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  • 19-Jun-2010

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Concurso de microrrelatos 2009-2010


CATEGORÍA A

Primer premio:

Los mundos de mi pijama

Nayara Díaz Morales. 1º ESO C

Llegó la hora de acostarse. Es la hora que más me gusta del día, porque me encanta mi pijama. Tiene tres círculos grandes, que me recuerdan a mundos, en cada uno, yo soy la protagonista. Cada noche sueño con un mundo verde, azul o naranja, pero siempre cambia algo. En el mundo verde, estoy en un bosque rodeada de animalillos que me ayudan y juegan conmigo. En el azul, estoy en un barco con delfines y escuchando el canto de las ballenas. El agua es cristalina, tanto, que se ven los peces nadando despreocupados. Y en el mundo naranja, vivo con un gnomo anaranjado muy simpático y gracioso; cuando sueño con este mundo, noto que me despierta haciéndome cosquillas con una pluma en la nariz, pero es todo fruto de la imaginación. A veces hay un mundo rosa, que no sé de dónde sale, pero me gusta mucho, allí soy una princesa que tiene un unicornio con el que cabalgar por el arco iris. ¿No sería bonito vivir en mundos así, sin guerras y sin hambre? Pero esto solo ocurre en la fantasía. Es la reflexión que hago yo todas las noches con estos sueños.

Segundo premio:

El gorrión y el águila

Eduardo Rodríguez Palomín 1º ESO B

Érase una vez un bosque de España, cuyo nombre no recuerdo, (ni me importa) en el que vivía un gorrión grande, rápido, valiente y presumido que era muy popular. Todo era gloria para él, hasta que un día llegó… un águila mongola desde Mongolia en un barco que ni flotaba y le declaró la guerra (por envidia). El águila era patosa y poco inteligente (no parecía que hubiese aprobado ni la ESO ni el ese).

Se persiguieron durante tres años, en los que el águila no paraba de darse con cualquier árbol o cosas por el estilo, hasta que, ¡por fin!, se le ocurre algo al águila: contratar a un cazador para acabar con el gorrión.

El cazador acabó con el gorrión, el águila se lo comió; después el cazador, que también era estúpido, se comió al águila y murió de indigestión. El resto de gorriones murió por ver exceso de tontería

FIN

¡No! En el cielo (o como lo queráis decir) el águila siguió persiguiendo al gorrión toda la eternidad.

FIN

Todavía no. El cazador fue al infierno, aunque revivió, porque el diablo no aguantaba sus prácticas de tiro fallidas.

Anotación para el que no se dé cuenta: Mongolia no tiene mar.

 

CATEGORÍA B

Primer premio:

La fuerza del destino

Marina de la Hoz López

El despertador no sonó a las siete… El calentador dijo ¡basta! a mitad de mi ducha… Terminé con el café en mi camisa… Me pusieron una receta por estacionar en carga y descarga; además, el coche no arrancó… Corrí al autobús de menos cuarto, pero el conductor corrió más que yo en arrancar… Llamando por teléfono, se me cayó a un charco y creo que por eso no se enciende… Mi jefe me llamó a su despacho para comenzar con esa frase: “todo el que ha destruido un imperio o salvado una nación ha pasado por esto”. La lotería: un reajuste de plantilla. ¿Cómo le diría a mi mujer que tendría que pluriemplearse porque con su vocación de diseñadora no entra dinero a casa?... Estaba lloviendo a mares y por supuesto volví andando sin paraguas… En la cocina solo había una nota que decía: “Querido marido, me voy, lo hemos pasado bien, en una semana te paso los papeles del divorcio. Posdata: no te lo tomes como algo personal. Siento lo de tu trabajo y recuerda: “todo el que ha destruido un imperio…” ¿Por qué me habré casado con una chica que aspiraba a estar con un millonario y a tener por amante a su jardinero?

Corrí más que el destino: Me deshice de su chucho y quemé la casa estilo hindú de mi … ¿Señora?... Recibí una llamada de Fernández diciéndome que él también había tenido un día horrible… ¡había perdido su bolígrafo!

Segundo premio:

Sin fin

Alberto Pascual López.3º ESO B

Tú eres el que mira, yo soy el que te ve. Por mí eres como eres. Te sigo, pero no soy tu sombra, me miras pero solo te ves. Nadie me comprende. Sólo puedo ser lo que tú eres, no ser persona me atormenta. Ni siento, ni padezco más; por ti, sé lo que es ser. Para poder morir se tiene que vivir. Vivir es lo que quiero, pero morir es lo que anhelo. Una espiral de ilusiones me rompe en mil pedazos, pero por más que me rompa mi razón sigue latiendo. Siempre vienes a verme, para querer verte, para observarte, pero nunca para entenderme.

¿Qué es este tormento del cual me lamento y por el cual no siento, no soy?

No puedo mirarme porque soy un ojo, gigante.

Mi reflejo se refleja en tu reflejo del que escapo muriendo en mi intento de saber.

Y la envidia me corroe, cuando te veo andar, comer, sentir, pues un espejo carece de algo tan valioso como es vivir, de ser persona. No ser un reflejo que se pierde en tu ser.

Tercer premio:

Atrapado en mí

Silvia Sanchidrián Jiménez. 3º ESO C

Hace ya tantos años que ya no recuerdo cuántos, estaba yo escribiendo el final de mi última obra, pues mi vida ya llegaba a su fin y mis manos no estaban tan diestras como querría. Estaba absorbido y completamente obsesionado. Cada mañana me levantaba con una nueva idea y cada noche antes de dormir releía varias veces lo escrito durante la jornada. Pretendía emular a los grandes escritores, tales como Machado, o incluso Cervantes y pretendía permanecer vivo en mis libros pues tenía un temor irrefrenable a la muerte, al anonimato. Uno de esos días en los que no podía cesar de escribir me sorprendió un amanecer que quedaría descrito como el más bello en mi obra. Entonces comprendí que aquel libro solo era la historia de mi vida plasmada sobre el papel y entonces una luz emergió del manuscrito y me absorbió de forma cálida. Me encontré entres sus páginas, entre sus letras y líneas, en un mundo nuevo más allá de lo real.

Horas más tarde hallaron mi cuerpo sin vida recostado sobre el escritorio. Alguien tomó mi libro y debió de quedar encantado pues lo reprodujo y extendió por todo el mundo. Todos hablaban de mí como si hubiera muerto, pero se equivocaban; solo estaba atrapado en mi propia historia.

 

CATEGORÍA C

Primer premio:

Incompleto totalmente…

Lucía Vozzi Sánchez. 2º Bach. HUM

- Estás preciosa esta noche.

- Que te den por el culo.

- Bueno, muñeca, ¿sigues en las mismas?

- No sé, tal vez haya cambiado algo. Pero sí, sigo pensando que el tiempo sigue poniendo a la gente en el sitio que le corresponde, por mucho que la conveniencia y la falsedad rompan barreras. Sigo sin esperar un príncipe azul, ya que nunca fui princesa. Sigo intentando superarme, aunque mis sueños hayan variado. Sigo viendo la realidad tal y como es y luchando día a día mejor o peor. Sí, algo ha cambiado. Ya no me importan, ya sabes, pero bueno, el tiempo y tal, cada uno recoge lo que siembra, aunque mi indiferencia es tal que, aunque esto no pasara, me daría igual.

- Así que esta noche nada de nada, ¿no? Jajajajaja. Es algo que siempre me gustó de ti, ese carácter y las arruguitas que se te hacen en la frente al alzar las cejas, eso y, bueno, las cosas que veo en ti, en tus ojos y que tú te niegas a mirar apartándolas a un lado como trastos viejos. Eres curiosa, bueno eres más que eso, pero seamos honestos, aunque pudiese decirte lo que eres realmente, nunca pude discutir contigo, ¿quieres un cigarro?

- No, ya tengo yo, pero, si me das fuego, te dedico una de esas sonrisas que siempre me pides, intentaré que sea real, soy muy buena actriz cuando quiero…

Segundo premio:

Y acuérdate de tirar las plantas

Cristina Marcos Quirós. 1º Bach. HUM

Aun medio dormida enciende la radio y se mete en la ducha. Mientras deja que el agua moje el pelo, se toca el pómulo distraídamente. Diez minutos después coge su maquillaje y, con cuidado, limpia el empañado espejo con la mano. Mírate, le dice éste.

Ella sonríe.

Mírate bien.

Deja caer el pintalabios. Lo ha visto… una sombra negra recorre su antebrazo. Su ojo derecho rodeado de un color amarillo. ¿Quién es esa?

Al final del pasillo se oye un segundo despertador, un movimiento de sábanas y el arrastre de unos pies. Él entra al baño sin preocuparse por saber si está ocupado y le dirige un gruñido a eso que está frente al espejo. Sin esperar contestación, se ducha.

Lentamente ella va siendo consciente de lo que ocurre e intenta aferrarse a la realidad mirando su reflejo… su propia negación.

Los gritos, golpes e insultos van llegando a su memoria a cada paso que da a cada pasillo que corre, a cada puerta que cruza. Horrorizada, mira a su alrededor.

¿Queda aún vida en ese lugar? Todo se lo ha llevado él.

Hasta las plantas están muertas.

Tercer premio:

Última parada…

María Gil García

  • Son las ocho y ella llega tarde.
  • Sale de casa, baja la calle. Son
  • ocho y diez. Kilómetro cero.
  • Ya está en el metro, faltan seis
  • minutos para que llegue el próximo
  • tren. Saca los cascos y suena la
  • misma canción de todas las mañanas.
  • Por fin llega, pero no hay sitio y
  • decide quedarse de pie.
  • Un chico entra, es alto, moreno y la
  • sonríe. Solo queda una parada,
  • ella cambia de canción, él se le
  • acerca, la roza. Ella parece
  • hechizada. Suena un pitido, es su
  • parada. Frenazo y sus cuerpos chocan.
  • Ocho y veinte. Ocurre, ella cae rendida
  • a sus pies. La gente empieza a
  • gritar, un charco de sangre y él
  • ya no está.

 

CATEGORÍA D - PROFES

Primer premio:

ÚLTIMA VISITA A LA CASA

Pedro Lomas Nielfa

La primera en llegar fue la tía Mary, con su marido. Ni siquiera aparentaban tristeza, por mucho que dijesen lo contrario. Después vino Paco, tu hijo mayor con el imbécil del primo Paquito. Se llevaron el reloj que había en la pared. Ése al que te tanto te gustaba que yo le diera cuerda. No es que esperase algo distinto, pero me fastidiaba verles como urracas, intentando llevarse lo que suponían de valor, después de tanto tiempo sin venir a verte. Sin llamarte. Tampoco vinieron anoche, y te velé yo solo, después de que las vecinas se fuesen. Quizá si mis padres no hubiesen muerto hace cuatro años yo no me hubiese venido a vivir contigo y no te hubiese querido tanto, porque conocerte era quererte. Yo permanecía impasible en el sofá; la mirada fija en una foto que había sobre la tele. Era de hace catorce años, y me tenías en brazos con ilusión de abuela primeriza. Yo acababa de llegar al mundo y tú me dabas calor. Como tantas veces. Ahora sentía frío cuando pensaba que venderían la casa y, seguramente, éste sería mi último rato en el sofá en el que me contabas tus historias. Cuando preguntaron por tus joyas y por el dinero que supuestamente guardabas yo me encogí de hombros, pero no dejaba de recordarte tumbada en tu ataúd, adornada con tus joyas, salpicada de billetes.

Como una faraona del Antiguo Egipto.