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Las facultades perceptivas de los seres
humanos son muy amplias. Hacemos cosas muy complejas de manera
extremadamente natural y sencilla. Por ejemplo: distinguimos que un
objeto es un sombrero cuando lo miramos de perfil, desde arriba o de
lado. Se tienen que dar muchas interferencias para que nos confundamos.
En la imagen
superior, una misma persona ha sido retratada tres veces, pero en cierta
manera nos da una imagen única. Eso es un paralelismo: un
enfoque plural y simultáneo de un mismo objeto o fenómeno.
Los
paralelismos son muy útiles en comunicación porque ponen en juego los
principios de semejanza y de significado. Ver algo desde
distintos lados al mismo tiempo, o en diferentes momentos, nos informa
de una manera especial. Como en la imagen superior: el plano de
una ciudad (en verde) se cubre con una gráfico que indica el lugar y la
cantidad de tres tipos de elementos contaminante, en cuatro momentos del
día. Eso nos permite visualizar de una vez toda una jornada, en
relación a tres tipos de contaminantes distintos.
El gráfico superior es un
mapa del tiempo japonés, en el que las islas se representan de perfil.
De esta manera se obtienen cortes a nivel del suelo y en altura. Los
símbolos convencionales rematan el conjunto de paralelismos.
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