XX Aniversario
Estilo: La mujer en el siglo XX
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1900
El siglo XIX languidecía, eran los tiempos de la Belle Epoque y de la opulencia para unos pocos mientras la mayoría vivía en la miseria y la estricta supervivencia, en la mayoría de los casos sin ni tan siquiera tiempo para conocer lo que pasaba en ese otro mundo para ellos inalcanzable. La era victoriano transcurría entre champán y bailes para unos y humo, miseria y enfermedades para otros.
Las mujeres estaban relegadas al trabajo del hogar o, en caso de pertenencia a una familia pudiente, a una vida social superficial. Las humildes trabajaban fuera del hogar, en las minas, en el campo, en la máquina de coser, en las fábricas y en el servicio doméstico, siempre por menos dinero que los hombres y soportando un trato más humillante .Este trabajo era símbolo de desprestigio para ella u para su padre o marido, ya que el proyecto teórico de todo hombre consistía en formar una familia en la que las mujeres no trabajasen para otro hombre. Desde el punto de vista legal, las mujeres eran consideradas apéndices del varón. Si estaban solteras eran responsabilidad del padre o del hermano; si estaban casadas, del marido.
Este situación impulsó, antes de 1914, el movimiento sufragista, precursor del feminismo moderno, en Gran Bretaña y el EEUU. Este movimiento reivindicaba el derecho al voto para las mujeres. El sufragismo prendió entre las mujeres de clase media con cierta preparación cultural y acceso a trabajos del sector servicios. Después de 1918 llegaría el voto para la mujer en varios países, pero la verdadera igualdad estaba todavía lejos..
Nadie habría podido imaginarse la enorme rapidez con que iba a cambiar el rostro de la civilización occidental hasta conseguir que en el s. XX triunfaran costumbres y modos de vida totalmente opuestos a los considerados inamovibles por la conservadora sociedad decimonónica, convencida del infinito progreso material al que llevaría el espectacular desarrollo industrial y financiero.
El avance de las ciencias y el peso de las nuevas ideas fue enorme durante el s. XIX y las teorías liberales y socialistas impulsaron la secularización de la sociedad. Y el final de siglo constituyó una auténtica edad de oro del desarrollo artístico en Europa. El nacimiento del cine en 1895 fue aún más revolucionario para la evolución artística del s. XX. El cine se desrrolló con la industria de hollywood en EEUU y se concibió, en principio, como un entreteimiento de masas sin pretensiones artísticas.
Tecnológicamente el s.XX aporta, tanto a los hombres como a las mujeres, mejor salud y longevidad acrecentada, mayores niveles de educación y nuevos comportamientos, marcados por la urbanización y la multiplicación del consuno de bienes y servicios. Una vida que, en conjunto, a pesar de los defectos y de las desigualdades de las sociedades de consumo, se podría calificar como mejor, como menos consagrada al trabajo y al sacrificio.
Para las mujeres eso se traducirá ante todo en una transformación del trabajo del hogar y del régimen de la maternidad, que disminuye el tiempo requerido para las actividades de reproducción y les permite una mayor participación en la vida social.
La presencia creciente de las mujeres en el mercado de trabajo, así como en el campo cultural y político, provocó la evolución del derecho privado y la mutación de las actividades domésticas, las cuales, a su vez, facilitaron la ampliación de la esfera pública femenina.
Y en el inicio de todos estos cambios, la aparición del cinematógrafo se vio acompañada con la llegada de importantes avances industriales en las artes gráficas gracias a los cuales se podían editar y vender grandes tiradas de libros, revistas y periódicos ilustrados.
En todos los ambientes se percibían las ansias de cambio y el mundo artístico y cultural lo plasmó perfectamente con el Modernismo, cuyo nacimiento coincidió con la llegada del nuevo siglo.
París, Nueva York y Londres eran los centros en esta nueva época de cambios, si bien, la primera década del s.XX seguía perteneciendo a la Belle Epoque.
El concepto de fotografía todavía no se consideraba tan elegante como el del retratismo y en el campo de la moda las revistas del género, sobre todo Vogue, preferían los dibujos que proyectaban una inmensidad de actividades solo mínimamente diferentes.
Las modas eran ultrafemeninas, todo mucho más suelto y más grácil, subiendo todo el atractivo a la cabeza de las mujeres con peinados más sueltos y sombreros muy decorados. La tendencia dominante prefería los estilos con menos rizos muy apretados y con más plenitud. Los peinados opulentos y los inmensos sombreros de la época producían unas cabezas enormes. El estilo Pompadour con grandes ondulaciones requería variables cantidades de cabello postizo y almohadillas de diversos tamaños para soportar el peso y conseguir la altura deseada
Las decoraciones a base de peinetas, broches, flores, diademas y tiaras completaban tan sofisticado tocado.
Este protagonismo del cabello llevó a un aumento en su cuidado, mediante el cepillado y el lavado más frecuente.
Junto a los teatros y salones, los grandes almacenes se convierten en el centro de lucimiento de una clase social que disfruta inconscientemente los últimos días de su relajante y divertida Belle Epoque.
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