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Re-formulación del fenómeno del liderazgo El
estudio empírico y teórico del liderazgo en las organizaciones
es impresionante y extenso, desde las teoría X e Y de Mc Gregor
y sistemas de Likert; pasando por el grid gerencial de Blake y Mounton;
hasta lo que Peter Druker en el líder de futuro y Peter Senge en
la quinta disciplina, escriben y plantean acerca de este fenómeno.
Para
re-formular el fenómeno del liderazgo, hay que apreciarlo
desde sus fundamentos más elementales. Esto quiere decir, que el
desafío es reflexionar sobre una “identidad” del liderazgo, tanto
que la definición sea lo suficientemente amplia como para que todo
fenómeno particular se vea expresado en estos fundamentos, pero
que al mismo tiempo sea lo suficientemente consistente y reducida, como
para no incluir otros fenómenos en los que acordemos no son propios
del liderazgo.
De
esta forma, si tenemos claro que es un proceso de “influenciar” sobre
otros, vemos que esto sólo es posible a través del poder
que le confiere el lenguaje, refiriéndonos al lenguaje como la capacidad
de crear y describir el mundo. De otra manera, es el poder que una misma
comunidad le confiere a otra persona, para emitir declaraciones
y juicios, hacer peticiones y realizar ofertas, y fundar todo ello en sus
descripciones acerca del mundo. El
líder, entonces influye en un sistema humano, y parece que
no hay mucho que decir sobre el sistema. Sin embargo, no es trivial pensar
si los clientes son parte del sistema o están fuera de él;
lo mismo podemos preguntarnos sobre los inversionistas, de si ellos participan
dentro, o el sistema es quién trabaja para ellos. Tampoco esta claro
de si podemos hablar de la misma forma de sistemas humanos sociales o sistemas
humanos con actividad productiva. Esta claro que quienes confluyen al sistema,
para conformarlo, ven en ella satisfechas sus necesidades o expectativas,
sus emociones.
Finalmente,
se plantea la necesidad de un propósito o visión compartida.
¿Cual es este propósito fundamental de un sistema humano?.
Esta claro que no podemos generalizar todo acerca de sistemas que son tan
diversos. Sin embargo, cualquiera sea el propósito como sistema
particular, debemos consensuar que quienes constituyen el sistema humano
en general acuerdan una visión común. Lo que es básico
en la constitución de un sistema humano, es que los individuos que
lo conforman buscan en él la posibilidad de satisfacer sus individualidades,
sus emociones. Así es, si un conjunto de médicos deciden
hacer una confederación de médicos, ellos buscan la posibilidad
de fortalecer sus condiciones de médicos en este sistema. Pero cual
es el propósito del sistema, en tanto sistema. El compromiso (responsabilidad)
de los individuos es cuidar la viabilidad de éste, para que este
siga otorgando viabilidad a sus propósitos individuales. Su viabilidad
se ve expresada en su sobrevivencia, es decir en: a) la capacidad del sistema
de conservar su organización de procesos y relaciones entre partes
que lo hacen el sistema que es (ej.: confederación de médicos);
y b) la capacidad de conservar su adaptación al medio, haciendo
frente a la compleja trama de situaciones que su entorno puede desatar. Emoción,
organización y Liderazgo Para
más fluidez y comprensión llamaremos “organizaciones” a los
sistemas de actividad humana. No generalizaremos las observaciones a los
sistemas sociales, como la familia, y todos aquellos donde lo central es
la persona. Sólo hablaremos de las organizaciones de actividad humana
donde lo central son los
acuerdos entre actores del sistema, sobre la producción de bienes
y servicios.
Las
organizaciones existen desde que la sociedad existe como tal. Estas emergen
para cubrir necesidades que la sociedad y las personas en forma atomizada
no podían cubrir (o si lo hacían significaba una esfuerzo
mayor). Las organizaciones son posibles entonces, por el emocionar de un
conjunto de personas (la sociedad, una comunidad, etc.), en caso contrario
serían parásitos. Se debe agregar que estas organizaciones
además necesitan también de un sustrato emocional para existir
y generar la oferta. Si bien la sociedad hace posible de que existan, están
también deben encontrar un sentido que se traduce en su identidad
de clase organizacional. Hoy es imposible pensar vivir sin estas organizaciones,
pues todo a nuestro alrededor que mejora nuestras condiciones de vida (y
las empeora), son satisfechas por éstas, al punto actual de adelantarse
a satisfacer las más intimas. Finalmente, nos encontramos en un
momento donde se agrega un nuevo sustrato emocional, el de los inversionistas,
quienes hacen posible la implementación de estas organizaciones,
mientras se cumplan con sus expectativas de retorno sobre su inversión. Las
crecientes complejidades de las organizaciones experimentadas en esta deriva
histórica donde se aprecia que las organizaciones emergen al conjugarse
tres fuerzas emocionales, hacen re-pensar al liderazgo organizacional como
una emergencia más amplia, donde los límites de su gestión
deben considerar a los dueños, la sociedad y los colaboradores. El
liderazgo es una propiedad emergente a partir de las relaciones entre la
sociedad/clientes, los trabajadores/colaboradores y los dueños/inversionistas/accionistas.
La necesidad de un sistema humano tan complejo como este, hace necesario
para su viabilidad, sean tomados como personas que faciliten, coordinen
y dirijan las conversaciones entre estos actores. La viabilidad de las
organizaciones sólo es posible si existe el liderazgo que sea capaz
de comprender y manejar esta complejidad. Conversaciones
y Liderazgo Otra
consideración importante al formular el fenómeno del liderazgo,
es reconocer a las organizaciones como una red de conversaciones entre
sus actores. Es a través de conversaciones como se coordinan acciones
consensuales y se generan las conversaciones que negocian las condiciones
de satisfacción de sus individualidades, protegiendo siempre la
viabilidad del sistema. Estos mundos son: yEl
mundo de producto/calidad, que responden a la emoción societal que
hace posible la existencia de la organización. yEl
mundo laboral consensual de condiciones de trabajo, premios y reconocimientos,
que responden a la emoción de todos los colaboradores que hacen
posible la viabilidad de la organización. yEl
mundo económico rentable que responden a las expectativas y emoción
de los dueños/accionistas/inversionistas, dando sentido a la existencia
de la organización.
De
esta manera, es imposible hablar del liderazgo como algo propio de una
persona, su comportamiento y sus situaciones; o los atributos que ven en
ellas. Más allá de eso, se debe hablar de un observador organizacional
que emerge del entrelazamiento entre el emocionar y el conversar entre
individuos organizacionales. Estas conversaciones hacen posible una conducta
organizacional efectiva en el tiempo (comportamiento); como de mantener
una coherencia operacional estable de propósitos consensuales y
un conjunto de conversaciones abiertas al aprendizaje. Liderazgo
y Complejidad La
complejidad es la esencia de la naturaleza y sus fenómenos. En
general nos movemos en la incertidumbre plena avanzando en base a pruebas
y errores, sustentadas en el principio de lo racional, que no es capaz
de aceptar la incertidumbre como parte de la certidumbre. Por esto las
expectativas jamás se cumplen, pues éstas son dinámicas
y están expuestas a los acontecimientos del futuro que las modifican.
Detrás del sustento emocional de las organizaciones, se abrigan
expectativas que no son satisfechas. El liderazgo se enfrenta ante esta
complejidad, y es esta complejidad la que da origen al fenómeno
del liderazgo.
Reflexiones 1)
El liderazgo es una emergencia del entrelazamiento de emociones y lenguaje
entre la sociedad, los colaboradores y dueños de las organizaciones.
El liderazgo, por tanto es una propiedad de ellas. En este sentido, serán
sus conversaciones, las que dispongan que tipo de liderazgo organizacional
serán pertinente. En estos siglos de dominio del pensamiento científico,
la cultura accidental a puesto al líder la paradoja permanente de
privilegiar a uno de sus actores por sobre los otros, lo que pone en juego
tanto la individualidad de los demás actores, como también
la viabilidad de la organización, y por tanto la que se privilegia.
La dialéctica entre las posiciones de los actores, ponen a la competencia
como punto de partida, que niega toda posibilidad de acuerdos genuinos,
negando al otro y a nosotros mismos al poner en juego la organización
que satisface nuestra individualidad. Si existe conciencia de ello, es
posible cambiar esta situación, tendiendo hacia una dialógica,
que en otras palabras es un diálogo fluido entre sus actores, que
facilitado, coordinado, canalizado y dirigido por sus líderes, es
posible mantener la visión compartida de mantener viva a nuestra
organización.
2)La
viabilidad en el tiempo de la organización depende que estas conversaciones
sean efectivas, y esto significa que se mantengan en un marco de autenticidad,
responsabilidad y libertad, y que en su relación haya coherencia,
armonía y regulación. Esto es así. Por ejemplo, es
imposible negociar mayores niveles de productividad con los colaboradores,
bajo la presión del despido, lo que muestra una perdida de libertad
en las conversaciones; todos sabemos que los resultados sólo se
dirigirán a un retroceso. Ya hablamos de la autenticidad, lo que
al negarla trasunta en pérdida de la confianza y desentendimiento
en el compartir juntos la visión de la viabilidad organizacional,
lo que pone en serios riesgos el futuro de todos y la de la organización.
La responsabilidad entendida como la veracidad del lenguaje cuando asumimos
compromisos, el no cumplirlos tendría consecuencias que nosotros
y la organización experimentarán en algún momento.
3) Sus
relaciones, como la coherencia, habla de la pertinencia de las conversaciones.
Al hablar de fútbol, lo podemos hacer en forma autentica, responsable
y libre, pero su coherencia dependerá de si nos dedicamos al fútbol
o no. La armonía es clave en las conversaciones, o sino hagamos
la prueba de pedirle a nuestro
jefe un aumento de sueldo a gritos. Mientras que la regulación cuida
la estabilidad y reflexión de las conversaciones, momentos de asentar
lo conversado. 4)La
influencia propia del fenómeno del liderazgo es influir en las conversaciones,
haciéndolas tendientes a la efectividad organizacional. Más
claro al final, la efectividad en las conversaciones entre los clientes,
dueños y colaboradores, es vital para mantener la viabilidad de
la organización que otorga sentido a sus individualidades. La labor
del líder es influir, mediante el poder que le otorgan ellos a él
en su lenguaje, para lograr seducir y convenir con ellos seguir cierta
trayectoria o escenario, donde todos comprometen acciones u omisiones,
que aseguren la viabilidad de la organización. Siempre
se corre el riego de que no se entienda lo que intentamos plantear. Depende
siempre del observador o en este caso del lector, y de sus interpretaciones
de este trabajo. Sin embargo aquí se a querido mostrar como el fenómeno
del liderazgo surge como una emergencia organizacional, y que la viabilidad
depende tanto más de los acuerdos entre quienes vean comprometida
emocionalmente su individualidad en ella, para que el liderazgo se encuentre
en buen pié para cuidar de la viabilidad de la organización,
facilitando, coordinando, canalizando y dirigiendo sus conversaciones.
Si estamos de acuerdo con ello, es que ahora podemos observar y diseñar
organizaciones desde su liderazgo, para notar las posibilidades de mejorarlas,
cambiarlas, hacerlas viables.
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