Historia del Centro Educativo Los comienzos del actual Instituto de Educación Secundaria Gregorio Marañón se remontan al año de 1968, que se creó como Sección Delegada. Un año más tarde se transforma en Instituto Nacional de Enseñanza Media con el nombre de Instituto Mixto Barrio del Pilar. Era su director, por entonces, D. Rafael Hernández Ruiz de Villa y actuaba como secretario, D. Francisco Marcos de Lanuza.
 
     En octubre de 1970, empieza a funcionar el régimen nocturno, "para dar respuesta a una necesidad del Barrio", según se reconoció ya entonces. Fue, durante algunos años, uno de los pocos Institutos de Madrid que ofrecía este tipo de enseñanzas en horario destinado a personas adultas y que continúa en la actualidad.
 
     Este Centro, el más antiguo de la zona, se ha caracterizado siempre por una atención individualizada y, tanto el profesorado como los estudiantes que han pasado por sus aulas, han forjado un clima de respeto y de trabajo que se mantiene hoy..
 
     Tradición y profesionalidad se unen para dar respuesta a las necesidades de formaci
ón personal y académica de sus alumnos.

D. GREGORIO MARAÑÓN

El Instituto lleva el nombre de un insigne endocrinólogo, ensayista y pensador español: Gregorio Marañón (Madrid, 1887-1960). Intelectual comprometido y autor de importantes obras en el campo de la Medicina: "Doctrina de las secreciones internas"; la literatura: "Don Juan"; y la filosofía de la historia: "Enrique IV de Castilla", "Antonio Pérez", "El Greco y Toledo"...

 

    Deseamos que su ejemplo inspire a nuestros profesores y alumnos y que los oriente hacia la investigación científica, la reflexión filosófica y la creación literaria y artística.

 
 
 
     
 

Marañón. Médico, Humanista y Liberal 1887-1960

(Folleto de la Exposición celebrada del 22 de marzo al 6 de junio de 2010 en la Biblioteca nacional de España, organizada por el Ministerio de Cultura).

Gregorio Marañón y Posadillo (1887-1960) es exponente de la mejor tradición liberal española. Entendió el liberalismo como algo más allá de lo estrictamente ideológico, como una pauta de conducta. Imbuido de un profundo humanismo e influido por su propia concepción de la medicina, para él, ser liberal era algo consustancial a la persona. En este sentido, escribió en España fuera de España (1947) que el “sueño de libertad (…) es imprescindible para el bienestar (…), porque está unido al instinto de vivir. Se ama la libertad como se ama y necesita el aire, el pan y el amor”. En el prólogo a sus Ensayos liberales (1947) afirmó: Se es liberal “como se es limpio, como por instinto, nos resistimos a mentir”. Entonces explicó que el liberalismo implicaba, “primero, estar dispuesto a entenderse con el que piensa de otro modo; y segundo, no admitir jamás que el fin justifica los medios, sino que, por el contrario, son los medios los que justifican el fin”.
            Miembro De la conocida como Generación del 14 –aquella cuyo afán fue “la europeización de España”  en palabras de su líder el filósofo José Ortega y Gasset, íntimo amigo de Marañón-, junto a los hombres del 98 y del 27, conformaron la Edad de Plata en España. Así Ramón y Cajal, Unamuno, Baroja, Azorín, Pérez de Ayala, Azaña o Lorca, por citar algunos de los más próximos a Marañón, (…) protagonizaron uno de los momentos más esplendorosos de nuestra historia cultural y científica.
            Marañón cifró su compromiso ético y social a través del ejercicio de la medicina. Su visión humanista según la cual no hay enfermedades sino enfermos, caracterizó su labor docente y clínica. Pionero de la endocrinología en nuestro país, sus descubrimientos sobre las enfermedades infecciosas, la emoción, la diabetes, la obesidad y sus trabajos sobre la biología sexual, entre otros, le otorgaron fama mundial.
            Gran conocedor el hombre, en el campo de la psicología, sus consideraciones sobre procesos psicológicos y psicopatológicos resultaron fundamentales en temas como las edades, el resentimiento, el hambre o la timidez, aspectos a través de los cuales se asomó a la historia. Y así, con un atractivo estilo literario, marañón analizó aspectos fundamentales del comportamiento humano en obras como El Conde-Duque de Olivares, la pasión de mandar (1936) y Antonio Pérez, El hombre, el drama, la época (1947) que han conformado su gran aportación a la historiografía contemporánea española.
            La multitud que despidió en silencio al doctor Marañón al morir, fue la manifestación más evidente de la altísima estimación que la sociedad española tuvo desde muy temprano por este médico. Aquel homenaje ratificaba con exactitud lo que Marañón vino a significar en la historia española; fue al tiempo un médico prestigiosísimo, una personalidad generosa y extraordinaria, un gran intelectual y un excelente historiador y escritor. (…)