica noche en que la mosca decidió investigar qué había cenado Doña Sinforosa, el cuento de Caperucita era como os lo voy a contar ahora...

EL VERDADERO CUENTO DE CAPERUCITA

Hubo una vez, en lo más profundo de un inmenso bosque, una casita donde vivían Caperucita Roja, su mamá, y un lobo que se había hecho amigo suyo porque le gustaba el suavizante que usaba la mamá de Caperucita para lavar la ropa.

Caperucita era una niña fea como no os podéis imaginar. Había decidido no ir al colegio porque cuando sus compañeros/as la veían echaban a correr como si les persiguiera un dragón. Lo del nombre de Caperucita Roja venía de una caperucita que ella se ponía para no coger frío en la cocorota cuando salía a pasear y, en principio, era de color blanco, pero como Caperucita era un poco “guarreta”, su color había ido cambiando a la velocidad del rayo. Las malas lenguas dicen que hasta dormía con ella.

El lobo era un buenazo que hacía todas las tareas de la casa, los deberes de Caperucita y, en el poco tiempo que le sobraba, estaba haciendo un curso de japonés por correspondencia.

Un día la abuelita de Caperucita enfermó y su madre preparó una cestita, con las cosas ricas que todos sabemos, para que se la llevaran a su casita al otro lado del bosque. Como no se fiaba de Caperucita le dio la cesta al lobo y, por librarse un rato de la plasta de Caperucita, le dijo que acompañara al lobo a hacer ese recadito.

Por el camino el pobre lobo tuvo que aguantar la charla de Caperucita que por aquellas estaba pensando hacerse socia de un club de entrenadores de caracoles para carreras. Tanto le dolía la cabeza al pobre lobo y tan mareado estaba que terminó perdiéndose.

Caperucita, siempre tan amable, le echó una bronca morrocotuda y se puso a llorar como si le estuvieran pinchando con catorce mil alfileres.

El pobre lobo, que era bastante inteligente, encontró rápidamente el camino a casa de la abuelita de nuevo y llegaron en un periquete.

Caperucita se empeñó en darle una sorpresita a su abuela y quiso entrar por la chimenea. Como estaba un poco rellenita se quedó atascada y no había manera de hacerla salir. Vinieron no sólo los cazadores, sino los bomberos, la policía del bosque, e incluso una unidad de C.S.I. para investigar qué ocurría porque, a todo esto, los berridos de Caperucita se escuchaban en Paraguay.

A duras penas consiguieron sacarla y encima, la muy acusica, dijo que era el lobo el que la había encerrado en la chimenea.

... y colorín colorete, de este cuento sale un cohete.

Este era el cuento verdadero y, si lo comparas con la versión que tú conoces, verás que no coincide en casi nada.

El problema es que esto no ocurrió sólo con este cuento sino con el de los tres cerditos inmobiliarios y el lobo tímido, o la malvada Blancanieves y su madraza ( que no es lo mismo que madrastra), con el gato con calcetines, con el flautista sordo de Hamelín y los ratones marchosos, con ...

Si le pones un poco de imaginación seguro que puedes darle la vuelta a los cuentos tradicionales y encontrar su versión original, o al menos pasar un rato divertido y reírte mientras te inventas tu cuento o escuchas el de algún compañero/a. Cuando lo hayas terminado puedes dárselo a tu profe o mandarlo a la dirección de correo electrónico del “cole” cpjosesaramago@telefonica.net y, a lo mejor, esto supone tu salto a la fama.