Baño de Fin de Curso 2006-2007 - 1º ESO

BRRRRRRR. EL AGUA ESTÁ MUY FRÍA

Los alumnos de 1º de la ESO del IES BARAJAS han clausurado el curso con un baño en las pozas de Las Presillas. Cierto y verdad que la temperatura del agua obligaba a dar enérgicas brazadas para contrarrestar la helor que alfileteaba el músculo y el hueso de los atrevidos nadadores. Poquitos rehusaron darse un baño.

Para llegar las extensas y verdes praderas que circundan la zona sur, la más soleada de Las Presillas, el autocar nos dejó en el puerto de La Morcuera, tras pasar Miraflores de la Sierra. La ascensión hasta los 1800 m, como siempre, ocasionaba efectos revueltos en los estómagos de todos y, además, deprimía el espíritu porque la niebla no sólo impedía ver nada de un paisaje siempre deslumbrante sino que presagiaba un día infernal, ¡vaya contradicción!

En la cumbre había un cielo encapotado y el frío obligaba a sacar los chubasqueros o los jerséis de la mochila mientras esperábamos a los colegas y alumnos del IES SUANZES con los que íbamos a compartir la caminata y el baño.

La RV6 está perfectamente señalizada y tiene anchura suficiente para los 130 caminantes machadianos. Discurre por zonas de pinar en los que la tala controlada nos permitieron ver el acarreo de los troncos por los mulos con todos los aperos; el ganado vacuno con sus crías pacían en los claros del bosque y emociona más ver mamar a un ternero en vivo que no en la pantalla del televisor.

Los riachuelos en el fondo del valle, las aves sobrevolándonos y los jerséis desapareciendo por la mejoría de la climatología y por el calor interior de caminar y caminar.

Después de más de dos horas y media, traspasar la cancela que da acceso a las verdes riberas del río Lozoya nos produjo relajo pero, ¡oh sorpresa!, el gentío que allí había era increíble: gente joven, muy joven, muy mayor, de Madrid, de fuera de Madrid, amantes del caminar, deseosos de holgazanear tumbados. Lo bueno gusta a muchos y la multitud que allí había así lo acredita.

Las tres horas siguientes discurrieron sin problemas, si descontamos lo rácano que fue el sol en asomarse. Su presencia permanente hubiese hecho disfrutar a tope una jornada de confraternización y de jolgorio.