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En la infancia aprendemos las letras
una a una, y a leer por sílabas. De esta experiencia nos queda la idea
de que realmente leemos "letras", cuando la realidad es que leemos
palabras o conjuntos de palabras.
De la misma manera interpretamos que
"leer" es un proceso único que se aplica a todo tipo de
soporte en el que haya letras. Y no es cierto.
Leer es un
proceso diferenciado, que distingue con claridad entre
distintos tipos de documentos. No es el mismo acto psicológico, aunque
lo parezca, leer una lista de la compra que una novela.
En la imagen superior encontramos una
secuencia de datos de control para un trabajo médico. Al pulsar
sobre la imagen, vemos una doble página de un libro de poesía.
Nuestra mente no puede trabajar de la misma manera ni con el mismo tipo
de objetivos en ambas situaciones.
Un diseño
puede mostrar al lector cómo quiere ser leído. Y si la
estructura se mantiene, enseñará al público a leerlo siempre de la
misma manera.
En la imagen inferior se anuncia un
producto para excursionistas. Existen textos con mayor y con menor
jerarquía. Esto ofrece un orden de lectura.
Al pulsar sobre la imagen el
anuncio cambia pero la estructura se mantiene. Exactamente igual que en
la maquetación de prensa. La forma de los titulares y sus proporciones
generales no varían de un día para otro.
Por supuesto, no
es necesario que las estructuras se conserven de manera estricta,
pero sí que el diseñador adquiera el hábito
de mostrar al lector cómo quiere que se lean sus mensajes.
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