El código secreto de la Biblia también conocido como el código de la Torá, consiste en grupos de palabras y frases que se supone que tienen un significado y que algunos creen que están colocadas intencionadamente de forma "encriptada" u oculta en el texto de la Biblia. Estos códigos se hicieron famosos a raíz del hallazgo de unas reglas de decodificación (que únicamente podrían aplicarse al texto escrito en su idioma original, el hebreo antiguo, y con la ayuda de ordenadores), las cuales demostrarían que el código puede servir para predecir acontecimientos futuros, aunque esto está por demostrar científicamente. Los más expertos decodificadores (casi todos occidentales) dudan aún de esta posibilidad. Todas estas hipótesis son negadas por los escépticos y muchos grupos religiosos. Sin embargo, para poder emitir un juicio correcto, el fenómeno debe ser estudiado mucho más en profundidad, ya que podrían existir códigos enormemente largos que aún no se han encontrado. Algunos incluso especulan con la posibilidad de que haya encriptación a varios niveles (unos códigos dentro de otros), o que se pueda buscar dentro de matrices de más de dos dimensiones.
El principal método por el cual se extraen los mensajes significativos es la secuencia de letras equidistantes (ELS). Para obtener una ELS de un texto, se escoje un punto de partida (cualquier letra) y una distancia (un número, preferentemente negativo). Entonces, comenzando en el punto de partida, se seleccionan letras del texto equidistantes, separadas por el número que se haya elegido para la distancia. Por ejemplo, en la oración: entre cojos osados, las letras en negrita leídas de izquierda a derecha, separadas por una distancia de 4 letras, forman la palabra ECOS. Los espacios y los signos de puntuación se deben ignorar.
A menudo varias secuencias relacionadas con el mismo tema pueden aparecer simultáneamente en una serie de letras. Esto se debe a que se coloca el texto en una matriz regular, con el mismo número de letras en cada línea, extrayendo después un rectángulo. En el ejemplo, se muestra parte del Génesis (26, 5–10) con 33 letras por línea. Se muestran secuencias para BIBLIA Y CÓDIGO. Normalmente sólo haría falta mostrar un rectángulo más pequeño, como el que aparece dibujado en la figura. En ese caso habría letras que faltarían, pero es esencial que el número de letras que falten sea el mismo para cada par de líneas adyacentes. Si no, no se cumpliría la secuencia.
Aunque se haya mostrado un ejemplo en inglés, para hacer una búsqueda de forma correcta habría que usar el texto bíblico en hebreo. Por motivos religiosos, la mayor parte de los defensores judíos del código usan sólo la Torá (los cinco primeros libros de La Biblia). Además, ya que las traducciones a cualquier otro idioma (de las cuales hay cientos de versiones para escoger) no son el texto original de la Biblia, esto requeriría que se creyera en el creacionismo de los idiomas (por la influencia de una entidad omnisciente, o gracias a una cuidadosa construcción) de modo que secuencias tan complejas como las encontradas en la Torá hebrea estuvieran presentes también en cada traducción. Otra alternativa consistiría en admitir que las secuencias halladas por los estudiosos del código no sean tan complejas o tan difíciles de encontrar como se dice.
Historia
Por lo que se sabe, el rabino español del siglo XIII Bachya ben Asher fue el primero en describir una secuencia en la Biblia. Su ejemplo de 4 letras estaba relacionado con el origen tradicional del calendario judío. Durante los siglos siguientes hay algunas insinuaciones de que se conocía la técnica, pero han sido encontrados pocos ejemplos significativos hasta la mitad del siglo XX. Por entonces, el rabino eslovaco Michael Ber Weissmandl encontró muchos ejemplos y se publicaron después de su muerte en 1957 gracias a sus estudiantes. Sin embargo, la práctica permaneció oculta salvo a unos pocos hasta principios de los años 80, cuando los descubrimientos de un profesor israelí de la escuela Avraham Oren llamaron la atención del matemático Eliyahu Rips, de la universidad hebrea de Jerusalén. Rips continuó estudiando el código junto con su compañero de estudios religiosos, Doron Witztum, y otros.
Rips y Witztum crearon el algoritmo de las secuencias (ELS) y se sirvieron de un ordenador para encontrar ejemplos. Alrededor de 1985 decidieron realizar una prueba formal y así nació el experimento de los rabinos. Este experimento probó la hipótesis de que había secuencias donde se encontraban nombres de rabinos famosos cerca de sus fechas de nacimiento y muerte, algo que solo podría ser explicado por una enorme casualidad. La definición de "cerca" es muy relativa, pero se considera que dos secuencias son cercanas si se pueden rodear juntas en un pequeño rectángulo. El resultado sugirió que el fenómeno del código secreto de la Biblia podría ser verdadero.
El experimento de los rabinos examinó varias iteraciones, hasta que fue publicado en 1994 en la revista Statistical Science. Aunque los responsables de la publicación no quedaran convencidos, tampoco encontraron inconveniente en publicarlo. El reportaje fue titulado "el reto de un rompecabezas".
Witztum y Rips también realizaron otros experimentos, la mayor parte de ellos exitosos, aunque ninguno de ellos se publicó. Otro experimento exitoso consistió en emparejar los nombres de los rabinos famosos con sus lugares de procedencia. Esta última experiencia fue llevada a cabo por Harold Gans, un empleado de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de los Estados Unidos.
Los códigos de la Biblia se dieron a conocer al gran público gracias al periodista americano Michael Drosnin, cuyo libro, El código secreto de Biblia (1997) fue un best-seller en muchos países. El éxito más conocido de Drosnin consistió en predecir el asesinato de primer ministro israelí, Isaac Rabin, usando (según él) el código de la Biblia. Los escépticos contradicen esta versión alegando que en la atmósfera política de aquel tiempo, predecir el hecho que Rabin sería asesinado sin más detalles no tiene nada de impresionante. En 2003, Drosnin publicó un segundo libro sobre el mismo tema.
La práctica de los
códigos de la Biblia también
se extiende por
algunos círculos cristianos, sobre todo en Estados Unidos. Los
defensores principales eran Yaakov Rambsel, "un judío mesiánico"
(judío que cree que Jesús era (es) el Mesías)
y Grant Jeffrey. Hacia el año 2000, la mayor parte de libros y
sitios
web de defensores del código eran creados por cristianos.
Realizado por Diego Fernández, Álvaro Manzano, Daniel Sanchéz y Fernando Montes.