Literatura
(Rápida ojeada sobre la historia e índole
de la nuestra. Su estado actual. Su porvenir. Profesión de
fe)
(en
El español, 18 de Enero de 1836)
1. Peculiaridad de nuestra Literatura desde el Renacimiento
La literatura es el termómetro de la civilización de
un pueblo. Repasando la historia de la Literatura española
se puede comprender su peculiaridad así como las dificultades
que ésta ha tenido y tiene para adaptarse al nuevo espíritu
filosófico del siglo.
Los países que aceptaron la Reforma adquirieron antes un espíritu
científico. Francia no adoptó la Reforma, pero no llegó
a rechazarla con tanto fanatismo como España. España,
que acababa de salir de la guerra de siglos con los árabes
vio en el Catolicismo el signo de su lucha pasada y se cerró
a la Reforma. Esto coincidió además con la Conquista
de América, que dio un nuevo sentido a la extensión
del Catolicismo. España se satisfizo con la conquista exterior
y la prefirió a la libertad interior – esto no es de
extrañar si se piensa en que un país tan revolucionario
como Francia acaba de aceptar a Napoleón como emperador-. En
España, la tiranía religiosa se sumó a la tiranía
política (Carlos V y Felipe II) y nos apartamos del espíritu
útil y progresivo que prendió en Europa. En el siglo
de Oro hay muchos poetas, pero pocos “escritores razonados”.
Los historiadores españoles son escasos en esta época:
Solís , Mariana, … y además no fueron muy científicos
en sus apreciaciones. No hacen historia razonada basada en criterios
políticos, sino algo parecido a la novela. En la prosa de ficción
contamos con la mejor obra, El Quijote, pero no deja de ser sólo
una obra; después de Quevedo, en cuya prosa se muestra el ingenio
español, no hay otro fruto.
2. El siglo XVIII etapa de renovación no terminada.
Desde fines del XVIII hay un despertar, producto del reinado de Carlos
III, pero los disturbios políticos sofocaron ese impulso- (guerra
de la Independencia…) -. España muestra un nuevo espíritu
cuando ayuda a los Estados Unidos a liberarse del yugo inglés,
y hay una juventud más reflexiva que las anteriores (la juventud
neoclásica: Cadalso, Jovellanos, Moratín, Cienfuegos…)
Pero se encontraron sin modelos y tuvieron que salvar el vacío,
copiando de lo francés. Adoptaron las ideas francesas pero
conservaron un criterio purista en el uso de la lengua, con lo que
el castellano seguía siendo el del siglo XVI. No se pueden
recibir ideas nuevas con un estilo antiguo.
La nueva realidad y las nuevas ideas exigen un estilo nuevo (No se
puede escribir un artículo de periódico con la lengua
de Cervantes). Sólo se podrían hacer adaptaciones al
castellano en algunos casos. Nuestra lengua no estaba preparada para
las nuevas ideas. Prueba de esto es la inculpación que se ha
hecho a Cienfuegos de haber respetado poco la lengua. La misma nación
francesa se ha visto obligada a enriquecer su lengua con voces de
todo el mundo. Lo que importa es que la palabra adquirida sea útil,
no cuál es su procedencia.
Otra cosa que frenó nuestro adelanto fue que los imitadores
de lo francés fueron pocos. No se trata de hacerles reproches
a estos escritores, sino de defender un sitio propio para la literatura
española. Pero esta imitación de lo francés y
la copia de sus preceptos clásicos han quedado atajados por
las turbulencias políticas.
3. Necesidad de adaptar nuestra literatura a los nuevos tiempos,
y de incorporar sin prejuicios cualquier modelo de progreso.
Y así estamos sin modelos, en un momento en que se proclama
en el mundo la libertad moral y la física. No puede haber una
sin otra. La literatura tendrá que dar cabida a estos derechos
nuevos que se convierten en las verdades del momento. Hace falta una
literatura nueva que se ajuste a la verdad y a la naturaleza. Esta
libertad la reclamamos también para la Literatura a la que
sólo le exigiremos que nos enseñe, que sea la expresión
del progreso humano, que sea útil. El escritor tendrá
que conocer al hombre y cualquier modelo será válido.
(Partiremos de autores de todos los tiempos. -No sólo de los
románticos-) Larra aboga por una literatura profunda, filosófica,
que no sea sólo forma brillante; que enseñe verdades
para poder conocer al hombre como es, que esté al servicio
del progreso intelectual del siglo.
© del texto: Mª Teresa
Cantero Garrido.
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