- "13, Rue del Percebe" es una macroviñeta que ocupa una página,
dividida a su vez en viñetas no secuenciales, y que muestra en clave de
humor un edificio de apartamentos y la comunidad que lo habita: En este
cómic hay historias variadas sobre el edificio 13 Rue del percebe,Ibáñez
se vio obligado a sustituir el personaje de doctor chiflado ,una especie
de doctor Frankestein que creaba monstruos horripilantes pero que siempre
le salían buenazos, por un sastre desastre que lo horripilante que creaba
eran sus trajes y otras hierbas.(El motivo de la censura fue que solo Dios
podía crear vida). Entre estos dos inquilinos la portera enseñaba el piso
vacío intentando engañar a los posibles compradores con sus supuestas
posibilidades.
En la azotea viven un moroso continuamente acosado por sus acreedores que
se inventa ingeniosas maneras de evitarlos que la mayoría de veces le
funcionan, y, habitualmente, un ratón cruelmente ocurrente que no deja de
torturar a un pobre gato negro.
En el tercer piso encontramos a un patoso ladrón que no parece poder dejar
de robar cosas inútiles y a su fastidiada mujer mientras que el
apartamento contiguo lo ocupan una mujer y sus innumerables hijos
pequeños, incorregiblemente traviesos, que en las primeras entregas tenían
una hermana mayor que luego desapareció.
En el segundo piso habitan una anciana que, eterna amante de los animales,
no deja de cambiar de mascota (normalmente perros pero ha tenido incluso
una ballena) ni de tener los más variados problemas con ellas. En la
puerta de al lado, trabajaba infatigablemente un profesor loco
especializado en crear monstruos, inspirado en Víctor Frankenstein, y que
posteriormente sería sustituido por un desastrado sastre con mucha cara
dura.
En el primer piso moran, a la izquierda un veterinario no muy competente y
a la derecha la mezquina dueña de una pensión continuamente superpoblada.
En la planta baja hallamos la tienda de ultramarinos de Don Senén, un
desconfiado tendero que siempre encuentra modos de engañar a las clientas
con el peso de las patatas y la fruta (aunque a veces le sale el tiro por
la culata) y, al lado, a la cotilla portera de la comunidad de vecinos.
Pero no termina ahí la cosa porque frente a la portería habita Don Hurón,
nada más y nada menos que en una alcantarilla, que posiblemente le fuera
alquilada por la dueña de la pensión, a juzgar por lo que asegura en la
primera entrega de la serie. A menudo aparece comentando sus problemas con
la portera.
El ascensor del edificio, a pesar de ser inerte, es también un personaje
por derecho propio pues, de igual modo, sufre las más variadas peripecias
y fenómenos. Tan pronto no funciona bien como es robado como está en
reparación y es substituido por los más variados métodos alternativos
(como un cañón o un fuelle gigante), o es reemplazado por nuevas versiones
encargadas a los más variopintos constructores (como un fabricante de
juegos de ajedrez o un vidriero).
También hay que poner atención a la araña de la escalera que cada vez se
disfraza de una manera diferente.
Asimismo, a veces aparece por el edificio otro de los personajes de
Ibáñez, el miope Rompetechos.
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