CONCURSOS DEL AMPA
PREMIOS
I EDICION CONCURSO DE LITERATURA DEL IES ATENEA
El jurado ha resuelto conceder el primer premio de literatura, modalidad de relato corto:
- CATEGORIA "A"
PRIMER PREMIO: con un importe en metálico de 50.00€ a:
"Las primeras luces del amanecer" de la alumna Silvia Sanchidrián Jiménez de 2º de ESO
SEGUNDO PREMIO, con un importe en metálico de 30.00€ a:
"Juramento bajo la luna llena" de la alumna Miriam Gallardo Antón de 2º de ESO.
- CATEGORÍA "B"
PRIMER PREMIO, con un importe en metálico de 50.00€ a:
"Una ciega con ojos sanos" de la alumna Carla Lozano Gudín de Bachillerato.
CONCURSO LOGOTIPO AMPA IES ATENEA
PRIMER PREMIO, con un importe en metálico de 50.00€ a:
Miriam Molina Lechón
ACCESIT, con un importe de 30.00€ a:
Carla Lozano Gudín
La entrega de premios se realizará a final de curso en la fiesta que el AMPA organizará para celebrar nuestro primer certamen literario. De la fecha y lugar se informará puntualmente. Os esperamos a todos.
Relatos
LAS PRIMERAS LUCES DEL AMANECER
Las primeras luces del amanecer hirieron mis párpados y me despertaron con una extraña calidez. Abrí pesadamente los ojos y me encontré en un lugar que no creía que existiera fuera de las películas pero era real, no estaba soñando, pues podía percibir el dulce olor de las rosas y el canto de los pájaros que me envolvía una suave nana. Mi memoria empezó a retroceder para explicarme cómo había llegado hasta allí, y mi corazón dio un vuelco cuando fui consciente de todo. Me giré bruscamente buscando una presencia junto a mí.
El despertador sonó como de costumbre, y me levanté con ligereza pero al mirarme los ojos descubrí que estaban rojos y que llorar no había sido la solución a mi cobardía. M e vestí rápidamente, desayuné tan sólo un vaso de leche y me fui al instituto a un paso que podía confundirse caminar con correr. Cuando llegue todos murmuraban y caminaban de acá para allá nerviosamente. Pregunté qué había ocurrido y me explicaron que dos alumnos habían desaparecido misteriosamente. La noticia me dejó helada, pero cuando Lucía comenzó a mirarme con compasión comprendí la verdad y tuve que apoyarme contra la columna para sostenerme en pie. Las dos personas desaparecidas eran mi gran amiga Silvia y un chico del cual estaba bastante enamorada, pero no había tenido valor para decírselo y le había visto marchar a París con todo mi pesar, y esta era la causa de mis lágrimas de la noche anterior. Tras meditarlo durante unos segundos y con las piernas aún temblando, solo encontré una solución: viajaría a Francia y los buscaría yo misma si era necesario.
Durante todo el día estuve haciendo planes y todos intentaron persuadirme de emprender mi viaje, pero yo ya tenía 18 años y suficiente dinero ahorrado como para comprar un billete de avión así que nadie podía retenerme allí. Reserve el primer vuelo a París, aunque habría preferido usar otro tipo de transporte ya que tenía vértigo, y los aviones me causaban un terror inexplicable, pero no tenía tiempo pues no sabía si ellos lo tenían. Mientras mi familia seguía rogándome que no me fuera, hice las maletas y me embarqué en un viaje sobrevolando las nubes. En otra ocasión me habrían inundado el pánico por el simple hecho de acercarme al aeropuerto, pero no tenía tiempo para pensar, así que durante las dos horas de vuelo fui haciendo planes para ese mismo día.
Me instalé en un pequeño hostal a las afueras de la ciudad no muy lujoso, pero eso no me importaba lo más mínimo, y salí lo antes que pude para recorrer la ciudad con una mochila que contenía una cámara, una botella de agua, un mapa, un diccionario, un bolígrafo y una libreta. En el bolsillo el móvil y algo de dinero, y en el corazón la angustia y la impotencia. M e dirigí a la Torre Eiffel. Subí hasta lo más alto y pregunté por una foto de mis amigos que llevaba en la libreta, y que había tomado días atrás sólo para tener un recuerdo que me quedaría de ellos para siempre. Intente apartar aquellos pensamientos de mi mente, porque los encontraría y estarían bien, y seguí preguntando, sin éxito ya que nadie los había visto. Entonces pensé que sería mejor volver al lugar donde les vieron por última vez, Disney Land París, aún sabiendo que a estas alturas era imposible que estuvieran allí pues si alguien los hubiera secuestrado no se habría quedado allí a esperar a que vinieran a buscarles. Hablé con el director del parque pero me dijo que nadie había visto nada y era como si se les hubiera tragado la tierra, lo que no me dio muchas esperanzas.
Tras esta desalentadora conversación, pensé dar un paseo por allí. Salía del gran edificio en el que había estado con el director cuando un anciano chocó conmigo, me miró a los ojos y algo extraño se removió en mi interior. Iba a preguntarle si sabía algo pero echó a correr y no tuve oportunidad. Debería de estar a punto de rendirme, pero tenía el presentimiento de que sabía perfectamente hacia dónde dirigirme así que seguí a mi instinto que me llevó a una estrecha calle vacía. Había varios símbolos en la vieja pared de ladrillo que parecían decir algo. Observé atentamente alrededor, y de pronto reparé en el suelo donde se encontraban dispersos los mismos símbolos que en la pared. Fui pisando las baldosasen el mismo orden en que estaban dibujadas en la pared, y cuando apoyé el pie sobre el último símbolo, un torbellino de luz me envolvió y me llevó a un extraño lugar dónde encontré con mis dos amigos.
Me explicaron que allí reinaba un oscuro señor que no les permitía volver atrás. El poder de este residía en su odio y la única cosa a la que temía era a que le robaran su alma; por ello había prohibido que se le representara de cualquier forma e incluso se negaba a anunciar su nombre por miedo a que desapareciera si se usaba demasiado. Me costó concentrarme en la historia ya que estaba junto a la persona que más había querido nunca, pero por fin se me ocurrió una idea. Erick y Silvia ya habían perdido toda esperanza de derrotar al gran señor, pero yo decidí que la mejor forma de demostrarle nuestro poder sería hacer la representación más exacta de su ser, y a ellos también les pareció buena idea así que me llevaron hasta él para observarle detenidamente.
Llegamos lo más cerca posible, pero un pequeño tropezón nos delató y el oscuro se percató de nuestra intrusión. Nos miró con indiferencia y dijo que debíamos recibir un castigo por el exceso de confianza. Estaba a punto de llamar a los guardias cuando yo recordé algo.
-¡Un momento!- grité
Rebusqué en mi mochila hasta sacar rápidamente la cámara de foto se hice una instantánea de su rostro. Él quedó sorprendido y me exigió ver aquel extraño aparato, pero cuando vio su viva imagen atrapada en la pequeña pantalla lanzó un grito encolerizado y mandó nuestra muerte, todo por mi culpa.
De camino al final comencé a sollozar mientras pedía perdón una y otra vez. Mis amigos trataron de tranquilizarme, y cuando veía que llegaba mi fin no pude soportarlo más:
-Te quiero…-No podía morir sin decirlo así que aquella era mi última oportunidad.
Entonces recordé una canción. “solo lo opuesto vence vencer a lo opuesto, la vida a la muerte, la felicidad a la tristeza, el amor al odio”
-Y también, y siento no haberlo dicho antes pero te quería demasiado como para soportar un no por respuesta…
Entonces los esbirros del oscuro se hicieron polvo, las cadenas desaparecieron y el señor de la oscuridad comenzó a consumirse con un grito de horror. Antes de caer en la inconsciencia comprendía que al ser odio la base de poder de aquel ser, nuestro amor lo había hecho sucumbir al igual que todo lo que gobernaba.
Después, de alguna forma desperté aquí.
En realidad no me había movido, era mi forma de ver el mundo y ese nuevo sentimiento lo que había hecho que todo cambiara y pareciera más prefecto, más agradable…Seguía en el mismo lugar pero ahora los ríos de lava se habían convertido en agua cristalina, las hogueras en arbustos y el grito de los torturados en el canto de los pájaros. Y el estaba allí. Erick abrió los ojos parecía tan desconcertado como yo, pero debió de recordarlo todo de pronto, porque me sujetó e rostro y me besó muy suavemente como si quisiera despertar a una princesa de su sueño eterno…
Silvia Sanchidrián Jiménez 2º C (Ganadora del grupo A)
Una Ciega con Ojos Sanos
Contarte mi vida no es fácil, teniendo en cuenta que tengo “dos”. Gracias a Dios la vida me vuelve a dejar sonreír.
Preguntándote estás porque hablo de dos vidas, ¿será quizás un muerto?, no, vivo, estoy viva, llena de vida como antes nunca lo había estado, ni sospeché, entonces, que vivir fuera algo así, nunca lo hubiera imaginado. Puesto que aquella decisión me hizo cambiar de vida, volví a nacer al oírlo, aunque entonces creí que moría. Parece que vuelvo a ver y sin embargo en ningún momento fui ciega, aunque si lo estuve. Vuelvo a respira profundo y ampliamente, pero nunca deje de hacerlo. Mi corazón vuelve a latir aunque nunca se paró.
Antes también me creía feliz, posiblemente lo fuera, pero ahora han cambiado las cosas por las cuales puedo sentir esa satisfacción interior que tan simplemente se refleja en el exterior, la cual llaman felicidad.
En aquellos días, en los que el cuerpo parece indestructible, cuando caminas por la calle sin saber que andas, aquel tiempo en el que hablas sin antes escuchar, por allí, en aquellas primeras piedras del sendero fue donde un fuerte golpe, que no me llegó a rozar, me hizo despertar.
Recuerdo que en aquellos meses, a quien tanta felicidad me había dado pero también fue él quien después me la había quitado. Aunque hoy, bien sé que no me la quitó, tan solo la escondió y el tiempo que tarde en buscarla, le llame tristeza.
Mucho me alegro, ahora, de que él soltara mis manos, deshiciera sus regalados abrazos y me pidiera sus entregados besos. Fue como soltar la mano al miedo, deshacer los abrazos con la inseguridad y no volver a besar más lo prolijo.
Me dolió, eso lo aseguro, nuble mis ojos con agua pura, en más de cien noche en vela, y albergué esperanzas destructivas, por mil vueltas de reloj. Deje convivir al dolor contigo, todo verdad es.
Tendida en el suelo estuve, poco a poco empecé a sentarme, me tendieron la mano, la agarré con fuerza me levanté y mis ojos no habían cambiado pero lo vi todo diferente.
Dura, seca, insociable, despojada del amor, desconfiada, solitaria, cerrada, insensible... ¿en esto crees que me convertí?...entonces no me conoces.
Escúchame bien, ojalá mi camino sirva de guía para próximas pisadas parecidas.
Cuando me levanté del suelo, la voz seca de mi garganta gritó, descubrí que podía seguir hablando y ahora lo hacía mejor. El grito traspasó mis oídos, descubrí que antes no había sentido esta sensación, este aparto estaba casi nuevo y sin función. Tal impresión al ver el grito volando, que de mis ojos unas dulces gotas limpiaron mis pupilas, descubrí que era de día, brillaba el sol, ¡anda, el mundo no se paró!
Alcé los brazos, sobre el pomo de la puerta los dejé caer, descubrí que era liso, perfectamente redondo, abarcable con la mano, y siempre lo fue así, aunque no para mí.
Aire fresco rellenó mis pulmones, brisas de primavera me acariciaban la cara, sentía un pie tras otro al caminar, era consciente de mis pasos, mil colores deslumbraban a mi vista, árboles, bloques, aceras, mujeres, ancianos, bancos, niños, perros, plantas, todo era perfecto, cotidiano, nada por lo que uno de se deba asombrar pero complementan nuestras vidas.
Todo tiene la importancia que nosotros le demos, la vida solo hay una, aunque hay muchos modos de vivirla.
A partir de aquella despedida yo elegí esta vida. Vivo como si cada día fuese el último, como si respira por primera vez después de largo rato sumergida, como quien ve la luz al salir de una cueva, como si viera cada cosa, cada objeto por primera y última vez. Nunca hago nada que no quiero que me hagan, considero siempre lo dicho de bocas mayores. Mantengo la lealtad a mi misma por lo que nunca voy en contra de mis meditados pensamientos. Procuro que mi palabra valga más que mi firma. Intento ante todo ser feliz y elimino aquello que no me produzca felicidad inmediata ni a largo plazo. Me marco objetivos, metas, sueños e intento alcanzarlos. Amo como si lo fuera a perder mañana. Utilizo más la cabeza que la lengua y haya donde voy soy educada.
Hay muchos otros tipos de vidas. Vivir sin tener en cuenta lo que existe ni cuán rápido lo vas a perder, para mí no es vivir. Y si para eso hay que caer, chocar, llorar lo haré porque siempre después vuelve a amanecer.
Carla Lozano 1º Bach (ganadora del grupo B)
