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Estamos
acostumbrados a asociar narrativa y literatura. Después
de un siglo de cine y muchas décadas de televisión, el concepto de
narrativa aún se resiste a relacionarse con la imagen.
Uno de los motivos para
que suceda esto es que la literatura se asocia instintivamente a la
palabra, que fluye en el tiempo y construye de manera natural esquemas
narrativos; la percepción de la imagen, por el contrario, es más
sincrónica e independiente.
A pesar de esto, la
imagen se lleva usando como herramienta narrativa desde la prehistoria,
y posee notables cualidades en este terreno que, en ocasiones, mejoran
de manera apreciable la comunicación visual.
Pero NO debemos limitar
el concepto de narrativa a la imaginación novelística o
cinematográfica. Una
narración es simplemente un cambio en el tiempo,
y puede aplicarse a todo tipo de hechos y fenómenos.
La imagen inferior, por
ejemplo, muestran el resultado (impreso) de las observaciones de Galileo
sobre las lunas de Júpiter, que él llamó "estrellas
mediceas".
Al pulsar sobre la
imagen encontramos una interpretación moderna, más narrativa, del
mismo fenómeno. Comparando ambas puede apreciarse cómo las
observaciones de Galileo contienen ya el ritmo de giro de las lunas; la
representación narrativa explica mejor su fluctuación.
Los hechos vitales y de
la vida cotidiana contienen frecuentemente desarrollos temporales que
pueden explicarse como estructuras narrativas. Así se hace en el
siguiente gráfico del ciclo vital de un insecto.
Abajo, algo más grande
que el ancho de una pantalla normal, podemos ver el magnífico gráfico
de Charles
Joseph Minard
sobre la campaña de Napoleón en Rusia.
Ofrece mucha
información visual intuitiva. Entre otros datos, el ancho de la
línea es proporcional al número de efectivos del ejército. Comparando
la línea rosa y la línea negra, se aprecia la proporción de los
caídos.
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