Ecoescuelas y energía

 

 

Como ya sabéis desde el curso pasado nuestro Instituto pertenece a la red de ECOESCUELAS. Se trata de un programa que está presente en más de 15.000 centros escolares de 36 países y en él participan más de 1.500.000 alumnos y más de 100.000 profesores. En España, participan más de 300 centros siendo 22 de ellos de Leganés. Con este programa se trata de concienciar, a los distintos componentes de los centros educativos, de los problemas ambientales, con el fin de potenciar el desarrollo sostenible.

 

Este curso hemos decidido trabajar el tema del ahorro energético. Es evidente que la energía es imprescindible para nuestro desarrollo y en nuestra vida cotidiana, pero también es evidente que la mayoría de la energía que consumimos procede de fuentes no renovables (petróleo, gas natural, carbón…) y que la producción y consumo  de productos energéticos (gasolina, gas-oil, electricidad…) supone un impacto en el medio ambiente.

 

 

El petróleo, la fuente energética más usada en la actualidad, está agotándose: se calcula que el petróleo se podría terminar hacia el año 2043, contando con las reservas actuales y al ritmo actual de consumo. Esto se puede comprobar a partir de la figura 1que representa la evolución de la producción a lo largo del tiempo. En ella se observa que la extracción de petróleo alcanzó su máximo antes del año 2010 y que la tendencia es que vaya disminuyendo de forma progresiva en los años siguientes. Además las nuevas reservas están en lugares que requieren cada vez más gastos y mejores técnicas además de producir, en su extracción, un mayor impacto en el medio, tal es el caso de la extracción de petróleo situado en zonas marinas: habría aquí que recordar el impacto que ha supuesto el derrame de petróleo en el Golfo de México debido a la rotura de un pozo situado en una plataforma ubicada en el mar a 1.500 m de profundidad. El gas natural presenta unos problemas muy parecidos aunque sus reservas son mayores: se calcula que hay gas natural para unos 60 años. Aunque las reservas de carbón son mayores (se estima que hay carbón para 250 años), el problema está en que éste no es tan versátil como el petróleo, no permite obtener tantos productos energéticos (no se puede obtener ni gasolina, ni gas-oil…) ni se pueden obtener tantos productos derivados (plásticos, colorantes, vaselinas…); además, el carbón produce muchos más contaminantes por unidad de energía producida lo que contribuiría a aumentar los problemas ambientales actuales.

 

 

En consecuencia, la producción y la utilización de la energía producen un impacto ambiental muy importante. En la extracción y distribución de los productos energéticos se producen importantes accidentes con consecuencias muy negativas para el medio ambiente: mareas negras, derrames, incendios…La utilización de estos productos energéticos supone una importante emisión de contaminantes a la atmósfera: NO2 (formado por la emisión de los vehículos y responsable del smog, la contaminación típica de las ciudades que da lugar a esa “boina” oscura que cubre Madrid y su área urbana muchos días del año), CO2 (producido en todo tipo de combustiones y responsable del efecto invernadero que da lugar al cambio climático), partículas pesadas (producidas en combustiones y que son responsables de afecciones respiratorias)…

 

El efecto invernadero que se debe a la absorción del calor emitido por La Tierra por ciertos gases de la atmósfera (gases invernadero) trae como consecuencia la elevación de la temperatura media de La Tierra  lo que conlleva, entre otras cosas, un cambio climático muy importante. El cambio climático supone, entre otras cosas, una importante disminución e irregularidad de las precipitaciones, un aumento en la frecuencia y la fuerza de huracanes y tornados, unas temperaturas mucho más extremas, una disminución en el espesor del hielo en los polos y un aumento del nivel del mar, la disminución de la productividad de las cosechas, el cambio en las conductas de los animales (lo que puede llevar a la desaparición de muchos insectos que son necesarios para la polinización de especies vegetales primordiales en nuestra alimentación) y la aparición, en numerosos países, de plagas antes restringidas a zonas más cálidas.

 

 

En nuestro instituto hemos decidido, durante este curso, ahorrar energía para evitar su despilfarro. El ahorro es la principal fuente de energía, a la vez que evitamos los impactos ambientales antes mencionados. Centraremos nuestros esfuerzos, en un primer momento, en el ahorro de energía eléctrica, ya que hay que tener en cuenta que aunque parte de la producción de electricidad procede de fuentes renovables (el 29%), hay un 54% que procede de centrales térmicas o de ciclo combinado que, aunque más eficientes, contribuyen en gran medida al efecto invernadero al producir CO2. Más adelante veremos la forma de ahorrar energía actuando sobre otros conceptos como el aislamiento térmico, en combustible de calefacción, etc.

 

Para llevar a cabo con éxito este ambicioso proyecto se requiere la colaboración de toda la comunidad educativa, y en especial de los alumnos. Con el fin de poner de manifiesto este problema, se va a realizar un cuestionario de auto evaluación sobre hábitos de consumo (que tenéis en esta revista) y visionar un vídeo, en el que se recomienda ahorrar energía con un pequeño gesto. Finalmente, pondremos pegatinas en todas las llaves de luz donde se os recuerda la necesidad de apagar la luz cuando ésta no es indispensable, como por ejemplo al salir del aula.

 

¡Esperamos vuestra colaboración!

 

Agustín Galeote

 

 

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