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Conozco a muchas personas, profesionales de ámbitos muy
variados, que tienen en su biblioteca el Diccionario de uso del
español. Entre ellos hay periodistas, lingüistas, escritores,
traductores y estudiantes, y muchos afirman que lo consultan con
frecuencia. He oído llamar a este diccionario «el Moliner»; con más
frecuencia «el María Moliner» —aunque nunca he oído hablar,
por ejemplo, de «el Julio Casares», sino más bien de «el
Casares»—.
Muchos hablan de doña María, y aquel simpático y
competente equipo de lexicógrafas cubanas con quien tuve ocasión de
trabajar citaba a Marita como si de una parienta cercana se
tratara y las consultas en el diccionario parecían más bien
conversaciones con alguien a quien se conoce bien y se quiere. Y es
que María Moliner lleva décadas acompañando a muchos en sus tareas
profesionales y ayudándoles a abrir las puertas que algunas barreras
lingüísticas les cerraban.
La conciencia
de que un diccionario que no se renueva está destinado a desaparecer
llevó a la editorial Gredos a preparar una nueva edición que
actualizara la obra en algunos aspectos. Creció el diccionario en
aproximadamente un diez por ciento, el sistema de ordenación por
familias se reemplazó por el alfabético, se revisaron y corrigieron
diversos detalles...
Así, un
diccionario al que, según algunos, acechaba el peligro de
convertirse en pieza de museo habría quedado renovado y por tanto no
habría perdido vida. Pero este delicado trabajo habría sido la vana
pretensión de dar vida a un árbol seco si este árbol no hubiera
mantenido fuertes sus raíces y robusto el tronco. Según la propia
editorial afirmó en su momento, esta nueva edición se mantenía fiel
al espíritu que movió a la autora a crearlo. ¿Qué define ese
espíritu que lo mantiene vivo? Si recorremos las
impresiones de aquellos que con alguna frecuencia han entablado
amistoso diálogo con esta obra, llegaremos al verdadero secreto
a voces del diccionario de María Moliner.
Muchos aprecian en este
diccionario la claridad de sus definiciones y es este desde luego
uno de los rasgos que lo caracterizan. María Moliner concibió su
diccionario como una herramienta, como un instrumento de guía en el
uso del español y huyó de todo retoricismo o formulismo que
oscureciera la información que trataba de transmitir, lo que hace
del suyo un libro de agradable lectura. Una de las condiciones para
que se establezca una comunicación satisfactoria es que los
interlocutores se entiendan; una de las virtudes que más se deberían
apreciar en un diccionario es precisamente esa, que se entienda.
Pero la apasionante e ingrata tarea de redactar definiciones claras,
completas y precisas, y en todo caso adaptadas al lector, exige del
lexicógrafo poner en juego una gran disciplina de trabajo, una
profunda sensibilidad lingüística y otras muchas cualidades, innatas
o adquiridas. |
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En los años en los que la revolución informática
deslumbra todas las ramas del saber, en los que la tecnología actual
ha hecho pasar página a tantos métodos de trabajo ahora considerados
anticuados, la lexicografía se ha visto también enriquecida por las
nuevas posibilidades que se le brindan. El equipo que elabora un
diccionario tiene hoy en día más fácil acceso a la documentación que
precisa; tiene la posibilidad de preparar y explotar grandes, tantas
veces abrumadoras, bases de datos, las cuales le permiten obtener
información objetiva que en parte reemplaza la intuición y amplía
los horizontes de la propia competencia lingüística; tiene en sus
manos la capacidad de organizar toda esta información de la manera
que juzgue más conveniente... Pero, en definitiva, la
responsabilidad última sobre el concepto del diccionario que se
quiere elaborar, la decisión sobre los tipos de información que
resultan pertinentes en cada caso y, no en último lugar, la
redacción precisa de todas y cada una de las definiciones recae
exclusivamente en el lexicógrafo. Valiente tarea la de escribir un
diccionario; admirable la de quien consigue hacerlo bien.
Pero a muchos, todavía más
que la claridad de las definiciones, lo que nos atrae de este
diccionario es la cantidad de información que en él se encuentra.
Coherente con la idea de que el diccionario es una herramienta, no
escatima esfuerzos la autora en proporcionar en su obra la
información que considera oportuna para el adecuado uso del
español. Cuando aún no se había desarrollado en España una
lexicografía didáctica que pudiera llevar este nombre, cuando el
estudio del léxico parecía irremisiblemente desligado del componente
gramatical, cuando algunas de las actuales líneas de investigación
en lingüística aún no tenían cabida entre nosotros, María Moliner
nos informa en su diccionario de cómo, cuándo y en qué
circunstancias se usan determinados vocablos para expresar qué, y
nos da pistas sobre otros que podríamos tener olvidados. ¿No es este
el secreto de un diccionario de uso?
Del Diccionario de uso del
español se ha dicho con frecuencia, en tono elogioso, que es una
obra hecha por una mujer de talento, fruto de largos e intensos años
de trabajo, elaborada con una constancia y sentido práctico
encomiables. Bien, pero a estas alturas del milenio, sea este el que
sea, queremos suponer que ya no es motivo de asombro o de reverente
admiración el que una mujer haya emprendido un trabajo de esta
envergadura y además lo haya desarrollado bien; y si son desde luego
de admirar las circunstancias en las que se llevó a cabo el trabajo,
el tiempo a él dedicado y la meticulosidad que caracterizó a la
autora, son estas sólo características que constituyen en sí un
indicador, aún no una garantía, de la calidad de la labor
desarrollada. No es posible redactar un diccionario sin emplear un
tiempo, por lo menos, directamente proporcional a la magnitud de la
obra que se emprende. La meticulosidad, la sensibilidad apoyada en
una sólida formación, no sólo lingüística, deberían ser virtudes
ineludibles en el lexicógrafo y todas ellas se reunieron, sin lugar
a dudas, en María Moliner, pero resulta demasiado pobre juzgar una
obra de esta envergadura sólo por las cualidades de quien la
desarrolló.
Cuando se publicó la primera
edición del Diccionario de uso del español, el panorama de
los diccionarios monolingües del español era muy distinto al que
encontramos hoy en día, especialmente al que encontramos desde hace
unos meses. Aún así, el diccionario de María Moliner se ha ganado a
pulso su puesto en nuestro escritorio, nuestra confianza y nuestra
simpatía.
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