LA EDUCACIÓN MUSICAL Y EL DESARROLLO INFANTIL

La música ha ido evolucionando en los últimos siglos y el papel que ha desempeñado en la sociedad ha ido, asimismo, cambiando progresivamente. Pasó de ser objeto de disfrute y uso exclusivo de la clase alta a considerarse imprescindible para el desarrollo integral del niño.

Para poder observar la importancia de la educación musical en el desarrollo del niño tenemos que tener en cuenta que el oído es el primer órgano que se desarrolla en el embrión durante la gestación. Entre el cuarto y el quinto mes de embarazo ya ha desarrollado el sentido auditivo aunque no por completo, pero ya puede percibir las primeras ondas sonoras que recibirá: los latidos del corazón de su madre y algunos sonidos del exterior. De hecho, distintas experiencias han demostrado que el niño es capaz de reconocer la música que oye durante el embarazo de su madre. Cuando nazca, el aparato auditivo del bebé es el órgano sensorial más desarrollado, totalmente preparado para recibir sonidos. A pesar de esto, el cerebro de un bebé no está totalmente desarrollado al nacer ya que durante los años siguientes continuará su desarrollo al mismo paso que en la fase prenatal. Esta es nuestra mayor ventaja y nuestro mayor riesgo: nuestro desarrollo futuro, nuestra felicidad futura, depende en gran medida de lo que recibimos de los que nos rodean los primeros meses y años de vida.

El niño desarrolla una capacidad musical propia desde el nacimiento y durante los primeros años de vida debe ser estimulada y propiciada por el ambiente que le rodea. El hogar familiar y la escuela constituyen lugares especialmente propicios para ello.

La formación completa e integral del niño no puede concebirse sin música. La música desde la primera infancia consigue desarrollar cualidades y capacidades fundamentales para el ser humano. A medida que el niño crece, se pueden estimular sus capacidades y dotes tanto sociales como académicas mediante su relación con la música. Ésta puede reflejar sus emociones y ayudarlo a expresarse.

Debemos, pues, plantearnos la gran oportunidad que es acercar al mayor número posible de niños el don incomparable que es la música, y al hacerlo, ayudarlos a desarrollar al máximo sus capacidades emocionales, intelectuales y espirituales. Por supuesto, también es maravilloso ver cómo los niños aprecian y crean música simplemente por puro placer y disfrute: la música no tiene que ser siempre útil; pero no podemos olvidar que todo sonido tiene un beneficio extramusical y que éste enriquece la vida de los niños y al mismo tiempo la de los adultos que los rodean.

 

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