| Una
persona del mundo occidental recibe varios miles
de mensajes al día, sin que sea muy consciente de ello.
Algunos son tan sencillos como el enviado por un semáforo. Otros tan
complejos como los contenidos de una clase de cálculo diferencial. La
publicidad y el diseño tienen que competir con este laberinto de
comunicación, ya que no disponemos de mucho
tiempo para pensar en propuestas que no nos afectan muy
directamente.
Distinguir,
identificar y comprender con rapidez los mensajes que
recibimos es importante para la salud social y para el bienestar
individual de todos nosotros.

En la imagen superior vemos un diseño
futurista típico. Representa una explosión caótica, casi lo único
que expresaron con eficacia siguiendo las disparatadas normas de
aquellos movimientos irracionalistas.
Si contemplamos con atención, veremos
que lo único que se distingue bien es aquello que contiene un cierto
orden y obedece a patrones estandarizados. Cosas como:
"Guerra a
los amigos de Alemania"
Al pulsar sobre la imagen
aparece un rótulo moderno a mano alzada. En ingles nos informa de que
se ofrecen "clases de volar gratis". Las gotas de sangre
explican y dan sentido al mensaje en pocos segundos.
El orden en la
forma, en la expresión y en los conceptos no significa, necesariamente,
seguir las normas clásicas de una manera aburrida y repetitiva.
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