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I.E.S. RAMIRO DE MAEZTU

Consejería de Educación
Historia del Ramiro

Pabellón de bachillerato del IE en construcción

Sede del IE en los “Altos del Hipódromo”

Patio de Columnas del edificio de bachillerato del IE

Primer curso del IE en los “Altos del Hipódromo”
La época de la coeducación en el IE
Aula de bachillerato del IE
 

   Los organismos directivos se definieron también y estuvieron formados por el Patronato y el Claustro general de profesores. La administración se llevaba en la Junta Plena Económica, compuesta por los cuatro directores y un profesor representante de cada sección. La Secretaría era conjunta y coordinaba las secretarías de las distintas secciones.

   En el nuevo proyecto educativo, había una serie de modificaciones importantes, pero la gran novedad fue la Sección de Párvulos, estudiada minuciosamente en los tres grados que la formaban, desde el mobiliario al material escolar, a los árboles de los huertos o jardines, con los que se pensaba formar un pequeño jardín botánico, así como la calefacción o la cocina.

   También estaban los juegos, las canciones y recitados, el dibujo y los trabajos manuales, pues todo era objeto de interés para lograr su mejor preparación.

   Pero no fueron los Párvulos la única novedad: para los alumnos de Bachillerato, Oliver Asín organizó una Biblioteca circulante. Los alumnos empezaron a valorar los trabajos realizados en los Ateneos y ayudados por los profesores publicaron una obra conjunta, que llamaron Nuestro Libro.

   Fueron adquiriendo importancia también las actividades deportivas, que se “presentaban” a final de curso en los campos de deportes que se utilizaban conjuntamente con la Residencia de Estudiantes en unas “Olimpiadas” en las que tomaban parte la mayoría de los alumnos para despedir el curso.

   Otro procedimiento pedagógico que empleó con acierto el Instituto-Escuela, fueron las representaciones teatrales, que abarcaron desde el teatro clásico, en piezas breves o Autos Sacramentales, a escenificaciones de romances o cuentos, entre ellos los de Rabindranath Tagore que por esos años tradujo y publicó Zenobia Camprubí.

   Tal vez la representación que más éxito tuvo fue La Pájara Pinta de Alberti que llevaron a cabo los alumnos. Hubo dos representaciones de la obra, una en los campos del propio Instituto y otra pública a la que asistieron autoridades, incluso el Presidente de la República, en el Campo del Moro.

   El Instituto-Escuela, cumpliendo paso a paso el proyecto concebido en 1936 alcanzaba un momento de plenitud y aparentemente sólo faltaba la difícil tarea de continuar la difusión y mantener la actitud de evaluación y estudio continuos. Animaban a ello el número importante de alumnos –sólo en Madrid más de 1600–, el éxito del sistema educativo puesto a prueba en la universidad, a la que habían llegado unos alumnos dotados de espíritu responsable y solidario, con buena base de conocimientos, y con unas capacidades para el trabajo que les daba un estilo propio.

   Esta Institución había conseguido convertirse en el símbolo de Renovación y Libertad.

   Parecía imposible en este momento que la idea casi utópica que se había materializado con tanto esfuerzo y tan brillante resultado pudiera destruirse en un breve espacio de tiempo. Pero la guerra de 1936 que arrasó España también cortó bruscamente la vida del Instituto-Escuela, dispersando a profesores y alumnos.  

   Hasta aquí una aproximación a lo que quiso ser, pero que circunstancias ajenas a quienes Io idearon y pusieron en marcha lo impidieron. En España se abrió una brecha provocada por la incomprensión, odio, violencia, destrucción, sangre y muerte. Sin embargo, este experimento regenerador no fue vano porque en la Colina del Viento o Cerro del Aire, abierta hacia el Guadarrama, unas ilusionadas personalidades, a partir de 1939, quisieron dar luz a la emergente España de la postguerra.

   De nuevo la investigación, cultura y educación se adueñaron de este territorio y ponían en marcha, en la medida que la ideología del momento permitía, muchos de aquellos planteamientos que en el primer tercio del siglo XX tuvieron como meta, desde el lnstituto-Escuela, aplicar una enseñanza renovadora, con carácter participativo para los alumnos, en la relación con la naturaleza, el laicismo y modernización, la coeducación, libertad de cátedra y de investigación.

  Las ideas que impulsó el I-E eran difíciles de desarraigar y en los durísimos años cuarenta de la España del siglo XX, varios de sus profesores, lograron transmitir a sus alumnos muchos de los valores que en él habían conocido y sentido.

   Hay que reconocer también el compromiso de profesores, que de manera individual y aún a riesgo de sufrir sanciones, quisieron y lograron mantener sus valores. Era el exilio interior de muchos profesionales de la enseñanza, que fueron discriminados por motivos ideológicos.

   Todos estos principios han servido y sirven de constante referencia para quienes tienen como meta la formación de los jóvenes que van a ser hombres y mujeres sobre los que se apoya España.



7/20

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