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Un nuevo concepto de biblioteca escolar

Hasta ahora, la biblioteca escolar en nuestro país se ha concebido como un servicio opcional y complementario a las tareas docentes, ligado fundamentalmente al área de Lengua y Literatura; en muchos casos, se ha limitado a ofrecer una simple colección de libros más o menos organizada.

Sin embargo, los sistemas educativos más avanzados conciben la biblioteca escolar como un dinámico centro de recursos y un activo servicio de información que cumple un papel esencial en relación con el aprendizaje de los alumnos, con las tareas docentes y con el entorno social y cultural del centro. Para responder a este planteamiento, la biblioteca escolar debería mantener un estrecho contacto con el conjunto del sistema bibliotecario e integrarse en una red de documentación educativa. La biblioteca escolar se configura de esta manera como un elemento básico para establecer una verdadera cultura comunicativa y de aprendizaje permanente en los centros.

Una biblioteca escolar así concebida se puede definir como un espacio educativo, que alberga una colección organizada y centralizada de todos aquellos materiales informativos que necesita el centro para desarrollar su tarea docente, bajo la supervisión de personal cualificado, y cuyas actividades se integran plenamente en los procesos pedagógicos del centro y se recogen, por tanto, en el Proyecto Educativo de Centro, Proyecto Curricular de Centro y Programación General Anual. La biblioteca proporciona múltiples servicios de información y ofrece acceso - por diferentes vías -a fuentes de información y materiales complementarios que se encuentran en el exterior. Constituye, además, un lugar favorable al estudio, a la investigación, al descubrimiento, a la autoformación y a la lectura.

Fuente: Un nuevo concepto de biblioteca escolar. Madrid: Ministerio de Educación y Cultura, 1996. 

Un nuevo lugar de aprendizaje

 

 

La principal razón de ser de la biblioteca escolar es la de apoyar la totalidad del currículo. Debe ser un nuevo lugar de aprendizaje en el que alumnos y profesores tienen a su alcance una gran diversidad de recursos educativos y pueden poner en práctica una metodología más activa y participativa. La biblioteca escolar se transforma así en un lugar de encuentro, un espacio de comunicación e intercambio en el que desarrollar experiencias interdisciplinares y abordar los contenidos transversales al currículo. La utilización de la biblioteca escolar plenamente integrada en el proceso pedagógico del centro favorece la autonomía y la responsabilidad de los alumnos en su aprendizaje. Es el lugar idóneo para la formación de los escolares en el uso de las diversas fuentes de información y para fomentar la lectura como medio de entretenimiento y ocio.

No sólo libros

De acuerdo con su función, el fondo de la biblioteca escolar debe incluir todo tipo de materiales informativos. La exclusividad de la palabra impresa como soporte de la información ha dejado de ser una realidad hace muchos años. Por consiguiente, además de libros, revistas, periódicos y otros materiales impresos, la biblioteca deberá disponer de fotografías, diapositivas, transparencias, mapas, globos terráqueos, gráficos, discos, cintas, películas, juegos, objetos táctiles, etc. Todo ello, sin olvidar los soportes introducidos por las nuevas tecnologías: discos compactos, CD-ROM, vídeo interactivo, programas de ordenador, bases de datos en línea, acceso a Internet, etc.

Gestión centralizada

La biblioteca debe reunir todos los materiales informativos del centro. No obstante, la falta de espacio o el acuerdo sobre otros criterios de ubicación puede obligar en muchos casos a distribuir sus fondos por diferentes lugares del centro. En cualquier caso, la gestión debe estar centralizada en la biblioteca, bajo la supervisión del responsable, de manera que se garantice la organización y disponibilidad de todos los materiales.

Esta concepción de la biblioteca escolar como servicio centralizado difiere mucho de la organización de bibliotecas de aula o de departamento, que no pueden ser consideradas como bibliotecas en sentido estricto, sino que son fundamentalmente rincones de lectura habilitados en el aula o pequeñas colecciones de documentos de consulta para un equipo de docentes.

La creación de la biblioteca de centro no implica la desaparición de las numerosas bibliotecas de aula existentes, sino su transformación con una nueva perspectiva. Para acercar los libros a los alumnos y estimular la lectura, la biblioteca del centro presta lotes de materiales a las aulas por un periodo de tiempo. Siguiendo un plan establecido, estos lotes circulan por las clases de un mismo ciclo o nivel, permitiendo a sus alumnos acceder a mayor número de documentos a lo largo del curso. Cuando necesiten materiales de consulta sobre diversos aspectos del currículo, pueden recurrir a los fondos más completos de la biblioteca del centro, lo cual no es comparable a las limitaciones de una biblioteca restringida al aula.

Las bibliotecas de departamento también se deben transformar paulatinamente y sus colecciones deben pasar a ser gestionadas por la biblioteca del centro. Esto no impide que algunos documentos pueden permanecer prestados al departamento durante un curso entero, si es necesario. La gestión centralizada permite saber en todo momento de qué documentos se dispone y dónde se encuentran, así como hacer una mejor selección para la compra de nuevos documentos, evitando que se dupliquen innecesariamente. Esto es imprescindible para crear una colección equilibrada que responda a las necesidades reales y que aproveche al máximo el presupuesto disponible.

Abierta al exterior

La biblioteca escolar, como el centro del que forma parte, no puede permanecer aislada. Es preciso que se relacione con su entorno social y cultural colaborando, por ejemplo, con bibliotecas de su barrio o localidad, asociaciones culturales e instituciones públicas y privadas, para organizar actividades en común y procurarse informaciones y documentos que interesen a la comunidad educativa.

Además, para poder responder a todas las peticiones de documentación de alumnos y profesores, sobre todo las que se refieren a documentación muy especializada, será necesario recurrir en ocasiones al préstamo interbibliotecario, contando con los recursos existentes en las bibliotecas públicas, los Centros de Profesores y de Recursos y otros centros de documentación educativa.

Por otro lado, y como ya hemos visto, la utilización de las nuevas tecnologías está dando lugar a formas de cooperación entre las bibliotecas, cuyo objetivo es simplificar el tratamiento documental. Esto aporta ventajas evidentes a la biblioteca escolar, pues permite al responsable de la misma dedicar más tiempo a su función pedagógica.