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EL
CONSERVATORIO - HISTORIA
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10-06-2005
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RESEÑA
HISTORICA
DEL CONSERVATORIO
Emilio Rey
García
Desde el día 12 de diciembre de 1990, fecha en que fue inaugurado en acto académico solemne presidido por el entonces Ministro de Educación y Ciencia D. Javier Solana Madariaga, el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid tiene su sede en un remodelado pabellón del siglo XVIII, en frente del Centro Nacional de Arte Reina Sofía y aproximadamente a 200 metros de la también remodelada estación de Atocha.
El pabellón que alberga el Conservatorio, rehabilitado por los arquitectos Manuel e Ignacio de las Casas y Jaime Lorenzo, era anteriormente el Hospital Clínico de San Carlos, anejo a la vieja Facultad de Medicina y al Hospital General de Atocha, hoy destinado a Centro de Arte Reina Sofía. A principios del siglo XX, el edificio ya había sido reformado por el arquitecto D. Cesáreo Iradier para servir de Clínico, pero en origen se proyectó para formar parte del Gran Hospital de Atocha (Francisco Sabatini, 1722-1795), edificio complejo e inacabado en torno a un sistema de patios construido según los cánones del clasicismo dieciochesco. Sólo se llegó a construir lo que fue Hospital y hoy es Centro de Arte, y uno de los pabellones, hoy Conservatorio. El pabellón, que estaba unido al Hospital General, fue separado definitivamente en 1929 para dar paso a la calle de Santa Isabel, quedando el lugar como hoy se encuentra.
En 1987, por acuerdo
entre los Ministerios de Cultura y Educación y Ciencia, se encomienda
a los citados arquitectos la reforma del pabellón para albergar el Real
Conservatorio Superior de Música de Madrid y la Escuela de Arte Dramático
y Danza. El Ministerio de Educación fue cambiando
de planes durante la elaboración del proyecto hasta que, por fin, el
edificio quedó destinado exclusivamente a Conservatorio Superior de Música,
con capacidad para mil cuatrocientos alumnos y noventa profesores. El edificio
consta de 5 aulas grandes, 35 de tamaño mediano, 27 cabinas de estudio,
dos auditorios y varios espacios para los servicios habituales en cualquier
centro de enseñanza (dirección, administración, biblioteca,
aula magna, aulas teóricas y servicios diversos). La rehabilitación
ha recuperado la disposición original del edificio, adaptándose
perfectamente a las necesidades de un centro de enseñanza superior de
música. El diseño interior ha logrado la conjunción de
lo funcional con lo estético, donde lo viejo y lo nuevo conviven en perfecta
armonía.
El Real Conservatorio Superior de Música de Madrid fue fundado por la Reina María Cristina en 1830 a semejanza de las instituciones que para la enseñanza de la música existían en otros países europeos, especialmente en Italia y Francia. Hasta entonces se habían ocupado de este menester los maestros de capilla que prestaban sus servicios en las instituciones religiosas más importantes, sobre todo en las catedrales y también en las capillas reales. La feliz fundación del Conservatorio por Real Decreto de 15 de junio de 1830 (publicado el 16 de septiembre del mismo año) vino a paliar un grave error del XVIII, cual fue la exclusión de la música del ámbito de acción de las Reales Academias de Bellas Artes creadas por Felipe V y Fernando VI.
La reina María Cristina era gran aficionada a la música. La fundación del Conservatorio que entonces llevaba su nombre, se consideró como obra personal suya estando en la cumbre de su popularidad. Las clases comenzaron el día 1 de enero de 1831, pero la inauguración fue hecha con gran pompa el 2 de abril del mismo año. Formando parte de los actos solemnes de inauguración, el 6 de marzo de 1832 se representó el melodrama lírico español Los enredos de un curioso, escrito por Félix Castrillo con música de Ramón Carnicer, Pedro Albéniz, Baltasar Saldoni y Francisco Piermarini. La obra, que se conserva manuscrita en la Biblioteca del centro, será editada próximamente con estudio y revisión del profesor Jacinto Torres. Su primer Director fue el cantante de ópera italiano Francisco Piermarini. Historiadores de la época como Soriano Fuertes criticaron duramente el nombramiento, señalando al mismo tiempo a Rodriguez de Ledesma y a Ramón Carnicer como españoles de sobrada competencia para desempeñar el cargo. En el centro había alumnos internos y externos, gratuitos y de pago.
El Conservatorio
estaba ubicado en la Plaza de los Mostenses, en un edificio que, con la remodelación
urbanística de Madrid, fue después el número 25 de la calle
de Isabel la Católica. La parte posterior daba a un callejón hoy
llamado calle del Maestro Guerrero, que todavía es conocido popularmente
por los antiguos del lugar como Travesía del Conservatorio. El primitivo
centro tenía una real dependencia
de
la Corte, y su organización interna se realizó, sobre todo, a
imitación de los conservatorios italianos de la época. Fueron
nombrados profesores profesionales de la casa y una especie de socios protectores
no profesionales, los "adictos de honor", que no tenían asiento
en la Junta. Entre estos personajes estaba lo más granado de la corte,
la aristocracia y la política, muchos por puro compromiso. El P. Federico
Sopeña (Historia crítica del Conservatorio de Madrid, Madrid,
Ministerio de Educación y Ciencia, Dirección General de Bellas
Artes, 1967), a quien seguimos principalmente en esta breve reseña, ofrece
como curiosidad una larga lista de los "adictos de honor" que parece
una "guía de salón de la época". Como "adictos
facultativos" se incorporaron profesionales de prestigio que asistían
a las Juntas con voto consultivo pero no deliberativo, y formaban parte de la
orquesta en los conciertos públicos del centro. También fueron
nombrados "maestros honorarios", entre otros el ídolo Rossini,
el napolitano Silverio Mercadante y el Maestro de Capilla de Salamanca Manuel
Doyagüe, con autorización expresa para poder vestir el uniforme.
El primer Reglamento, publicado el 16 de septiembre de 1830, fue redactado por Piermarini. Orientadas sus actividades en torno a la ópera se instaura la Declamación como parte inseparable del Conservatorio, lo que será tradición hasta 1951. Se regula el Gobierno del centro, la presentación mensual de cuentas, inspección, clases, matrícula, plazas y la creación de una orquesta. En un artículo del Reglamento, incumplido, se sientan las bases para la creación de un Archivo Nacional de Música, algo así como un depósito legal al que irían a parar dos ejemplares de todas las obras musicales publicadas en España. Colaborador de Piermarini fue el brigadier José Joaquín Virués y Spínola, inspirador del Reglamento y autor del famoso tratado didáctico de armonía, contrapunto y composición La Geneuphonía, adoptado en el centro. De ambos es el discurso de inauguración, escrito en lenguaje retórico de la época. Todavía se conserva en la Biblioteca la primera lista de profesores que Piermarini presentó a los reyes para su aprobación. Además de los méritos de cada uno y los sueldos, en dicha lista figuran personajes tan prestigiosos como Pedro Albéniz, autor de un método de piano, Baltasar Saldoni, autor de un método de solfeo, y Ramón Carnicer, profesor de composición, rossiniano hasta la médula, y más tarde maestro de Barbieri y Gaztambide.
Como consecuencia
de los enormes gastos ocasionados por la primera guerra carlista, el 12 de septiembre
de 1835 las Cortes suprimieron la partida presupuestaria, dejando en manos del
Gobierno la resolución del enorme problema creado. La asignación
económica quedó reducida a 24.000 duros,
lo
que llevó a una gran crisis de la que encontramos noticias en la prensa
de la época. El 25 de agosto de 1838 Piermarini fue sustituido por el
Conde de Vigo, con el título de Viceprotector. Al poco tiempo se suprimieron
las plazas de internos. Se sucedieron en la Dirección José Aranalde
y Juan J. Martínez Almagro, nombrado este último en 1848. La situación
económica del Conservatorio fue tan difícil en esta época
que estuvo a punto de desaparecer víctima de los gastos que el país
tuvo que soportar como consecuencia de la guerra civil. En más de una
ocasión, y con el fin de convencer a los políticos de la utilidad
social del centro, se hicieron peticiones explicando, entre otras cosas, cómo
los alumnos se ganaban honradamente la vida ejerciendo la profesión.
En medio de la crisis los profesores procuraron, mediante sucesivos recursos,
acabar con la situación creada. Hubo modificación del Reglamento
y reorganización, hasta que, por fin, el 2 de diciembre de 1852 se inauguró
la nueva sede en el edificio del Teatro Real, con entrada por la calle de Felipe
V. El internado fue definitivamente suprimido y creadas pensiones para alumnos
destacados. El Conservatorio del Teatro Real, que fue inaugurado solemnemente
por los reyes, tenía dos salones de actos: uno grande que daba a la fachada
de la Plaza de Isabel II, en el que se daban los conciertos sinfónicos
de Madrid con la orquesta formada por la Sociedad Artístico Musical de
Socorros Mutuos, que fue el embrión de la Sociedad de Conciertos; en
el salón más pequeño actuó la Sociedad de Cuartetos,
fundada por Guelbenzu y Jesús de Monasterio en 1863. En 1877 un incendio
destruyó el salón grande, perdiéndose un piano Pleyel,
un órgano y otros objetos de valor. En la etapa de las famosas reformas
de la enseñanza previstas en la Ley Moyano del 9 de septiembre de 1857,
dos Reglamentos, firmados por Nocedal y Salaverría, se dictaron respectivamente
el 5 de mayo y el 14 de diciembre de 1857. El Reglamento de Salaverría,
que fue el definitivo, estableció la división de las enseñanzas
musicales en estudios superiores y estudios de aplicación. Desde 1848
habían sido Viceprotectores del Conservatorio el Marqués de Tabuérniga
y Joaquín María Ferrer, y Directores Ventura de la Vega, Adelardo
López de Ayala y Julián Romea. Ninguno de los Regentes del centro
desde el Conde de Vigo hasta Emilio Arrieta era del claustro de profesores,
si exceptuamos, hasta cierto punto, a Ventura de la Vega. Según F. Sopeña
"se trata de esa figura de político-literato muy frecuente en el
mundillo académico de entonces" que hacía de puente social
entre la Corte y el Conservatorio.
Poco antes de
la Revolución Gloriosa, el Ministro de Fomento Severo Catalina, haciendo
honor a su nombre, cambió la organización reglamentaria mediante
Decreto desastroso de 17 de junio de 1868. Siguen las duras restricciones económicas
con rebaja de los sueldos y reducción de plazas docentes. Se crea el
cargo de Comisario Regio con la misión expresa de reorganizar el Conservatorio.
Por
Decreto
de 15 de diciembre de 1868 y Reglamento del 22 del mismo mes y año, se
crea la Escuela Nacional de Música y Declamación, denominación
que se mantiene hasta el año 1900. En el mismo año de 1868 fue
nombrado Director Emilio Arrieta, hombre de extraordinaria flexibilidad política
que permaneció en el cargo hasta 1894. Por sendas disposiciones de 22
de noviembre de 1883 y 3 de febrero de 1888 se reguló la enseñanza
libre. Sucedieron a Arrieta en la Dirección Jesús de Monasterio,
prestigioso profesor de violín que dimitió por sentirse marginado
por el Ministerio en la aplicación de las reformas, y el organista, académico
y musicólogo Ildefonso Jimeno de Lerma. En la etapa de Monasterio se
incorporó al claustro el compositor y musicólogo Felipe Pedrell.
En uno de sus retóricos discursos Jimeno de Lerma se queja del excesivo
número de alumnos, de la indulgencia en las calificaciones y del afán
por las recomendaciones: "Número excesivo de alumnos tenemos en
determinadas clases y como corolario, número excesivo de profesores a
ellas consagrados y aún así no bastan; número excesivo
en las recompensas de exámenes y concursos; supraexcesivo en las recomendaciones,
funesto fantasma que nos sigue, que nos acerca, que nos asedia, que nos ahoga
durante los meses en la cátedra y en la casa, en la mesa, en el lecho,
en la vía pública, en el teatro, en el templo, dondequiera; día
y noche, tarde y mañana, cual si la atmósfera no se compusiera
más que de átomos y partículas de alados endriagos recomendantes;
número archiexcesivo en fibras débiles y sensibles para atender
y complacer a tan fiero ejército, que pone sitio a nuestra conciencia
artística, y finalmente, número intra y extraexcesivo de cantidades
de perjudicial indulgencia en nuestros juicios para la calificación de
los exámenes y concursos de los alumnos que (me complazco en consignarlo),
son, en su mayoría, como alumnos, de excelentes condiciones intelectuales,
como me apena tener que confesar que no se corresponde a éstas, en general,
su afán por el estudio". Discursos con retórica parecida
se suceden en años posteriores, alguno con referencias a "los males
de la Patria", consecuencia del pesimismo originado por el desastre del
98.
En 1901 fue nombrado
Comisario Regio Tomás Bretón, quien consiguió reformar
el local del Conservatorio dotándole de mejoras y ampliaciones. Bretón
logró aprobar un nuevo Reglamento y luchó para que hubiera una
mayor exigencia en los exámenes y se pusiera fin al vicio heredado de
la excesiva benevolencia en la concesión de premios. Fue en esta época
cuando Pablo Sarasate cedió al
Conservatorio
mediante legado uno de sus Stradivarius y 100.000 francos para dotar un premio
anual de violín que lleva su nombre. Tras la dimisión de Bretón
el día 25 de noviembre de 1911 harto de luchar en todos los frentes,
según sus propias palabras, le sucedió en el cargo interinamente
el Subsecretario del Ministerio de Instrucción Pública Señor
Montero Villegas hasta que fue nombrado Enrique Fernández Arbós,
el Director de más breve mandato en la historia del centro, pues sólo
permaneció en el cargo 24 días, desde el 1 de enero de 1912 hasta
el 24 de enero del mismo año. El mismo día accedió al cargo
de Director el crítico y musicólogo Cecilio de Roda y López,
quién permaneció durante el breve paréntesis de dos años,
el tiempo suficiente para instalar la calefacción en el centro, cuestión
nada baladí en la época. A instancias de media España vuelve
triunfante Tomás Bretón en 1913 coincidiendo con un gran aumento
del número de alumnos y logrando aprobar un nuevo Reglamento el 25 de
agosto de 1917. Bretón volvió en olor de multitudes. El claustro
de profesores aprobó su vuelta por unanimidad, pero lo más llamativo
fue la actitud de sus paisanos salmantinos, que montaron una campaña
en su favor que se hizo casi nacional.
Bajo el mandato del violinista Antonio Fernández Bordas, que había sido nombrado Director en 1921, el Conservatorio fue desalojado del Teatro Real por Real Orden del Ministerio de Instrucción Pública del 14 de noviembre de 1925 que declaraba el edificio en ruinas y ordenaba la suspensión urgente de las clases, comenzando así una prolongada peregrinación del centro por diferentes edificios y locales de Madrid hasta que en el año 1966 vuelve al Teatro Real. Al teatro María Guerrero, entonces llamado de la Princesa, fue trasladada la biblioteca y algunas de las clases. Las oficinas fueron a parar a un piso de la calle de Pontejos. Algunas entidades particulares y públicas como la Casa Aeolian, Unión Musical Española, Casa Campos, Casa Fuentes, Escuela Superior de Pintura, Teatro Cómico y Colegio Nacional de Sordomudos cedieron desinteresadamente sus instalaciones al Conservatorio. La salida precipitada del Real llevó a una situación de abandono durante varios años por parte de las autoridades académicas que se dejó notar seriamente en la buena marcha de la enseñanza. En 1932, durante la II República, el Conservatorio se instaló en el edificio de la Congregación de los Luises en la calle de Zorrilla núm. 2, propiedad de los jesuitas. Bordas fue hombre prodigioso en la acomodación a diferentes situaciones políticas: fue Director con el régimen constitucional, con la dictadura de Primo de Rivera, con la monarquía agonizante, con casi toda la república y durante los primeros meses del franquismo hasta su jubilación. Su mandato se caracterizó por la resistencia a cualquier innovación y por el aislamiento del Conservatorio de la vida musical del país. De importancia para el centro bajo su mandato fueron los nombramientos de Oscar Esplá como profesor de "Folklore en la Composición" y de Eduardo Martínez Torner como profesor de "Prácticas de Folklore". Al poco tiempo de comenzar la guerra civil, fue destituído Fernández Bordas, quien recuperó el cargo en 1939, año en el que el Conservatorio se trasladó a unos locales del Teatro Alcázar, totalmente insuficientes.
En 1940 llega a la Dirección el P. Nemesio Otaño, hombre que con gran tesón y sacando partido a sus influencias consiguió un nuevo local más digno, el palacio de la familia Bauer en la calle de San Bernardo núm. 44. Reformado el precioso e inolvidable palacio Bauer, fue inaugurado en 1943 como nueva sede del Conservatorio, coincidiendo con la puesta en marcha de la reforma de 1942. La reforma nació con varios vicios de origen, y no fue secundada con las dotaciones presupuestarias necesarias. En 1951, el P. Federico Sopeña fue nombrado Delegado del Gobierno a la edad de 34 años. El mismo Sopeña da cuenta en su libro citado de las realizaciones más destacadas bajo su mandato: apertura a la juventud, contactos con la vecina Universidad Central, gran actividad de conciertos, inauguración de la Discoteca y creación de la Revista Música, dirigida desde el Conservatorio en colaboración con el Instituto Español de Musiclogía y editada por la Sección de Publicaciones del Ministerio de Educación Nacional. Jesús Guridi (1956) y José Cubiles (1962) llegaron a la Dirección del centro en edad cercana a la jubilación. En la etapa Guridi fue iniciado el primer proyecto para la reforma de la enseñanza y se dieron los primeros pasos para la vuelta al Real. Destacable en el mandato de José Cubiles fue la mejora en la retribución del profesorado. El 11 de junio de 1964 es nombrado Director el compositor y catedrático más jóven del centro Cristóbal Halffter, bajo cuyo mandato se procedió a la adquisición de partituras de música contemporánea y de varios pianos de cola marca Steinway. El nombramiento de Halffter fue acogido con recelo por unos y con entusiasmo desbordado por otros.
Siendo Director Francisco Calés Otero, el 18 de Octubre de 1966 el Conservatorio vuelve a su antigua sede del Teatro Real, a un edificio renovado y dotado de grandes medios materiales comparables a los de los mejores conservatorios europeos. Por fin el Conservatorio quedaba instalado en una sede que entonces se creía definitiva, lo que no se ha cumplido, pues es tradición en España que las cosas importantes no sean definitivas o simplemente perdurables. Coincide el traslado al Real con la reforma de las enseñanzas contemplada en el ya famoso Decreto del 10 de septiembre de 1966, que aún sigue vigente. Calés permaneció en el cargo hasta 1970, sucediéndole José Moreno Bascuñana, que fue Director desde 1970 hasta 1979 e impulsó la creación de la orquesta del Conservatorio.
La primera etapa
como Director del organista Miguel del Barco Gallego trascurrió entre
1979 y 1983. Realizaciones importantes de su primer mandato fueron las
siguientes:
estabilidad del profesorado, normalización de la secretaría del
centro, actos conmemorativos del 150 aniversario del Conservatorio con asistencia
de S. M. la Reina Doña Sofía, celebración en el centro
del segundo Congreso Nacional de Musicología (1983), importante adquisición
de fondos para la Biblioteca y la Fonoteca, actualización de actas y
documentos de los archivos históricos, democratización de estructuras,
etc. Desde 1983 a 1988 tres Directores se sucedieron en el cargo: Pedro Lerma
León (1983), Encarnación López de Arenosa (1985) y Carlos
Esbrí (1987). Fue ésta una etapa de transición especialmente
convulsa que los tres Directores tuvieron que sufrir.
Desde 1988 accede de nuevo a la Dirección Miguel del Barco, quien permanece en el cargo hasta nuestros días. Entre las realizaciones de su segundo mandato destaca su papel activo en la importante reforma general de las enseñanzas musicales contemplada en la Ley de Ordenación General del Sistema Educativo (LOGSE), ley que recoge algunas aspiraciones largamente esperadas como son la separación de grados, la creación del Cuerpo Superior y la actualización de titulaciones, que son equivalentes a todos los efectos, al grado de licenciado universitario. También han sido fructíferas sus gestiones para conseguir la nueva sede del Pabellón Sabatini, reconocidas por la mayoría de los miembros del claustro de profesores, pues por primera vez el Conservatorio Superior de Madrid cuenta con un edificio propio de magníficas instalaciones. Un acontecimiento internacional de primer orden se celebró en el Conservatorio en la ya mítica efeméride del 92: el XV Congreso de la Sociedad Internacional de Musicología, que acogió en sus aulas a más de 800 musicólogos de todo el mundo.
La historia del
Real Conservatorio Superior de Música de la Madrid discurre en gran parte
paralela a la historia de la música española de los siglos XIX
y XX. Cualquier observador de la música medianamente informado debe reconocer
sin ambages que el Conservatorio Superior madrileño ha sido y es la institución
más importante de enseñanza musical en España. Por sus
aulas han pasado, bien como profesores, bien como alumnos, los más eximios
músicos españoles en el campo de la
composición,
la interpretación, la musicología y la pedagogía. La simple
mención de algunos nombres es suficiente para corroborar este indiscutible
aserto: Ramón Carnicer, Hilarión Eslava, Pedro Albéniz,
Baltasar Saldoni, José Inzenga, Emilio Arrieta, Rafael Hernando, Emilio
Serrano, Amadeo Vives, Ruperto Chapí, Jesús de Monasterio, Tomás
Bretón, Felipe Pedrell, Manuel de Falla, Eduardo Martínez Torner,
Benito García de la Parra, Conrado del Campo, Joaquín Turina,
Julio Gómez, Gerardo Gombau, Bartolomé Pérez Casas, José
Tragó, Pilar Fernández de la Mora, Joaquín Larregla, Rogelio
Villar, Joaquín Malats, Jesús Arámbarri, Pablo Casals,
Antonio José, Ataúlfo Argenta, Joaquín Rodrigo, José
Subirá, Manuel García Matos, Samuel Rubio, Teresa Berganza, Joaquín
Achúcarro, Antón García Abril, Cristóbal Halffter,
Luis de Pablo, Agustín González Acilu, Carmelo Alonso Bernaola,
Antonio Gallego, etc. La lista de alumnos y profesores que han tenido relevancia
nacional o internacional sería interminable y demostrativa de la importancia
del Conservatorio en la vida musical y cultural madrileña y española.
Comenzado el siglo XXI el Conservatorio de Madrid se encuentra ante un reto importante: la puesta en marcha de un nuevo plan de estudios que se deriva de lo dispuesto en la LOGSE. Los planes de estudio y las personas que los aplican se suceden en el tiempo. Surgirán dificultades en la aplicación de las reformas, pero el centro, a pesar de los avatares y de alguna que otra contrariedad, seguirá haciendo historia viva y positiva. Así ha sido a lo largo de ciento setenta años.
©Emilio
Rey García, 1997