JUEGOS TRADICIONALES
TRESNAVÍOS
"Tresnavíos". Así. Todo junto. Hasta que no me dijeron que por qué no describía los juegos que jugábamos de niños, no se me había ocurrido pensar en lo que decíamos -gritábamos- cuando jugábamos a tres navíos en el mar.
Era un juego raro. Algunas veces lo utilizábamos para separarnos un grupo de chicos de otro.
Como comienzo, los cabecillas "echaban pies" y así se formaban los dos grupos. Después había que echar a suertes qué grupo se la quedaba; a cara o cruz o a cerillas. Esto se hacía comúnmente en la plaza. El grupo al que le había tocado quedársela tenía que estar en la plaza hasta que los otros, después de haber salido corriendo, y ya a una distancia que les permitía no ser vistos, gritaban: " Tres navíos en el mar ". " Otros tres en busca van ", contestaban los de la Plaza, y salían tras de ellos.
El asunto consistía en volver a la plaza, o a donde se hubiese comenzado el juego, sin ser vistos por el otro grupo. Si se conseguía, el grito ritual era " En tierra pararemos ". Por el contrario, si el grupo que se la quedaba veía a sus adversarios el grito era de " Tierra descubierta ". Y se cambiaban las tornas.
LOS ENCANTADOS
Buen juego para entrar en calor. Se jugaba en la plaza y en el pórtico antes de entrar al rosario en el mes de octubre y es parecido al que en otras partes se llama de "Las estatuas".
Uno o una "se la quedaba", y así como en otros juegos se echaba a suertes, en este lo más corriente era aquello de " el último que llegue se la queda ": todos salíamos corriendo y quien llegase el último a la puerta de la escuela, la de abajo o a la puerta del huerto del pórtico era quien se la quedaba.
El juego consistía en que el que cuando el que se la quedaba tocaba a alguien este debía quedarse parado, "encantado" hasta que otro jugador lo volviese a tocar y lo desencantase. El que se la quedaba tenía que atender a dos frentes: por una parte tenía que seguir encantando a los demás y por otra, tenía que cuidar de que no le desencantasen a nadie. Labor difícil.
El juego terminaba cuando todos los jugadores estaban encantados, pero eso no ocurría nunca. Antes de esto ya todos nos habíamos cansado de correr o habían tocado "la salida" para empezar el rosario o habían llamado para entrar en la escuela. Por cierto, recuerdo que la llamada era el golpear la barandilla del piso de las escuelas con la llave y se oía. De eso doy fe..
LAS TROMPAS
Había trompas y trompos. Las trompas eran -y son, porque aún se venden y los chiquillos las bailan,- más panzudas y de madera de haya o de roble, con un rabillo de madera en la parte superior y un clavillo, púa o rejón de acero en la inferior. El rabillo y la parte superior tintados de rojo. Se compraban. Los trompos eran mucho más largos, puntiagudos, sin rabillo, de madera de encina,y se heredaban; pasaban de los hermanos mayores a los pequeños. No estaban teñidos, y el clavillo solía ser un tirafondo al que se le limaba la cabeza y se afinaba posteriormente para que tuviera el menor roce posible.
Para bailar la una o el otro se utilizaba un cordel trenzado que se enrollaba a partir del clavillo, se lanzaba y al desenrollarse el cordel se imprimía a la trompa un movimiento de rotación que continuaba en el suelo. Para que no se fuera de los dedos el cordel, se ponía de tope en el extremo una moneda de real, que tenía un agujero en medio como las actuales monedas de cinco duros, aunque más grande.
Se tiraba la trompa de tres modos: a lo bajo o a lo chica, al poder y a clavillazo. Había algunos tan hábiles que la lanzaban al aire y la cogían en la mano bailando. Lo normal era que la tompa bailase en el suelo y que con la mano extendida y abriendo los dedos la hicieses pasar a la palma de la mano para después volverla a dejar bailando otra vez. Eso decíamos que era coger la trompa. Para ello se necesitaba, o era mucho mejor que la trompa girase tan rápidamente que apenas se moviera del sitio; se duerme, decíamos. Si recorría mucho trecho, escarabajeaba, y si saltaba, repicaba. El mero hecho de que bailara y durase más que las de los otros constituía una de los juegos que se hacían con ellas.Otro consistía en coger la trompa en la palma y volverla a dejar bailando. Un tercero le añadía la dificultad de mover perras gordas entre unas rayas que se pintaban en el frontón cuando devolvías la trompa al suelo después de haberla cogido, y que ganaba el que antes las atravesaba. El último juego- que no sé si lo era- lo llamábamos a abrir trompas. Los que jugaban lanzaban sus trompas y la primera que dejaba de bailar era la que había que abrir. La volvía a lanzar cuando los demás estaban ya con las suyas preparadas, y una vez que estaba bailando, los demás jugadores lanzaban las suyas a clavillazo intentando que diera a la otra con la idea de romperla. Aquí jugaban un buen papel los trompos, que con su mayor peso y dureza eran capaces de romper las trompas de otros y aguantar los clavillazos de los demás. .
LA RAYUELA, TANGANILLO EN ALAVA.
Se jugaba en portales, también en el frontón, pero allí había que dibujar en el suelo con un "pinto", -pedazo de yesón cogido en cualquier parte-. Y algunas veces con clariones o tizas de la escuela, en los portales no. El encementado que había en aquella época se había hecho a tiras como de unos sesenta centímetros y quedaba entre ellas una pequeña grieta que servía perfectamente para las divisiones. Sobre todo en el arco que está más próximo al puente del río. El que se cogían las mayores. Tan sólo había que hacerle una raya en medio y escribir los nombres de los días de la semana. El jueves, que era la tira que quedaba al lado del poyo, no estaba partida.
EL TANGO
Había varios juegos: el más sencillo, por el que empezaban todas, -y todos cuando nos atrevíamos a hacer el ridículo, porque éramos mucho menos hábiles que las chicas- consistía en lanzar la pita a la primera tira por la parte derecha, - al lunes,- y a la pata coja - paticoja - ir pasándola empujando con el pie que se apoyaba en el suelo, al martes, miércoles, jueves, donde se descansaba con los dos pies en el suelo y de allí volver por la parte izquierda pasando por el viernes, sábado y domingo.
Si el asunto había ido bien se iba a martes; la pita había que lanzarla a la segunda tira y se continuaba del mismo modo. Y así hasta el domingo.
Si se perdía, bien porque se pisaba la raya, bien porque la pita no caía en el sitio apropiado o quedaba encima de la raya, empezaba otra jugadora, que reanudaba el juego donde lo hubiese dejado antes. Otro juego consistía en lanzar la pita a la casilla correspondiente y pasar a la ida sin tocar la casilla y recoger la pita al volver.
Las pitas consistían en piedras lo más lisas posible que se cogían en el río o en el barranco. Pero había otra clase de pitas que daban más envidia; eran cajas de lustre para zapatos que se llenaban de barro para que pesaran. Su forma hacía que fueran las más apreciadas.
A ESCONDER COSTILLAS
Era este un juego para el frío del invierno. Dentro de Portales no nos mojábamos, y a base de jugar entrábamos en calor. La verdad es que un poco burros sí que éramos. Consistía el juego, que podía jugarse a partir de tres jugadores, en apoyar - esconder - la espalda - costillas - en las paredes o en los pilares de portales, de modo que estuviesen bien ocultas. De lo contrario, cualquiera de los jugadores podía pegarte, -con la mano abierta, eso sí,- todo lo fuerte que quisiera en la espalda.
Normalmente, el que se consideraba más hábil, o era más capaz de aguantar golpes, se quedaba en medio. Entonces, los que esban apoyados en la pared intentaban cruzar y esconder las costillas en los pilares y de paso, dar un buen golpe al que estaba en medio. Esto era aprovechado por los demás para hacer la misma jugada.
Normalmente, con toda la ropa que se llevaba en invierno el daño no era mucho. Sólo cuando todos los golpes iban a dar en la misma persona -por lo que fuera- acababa alguno llorando.
La verdad es que no lo jugábamos mucho rato: al entrar a la escuela, antes de entrar a lo que llamábamos clase de adultos, y en los momentos que estábamos jugando a otra cosa cualquiera y se ponía a llover y había que refugiarse en portales.
Estos juegos los han recopilado Arancha Montoya y Daniel Salguero buscando información en la página http://www.cnice.mec.es