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Trabajos filosóficos premiados en 2008

 

Como cada año, en mayo de 2008 ha tenido lugar el Concurso de Redacción Filosófica para estudiantes de bachillerato que anualmente convoca la Asociación Amigos de Julián Marías, y cuyas bases han sido dadas a conocer a través de la Revista Paideia de amplia difusión en los Institutos de Enseñanza Secundaria.

 El Departamento de Filosofía del I.E.S. “Miguel Delibes” de Madrid, que ha colaborado en la organización de esta actividad, agradece al alumnado de bachillerato del Centro su positiva contribución al desarrollo de la misma y felicita especialmente a los ganadores en el Concurso de redacción por la calidad de sus trabajos. A todos os animamos a seguir participando en las sucesivas convocatorias de estas Jornadas filosóficas para que la presencia de nuestro Instituto sea en el futuro tan activa y exitosa como la ha sido en la presente ocasión.

 A continuación presentamos el texto íntegro de los trabajos premiados en la edición de mayo de 2008.  

TRABAJO GALARDONADO CON EL PRIMER PREMIO. “¿Para qué  la filosofía?” Trabajo presentado por Alicia Coballes, alumna de 2º de Bachillerato del I.E.S. "Miguel Delibes" de Madrid.

 “¿Tiene la filosofía algún valor formativo? Mi respuesta es ‘no’, no tiene valor formativo en la sociedad en que vivimos.

No necesitamos de la filosofía para alcanzar la verdad porque la verdad ya nos la da la ciencia. No necesitamos  de la filosofía para ser libres porque vivimos en un estado democrático que nos garantiza muchas libertades; libertades con los que nos conformamos sin aspirar a más, porque nuestro bienestar viene garantizado por los bienes materiales de que disfrutamos. Parece que nuestra meta sea conseguir más y más dinero para asegurarnos ese bienestar material tan preciado. Sentimos asimismo la obligación de ser uno más, y lo importante no es ya nuestra vida  sino la vida de aquellos que tienen más dinero. Así, dedicamos el tiempo libre en admirarlos, viéndolos en las revistas o en la televisión. Nos dejamos influir por la publicidad que es la que nos dice lo que debemos tener y a qué debemos aspirar; la que nos dice cómo hemos de ser físicamente, que es lo importante. Tenemos que seguir las modas. Por todo ello, la filosofía, que exige pensar y reflexionar por cuenta propia, resulta inútil porque ya nos lo dan todo resuelto y pensado. Hoy parece un sin sentido, una pérdida de tiempo, que se convierte en aburrimiento. 

         Identificar la filosofía como algo aburrido es muy frecuente entre los alumnos que cursan la asignatura en bachillerato. Encuentran que es una materia difícil, que se basa en memorizar pensamientos sin llegar a entenderlos ni a reflexionar sobre los mismos. Pensamientos de filósofos que les resultan ajenos, que poco les importan. Creen tener claro lo que ellos mismos piensan. Rechazan la filosofía, antes incluso de conocer los que les tiene que ofrecer. Pero me olvido de un detalle: ¿qué hay de esos pocos alumnos a quienes les gusta , e incluso les apasiona? ¿Son “ bichos raros”? Alguien debería llegar y aconsejarles del gran error en el que se encuentran, o incluso prohibirles esta afición, ¡no vayan a salirse del rebaño! Esos pequeños filósofos han encontrado valiosas las palabras escuchadas a sus profesores, valiosas las palabras que los filósofos han dejado en sus obras y han pensado por sí mismos a partir de ellas, no se han limitado a memorizarlas sin más. Han  sabido escuchar, han intentado entender lo leído, y de algún modo se han sumergido en el pensamiento de los filósofos a través de la historia, pero no solamente para conocer la historia de la filosofía sino para ser capaces de relacionar con ella sus propias reflexiones. 

         Reflexionar, hacerse preguntas, y buscar respuestas es algo innato al ser humano. Desde niños, con nuestra inocencia, sin prejuicios y sin pensar en consecuencias, nos hacemos preguntas e intentemos responderlas. Si un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla, aquellos que no conozcan la historia de la filosofía no aprenderán de los errores y avances del pasado , y su pensamiento filosófico estará siempre partiendo del principio. 

         Esta historia de la filosofía comienza con el afán de conocer y de liberarnos de las cadenas que nos mantienen atados a una cueva en la que sólo vemos sombras. Una vez  liberados descubrimos la luz y el mundo que explica  las sombras que en la cueva se veían. Pero este mundo, a su vez, es muy difícil de explicar por sí sólo; resulta inmenso, con muchas variedades e imperfecciones, y por ello surge la necesidad de afirmar la existencia de un Ser Perfecto, de Dios,  cuya existencia se tratará incluso de justificar mediante pruebas teóricas. Pero llega otro momento de iluminación, en el que matamos Dios y rechazamos una metafísica que ya no sirve como fundamento de nuestro conocimiento. Sólo se deja un hueco a la metafísica en el campo de la ética, a partir de ideales. Aunque aún existen “dioses” en los que nos refugiamos, como la  ciencia. Finalmente descubrimos que nuestra vida es la realidad radical, y llegamos a entender que esta vida significa una simbiosis entre el yo y las circunstancias, mi mundo. Una vida que está por hacer, y que nos ofrece un abanico de posibilidades para elegir.

         La historia de la filosofía, al igual que nuestra vida, todavía está en construcción, está proyectada hacia un futuro. Debemos por tanto elegir y construir los caminos por los cuales va a seguir nuestra vida y nuestro pensamiento. Este no se puede quedar congelado en el tiempo y no avanzar. No se tiene que conformar con la comodidad de que le den todo ya pensado, ni afirmar que todo está ya dicho. Podemos y debemos poner en duda los valores establecidos, buscar respuestas a aquellas preguntas que desde la inocencia nos hacíamos, y de las que poco a poco nos hemos ido olvidando, mientras nos hemos ido sometiendo a la rutina y a otro tipo de preocupaciones y de valores.

         La filosofía es necesaria para que avance nuestra vida y la historia, y para que progresen las sociedades. Pero no en el sentido de un progreso basado exclusivamente en el bienestar económico o en los avances técnicos, sino en el de un progreso en el que cada uno busque entender unas sombras que han adquirido formas de bienestar y comodidad; entender en definitiva nuestro mundo. Buscar también la mejor manera de relacionar nuestro “yo” con este mundo. Filosofía, pues,  para el avance y progreso humano de las mismas ciencias. Filosofía, en definitiva, para aprender y comprender del pasado, pero también para criticar, cuestionar y entender el presente, y de este modo proyectar e imaginar un futuro mejor y más plenamente humano.

          Entonces sí que la filosofía es necesaria y tiene valor formativo. 

                                                                                     Nereida 

TRABAJO GALARDONADO CON EL SEGUNDO PREMIO. “El derecho a la Filosofía”, presentado por Ángela Musat de León, alumna de 1º de Bachillerato del I.E.S. "María de Molina" de Madrid.

 “Si bien observamos que éste no es el mejor momento por el que pasamos las personas a nivel humano, como podemos comprobarlo leyendo una mañana un periódico, encendiendo la televisión, simplemente, saliendo a la calle y fijándonos en los comportamientos de las personas que nos rodean y, en primer lugar, en el nuestro.

No está escrito en ningún periódico, ni lo dice la presentadora de ningún informativo, ni tampoco lo grita la gente que pasa por la calle, pero, en mi opinión, cada vez somos menos civilizados. Y, precisamente en este aspecto, quieren hacernos ver que la situación tampoco es tan alarmante.

Yo me planteo, ¿qué pensaría Platón al comprobar que hoy en día los políticos -para él las almas que debieran ser más racionales-, dan cada vez menos importancia al pensar? Desgraciadamente, nunca lo sabremos, aunque podemos hacernos una idea aproximada conociendo su pensamiento a través de sus obras.

No contamos con Platón, pero los afectados somos millones de estudiantes a los que quieren reducir (para luego suprimir) el derecho a pensar por nosotros mismos, el derecho a la filosofía. Los políticos esperan resignación, nosotros vamos a hacer que sigan esperando.

Alardean de estar creando una generación de estudiantes “formada”. ¿Formada, en qué? Tan importante como hablar y escribir correctamente lo es el ser capaces de reflexionar sobre  lo que está pasando a nuestro alrededor. Aunque, pensándolo bien, quizá prefieran que sólo sepamos conceptos de teoría económica, matemática, estadística… Eso de pensar ya lo harán ellos por nosotros. Les diría que muchas gracias por la propuesta pero que preferimos hacerlo nosotros mismos.

Debemos hablar de la dignidad como un derecho inalienable que tenemos las personas por el mero hecho de serlo. Bien, pues, personalmente considero un ataque a ese derecho fundamental el no tener la posibilidad de pensar o tenerla cada vez en menor medida.

La reducción y posterior supresión de la filosofía recuerda bastante a la política de los estados totalitarios que pretenden un adoctrinamiento de la población desde joven con un único pensamiento válido, el suyo. Por si hubiera dudas, que le comenten a Mussolini (o a Franco) si para conseguir libertad se necesita una situación exenta de cualquier tipo de coerción y, además, la posibilidad de poder elegir entre varias opciones. Nadie dudaría de su respuesta.

Vamos a pasos agigantados hacia una sociedad lobotomizada. Los medios de comunicación de masas juegan un papel fundamental en este tema, a través de la publicidad y de los programas que elaboran. Nos suministran la información ya pensada, sin dejar espacio -ni tiempo- para una reflexión personal de la que sacar conclusiones que nos sirvan a cada uno, de forma individual, para vivir nuestra propia vida. Nosotros somos nosotros y nuestras circunstancias. Teniendo esto en cuenta, cualquier información la utilizaremos a nuestro modo.

Por ello, en nuestra sociedad actual, la filosofía cumple, entre otras, una tarea urgente, que es la de ayudarnos a superar los totalitarismos ejercitando el derecho a pensar por nosotros mismos.

                                                                            Marlion