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DESDE DENTRO
Yo, que me apunté a la asociación de padres para que me salieran más baratas las actividades extraescolares del peque, jamás pensé que la fiesta de Navidad de este año pudiera llegar a ser tan especial.
Acostumbrada a entrar a escuchar al niño cantar su villancico quince minutos antes de la hora de salida, este año he sido una de las pocas madres que han vivido esta pequeña fiesta desde dentro. Y, de ser pequeña, ha pasado a tener esa magia, que solo consiguen los niños, capaz de convertir la cosa más pequeña en uno de esos tesoros incalculables que los padres guardamos entre nuestros más preciados recuerdos.
La cara de sorpresa, y a veces de susto, al ver a los Reyes Magos..., la sonrisa, y a veces la carcajada, que lograron arrancar nuestros fabulosos payasos, la ternura de las figurillas de plastilina de nuestro belén, se multiplicaron por cuatrocientos cincuenta, y todas las horas de trabajo invertidas, todo el esfuerzo de dejar cosas sin hacer en casa por venir a echar una mano, todas las preocupaciones, los nervios, los “no nos va a dar tiempo” y los “no podemos con todo”, se hicieron, de pronto, insignificantes. Y, valió la pena “perder el tiempo” con estas cosas.
A lo mejor, desde fuera, no se ve, pero el cole es algo más que el sitio donde dejamos a los niños antes de irnos a trabajar. Es un sitio donde nuestros hijos van a ir creciendo y formándose como personas. Pasan en él muchas horas al día... ¿no debería ser algo más que un sitio donde adquirir conocimientos y superar exámenes?, ¿no somos los padres los principales responsables de la educación de nuestros hijos?.
Yo no tenía muy claro para qué servía la asociación de padres. Nunca me había preocupado. Un día se me ocurrió pasarme, a ver si me podían ayudar con un problemilla, y me di cuenta de algo, que nunca me había planteado antes: la AMPA no eran unas siglas, ni era una gran institución, ni era una gente enteradísima, ni extrañísima, ¡ni eran de otra galaxia!. Eran madres y padres, como yo. Con problemas y preocupaciones muy parecidas a las mías, o a las de cualquier madre o padre. Con niños y niñas como el mío, con sus bolsillos llenos de arena, sus mocos, sus rallajos de rotulador, sus deberes, sus mochilas de alto tonelaje, sus suspensos, y esas caritas que podrías comerte a besos cada medio minuto.
De di cuenta de todas las cosas que había por hacer, de todas las cosas que se podrían hacer, y de que, yo, podía ayudar a mejorar la educación de mi hijo en el cole. No cuesta tanto quedarse una horita en la asociación después de dejar al niño en clase, y la satisfacción de haber hecho algo más por tu hijo, compensa, ¡ya lo creo que compensa!
Besitos.
Rosa, una mami.
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