Educamadrid

I.E.S. RAMIRO DE MAEZTU

Consejería de Educación
Historia del Ramiro

Edificios de los Internados Generalísimo Franco e Hispano-Marroquí

Los antiguos Internados, en la actualidad

Vestíbulo del Internado Hispano-Marroquí

Obra de Bertuchi

LOS INTERNADOS.

El espacio físico.

     Salvando el desnivel que el terreno muestra desde el Paseo de la Castellana hasta la Colina del Viento, donde se habían construido  la Residencia de Estudiantes y el Edificio denominado Transatlántico, era en esta zona donde se iban a realizar ciertos cambios tanto de carácter urbanístico como en algunos de los edificios.

     Sánchez Lozano fue el arquitecto encargado de urbanizar todo este territorio y que en un escalón inferior a él se encontraban vecinos tan ilustres, como eran el Museo de Ciencias Naturales y la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales.

     La Colina del Viento tenía su propia frontera física, era el Canalillo, que la recorría de Norte a Sur y que ha sido y es el lugar que guarda recuerdos imborrables en las mentes de quienes recorrieron sus márgenes o simplemente se dejaron atraer por él.

     Era un espacio cargado de historia cultural y educativa e inmediatamente fue objeto de interés para el Régimen Nacionalista, iniciándose las obras para adaptarle a los nuevos planes que para  él se habían proyectado.

El internado Hispano-Marroquí

     Pronto el edificio del Transatlántico en el que se encontraba, entre otras dependencias, el Laboratorio de D. Santiago Ramón y Cajal, vio cómo se transformaba y convertía en el Internado Hispano-Marroquí. De la misma manera que otra construcción situada en su muro orientado al norte y que había sido utilizado por el Instituto-Escuela, se iba a convertir en la Residencia Generalísimo Franco.

     En ambos casos la función era la misma, servir de alojamiento a alumnos del Instituto cuyos padres, por distintos motivos, no residían en Madrid.

     El Internado Hispano-Marroquí fue el primero que se fundó, era el año 1940. Su primer director fue el Sr. Chacón, pero muy pronto su dirección recayó en D. Antonio Magariños.

     Los cambios que tuvo en su exterior fueron mínimos. Tan sólo conviene señalar la mejora en el medio físico sobre el que se asentaba y los espacios ajardinados que existían entre cada uno de los tramos de escaleras que permitían el acceso a la amplia galería rectangular que se extendía tras su cristalera. Cristalera con amplia tradición mudéjar.  

   En el torreón situado a la izquierda de la galería principal se encontraba la vivienda de D. Antonio Magariños que se comunicaba con ella a través de una puerta. Aunque la vivienda también contaba con una entrada privada y directa hacia el exterior. Esta vivienda tenía una escalera interior a través de la cual se accedía a las habitaciones de la familia y que también tenía comunicación directa con la galería superior donde se encontraban las habitaciones de los internos.

   Además, estaban las habitaciones que ocupaban el Sr. González Brañas, y el Padre Ignacio Isasmendi. Este último era el director espiritual de los internos. En el Espíritu Santo también demostraba ser un virtuoso organista.

   En el otro extremo, a la derecha, se incorporaron elementos arquitectónicos hispano-musulmanes, como era el arco de herradura y lobulado. A través de ellos se accedía a las dependencias que ocupó S. M. Muley el Mehdi y S.A. Muley Ismail.

   Otros hijos de notables marroquíes también residieron en este Internado, conviviendo con los españoles.

    Su interior sí fue necesario adaptarle a la que iba a ser su principal función: internado para alumnos tanto españoles como marroquíes. Estos cambios no afectaron en modo alguno a su estructura externa, como ya se ha señalado. La planta del cuerpo principal era rectangular y a ambos lados quedaba encuadrada por dos construcciones que sobresalen en altura y a manera de torreones, con una clara influencia de la arquitectura mudéjar.

     Se mantuvo la habitación que había sido el Laboratorio de Ramón y Cajal y que se utilizó como  Sala de Estudios. El Comedor también continuó con la misma función, así como en el segundo piso las habitaciones destinadas a los estudiantes. Las habitaciones estaban precedidas de una galería acristalada y todo el conjunto rematado por una amplia cornisa de madera que descansa sobre ménsulas de color verde. Por último, la terraza.

      Ambos torreones estaban cubiertos por tejas de cerámica de tonalidad verdosa. De nuevo era evidente la influencia mudéjar en todo el conjunto, tanto por la utilización del ladrillo en sus exteriores como por la estructura y disposición de sus dos galerías.

     En el Internado Hispano-Marroquí se tuvo especial cuidado en  respetar las obligaciones que los internos musulmanes tenían para cumplir con su religión. Disponían de una sala especial, cubierta por una alfombra, para que pudieran realizar sus oraciones, en ocasiones dirigidas por un imán.

     En el sótano del Internado se habilitó una zona de juegos en la que se instaló una mesa de ping-pon y otra de billar. Había aseos y la vivienda para el subalterno encargado de su vigilancia y mantenimiento, siempre fue Salvador. Al menos hasta el comienzo de la década de los años 60, que fue reemplazado por Ascensión. 



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