Rayuela
Rayuela es el nombre de un conocido juego infantil, al que posiblemente muchos
habréis jugado alguna vez, sobre todo las chicas, puesto que siempre
ha sido recurso para los ratos de asueto, más femenino que de chicotes.
Posee una simbología mágica, que permite, por una parte, desafiar al destino mediante el lanzamiento de la tángana, esa piedra plana e irregular que ha de caer sobre la zona deseada del tablero y, por otra, demostrar, mediante la habilidad y el equilibrio del jugador, la capacidad para ascender, por la escala del juego, desde LA TIERRA del primer recuadro hasta EL CIELO del último estadio. Es la síntesis del deseo, el esfuerzo, el destino y la recompensa.
Rayuela es también el título de una conocida novela que escribió Julio Cortázar en 1963. En ella compromete al lector con un juego creativo en el que él mismo puede determinar el orden de lectura de los capítulos, y con la que Cortázar se propuso resumir, de forma novelada, los grandes interrogantes que todos los hombres, y particularmente los filósofos, se han planteado a lo largo de los tiempos: la existencia, el caos, el absurdo, la suerte.... Para ello emplea una técnica nueva, con la que consigue, en definitiva, una antinovela, carente de los elementos tradicionales del género: la trama, la intriga, las descripciones, el espacio y el tiempo. Su objetivo es unificar razón e intuición, materia y espíritu, acción y contemplación y lograr así una nueva realidad, según él, más mágica y humana que la que llamamos verdadera.
Rayuela es también el nombre de un juego muy simple, con el que los labradores aliviaban el sopor de las aburridas y festivas tardes de invierno, en numerosas aldeas castellanas. En él cada jugador probaba su suerte y habilidad, lanzando una moneda sobre una raya (“rayuela”) trazada en el suelo, intentando aproximarse a ella más que los restantes competidores.
Por eso nuestro Instituto lleva el nombre Rayuela: por su simbología, por su magia, por su encanto, por su simplicidad y por su belleza.