RESEÑA
HISTORICA DE
LA BIBLIOTECA DEL CONSERVATORIO
Emilio Rey
García
El Conservatorio cuenta con una excelente Biblioteca cuya historia transcurre paralela a la del centro. Sus fondos son ricos sobre todo en libros, partituras y publicaciones periódicas de los siglos XIX y XX, habiéndose incrementado notablemente con donaciones, legados y adquisiciones de la más diversa procedencia. En total cuenta con aproximadamente 130.000 títulos, 11.000 manuscritos musicales y 3.000 horas de música grabada que están a disposición de profesores, alumnos e investigadores.
El Reglamento de 1830 dispuso la creación de una Biblioteca. El capítulo X determinó que "de todas las piezas que se impriman en España, el editor o el autor han de entregar dos ejemplares a esta biblioteca; y que debe reunir cuantas curiosidades musicales pueda adquirir sin inútil profusión, pero con toda diligencia". Proyecto tan loable como fue la creación de un Archivo Nacional de Música con sede en la Biblioteca del Conservatorio, quedó desgraciadamente truncado por falta de continuidad.
Los
primeros fondos que llegaron a la Biblioteca son un conjunto de obras, algunas
con bellísima encuadernación, que la reina María Cristina
donó. No consta quién fue su primer Archivero; parece que pudo
ser Pedro Albéniz, profesor del centro y autor del famoso método
de piano, a quien la reina María Cristina envió a París
para adquirir varias obras para las Bibliotecas del Palacio Real y del Conservatorio.
Desde el primitivo edificio de la Plaza de los Mostenses, la biblioteca fue
trasladada en 1851 al Teatro Real. Contaba ya entonces con un gran número
de óperas españolas e italianas de los
siglos
XVIII y XIX y con obras religiosas de Morales, Guerrero, Escobedo, Pontac, Nebra,
Doyagüe, Lidón, etc. En enero de 1872 el rey Amadeo de Saboya regaló
un lote de tonadillas de autores como Castel, Esteve, Laserna, Misón
y Valledor para compensar las pérdidas ocasionadas por un incendio. En
1873, el Gobierno hizo llegar a la entonces Escuela Nacional de Música
y Declamación una colección de motetes del siglo XVI procedentes
del Monasterio de Santiago de Uclés, afectado por la desamortización.
Asimismo, varios editores españoles y extranjeros y algunos particulares
regalaron obras a la Biblioteca. Con los fondos llegados del Ministerio de Fomento
más lo que ya existía, la colección ascendía entonces
a 11.200 partituras y 250 volúmenes de obras literarias. El primer bibliotecario
fue el compositor Eusebio Ruiz, quien elaboró el primer catálogo
con la ayuda del secretario del centro Manuel de la Mata. Mientras tanto, varios
donativos de entidades y personas acrecentaron los fondos. Destacan las donaciones
de Antonio Romero, Casimiro Martín, Antonio Peña y Goñi,
Román Gimeno, Antonio de la Cruz, Mariano Soriano Fuertes, Nicolás
Ledesma, Constantino Sidorowich y José Flores Laguna. La Biblioteca Masarnau
fue adquirida por la Dirección del Conservatorio en el curso 1883-1884.
Un año después fue nombrado bibliotecario y archivero el pianista
y compositor Pedro Fontanilla.
En los primeros años del siglo XX se suceden las donaciones y legados que enriquecen sobremanera los fondos bibliográficos y documentales. En esta época ingresan los legados o donaciones de Tomás Bretón, Rogelio Egusquiza, Eduardo Strauss, Jesús de Monasterio, José María Esperanza y Solá, Rogelio Villar y Valentín Zubiaurre. Los editores Zimmermann y Scuff regalaron varias obras de Sarasate en 1909, y en el mismo año la casa Nöel de París envió un lote de métodos y piezas. En 1915 se dispuso que la plaza de bibliotecacio fuese ocupada por un funcionario del Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, de reciente creación. Fue nombrado bibliotecario Julio Gómez, que desempeñó el cargo con gran diligencia y ardua labor de catalogación hasta su jubilación en 1956.
En
1925 el Conservatorio tuvo que abandonar precipitadamente el edificio del Teatro
Real, comenzando así una larga itinerancia de 41 años hasta su
vuelta en 1966. La Biblioteca permaneció en el Real algunos años
más hasta su traslado al Teatro María Guerrero, donde estuvo con
falta de medios y espacio. Al edificio de Los Luises, en el núm. 2 de
la calle de Zorrilla, fue trasladada en 1933. En plena guerra civil fue cerrada
y trasladados sus fondos por motivos de seguridad a los sótanos de la
Biblioteca Nacional, permaneciendo allí hasta su nuevo traslado a la
sede del Conservatorio en el Palacio Bauer de la calle de San Bernardo en 1942.
No obstante el trasiego de la Biblioteca en estos
años,
sus fondos fueron aumentando. En 1918 había llegado por donación
la biblioteca de Rafael Mitjana y por compra la de Arín. En 1919 fueron
compradas varias obras a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Una
donación de la Sociedad de Autores llegó en 1922. En 1923 se compró
el archivo de la Sociedad de Conciertos. Otras entregas fueron las del Ministerio
de Fomento, Unión Musical Española, República de Checoslovaquia,
lote de obras de Joaquín Turina (1932), legado de Sir John Milanés,
Biblioteca de la Infanta Isabel (1940), Biblioteca de la Junta Nacional de Música
(1941), Biblioteca de F. Bordas (1950), Biblioteca de G. Abreu (1952) y Biblioteca
del Conde de Morphy (1956). En 1943 llegó el legado Moreno Jiménez
de Borja, compartido con la Biblioteca Nacional hasta que fue adjudicado definitivamente
al Conservatorio por sentencia judicial de 1960 tras largos pleitos. Otro fondo
muy curioso que probablemente llegó a la biblioteca en 1959 es la Colección
de Documentos sobre la Guerra de la Independencia y caída en desgracia
del Conde de Godoy, Príncipe de la Paz. Entre estos documentos hay Reales
Ordenes, Decretos, Bandos, etc. del bando de los franceses y de la resistencia
española.
El sucesor de Julio Gómez en el cargo de bibliotecario fue Francisco Tolsada, quien permaneció hasta su fallecimiento en 1958, pasando a ocupar la plaza Dña. Hortensia Lo Cascio Loureiro también hasta su fallecimiento en 1979. A partir del año 1959 ingresan los siguientes fondos: donativo de Aniceto de Palma, colección de fotografías de músicos de la Sra. Lo Cascio y una preciosa colección de cartas autógrafas de personajes famosos como Mesonero Romanos, Chateaubriand, Nieremberg, Duque de Borja, Duques de Orleans y Berry y Luis XIV, rey de Francia. En 1965 se inaugura la Discoteca y se procede a la catalogación de partituras de música contemporánea que se habían quedado en la Biblioteca después de una exposición.
Un
nuevo traslado se lleva a cabo en 1966, esta vez desde el Palacio Bauer al remodelado
edificio del Teatro Real. Vuelve la Biblioteca a su sitio natural, que no será
el definitivo. A finales de 1968 se recibe la biblioteca del Intante D. José
Eugenio de Baviera; en 1969 la de Rogelio del Villar, y poco
después
la de Pascual Tartavull. Un donativo de libros de Angel Sagardía y un
legado de la cantante de ópera Carlota Dahmen se reciben en 1970. Muy
importante fue la adquisición en 1973 de la colección bibliográfica
de Gerardo Gombau, compuesta por 85 legajos. En 1974 se recibe el legado de
partituras de piano de Felipe Espino, y en 1977 el del Maestro Casal Chapí
(nieto de Ruperto Chapí) con unas 2.000 partituras de contenido variado,
sobre todo de óperas y zarzuelas. En el mismo año llegan los lotes
de discos donados por José Moreno Bascuñana y la Casa Americana.
Otros fondos menos conocidos, pero también importantes, enriquecen la
Biblioteca, que procura estar al día siempre que las posibilidades presupuestarias
del Conservatorio lo permiten. La bibliotecaria Margarita Navarro fue nombrada
en 1981 y cesó en 1989, poco antes de ser de nuevo trasladada la Biblioteca
a la nueva sede del Conservatorio del Pabellón Sabatini en Atocha. El
espacio actual, amplio y luminoso, se encuentra repartido en tres pisos del
edificio, que también acoge una modesta colección de instrumentos
musicales con algunos ejemplares realmente valiosos.
En el mes de abril de 1999 ingresa el valioso legado de libros, partituras y documentación manuscrita del insigne musicólogo hispanista norteamericano Robert Stevenson. Poco después, en el año 2000, Carlos de la Viña 0hizo entrega de la biblioteca de su padre, Facundo de la Viña. A partir del mismo año se recibe el Depósito Legal de música de la Comunidad de Madrid.
Los problemas arrastrados desde hace muchos años, debidos sobre todo a la falta de personal para realizar los trabajos de catalogación de sus valiosos fondos, se van solucionando poco a poco gracias a la buena disposición de la Comunidad de Madrid, que poco a poco ha permitido ir aumentando la plantilla de la Biblioteca.
Se espera que la transformación del Conservatorio en un centro de enseñanza superior de rango universitario servirá también para que una de las bibliotecas musicales más importantes del país sea, definitivamente, dotada de medios materiales y humanos. No merece menos el principal centro de enseñanza musical de España.
©Emilio
Rey García